“Ahora hay que remover la idea de que el receptor resiste, que es totalmente falsa. Yo mismo no resisto a ciertas cosas. Creo que hay que retomar la ofensiva y decir que la libertad de recepción se conquista, igual que la libertad de expresión“. (Armand Mattelart)
Los debates del campo de la comunicación en América Latina
P: ¿Cuáles cree que son los principales debates que recorren el campo de la comunicación hoy en América latina?
R: Creo que las escuelas de ciencias de la comunicación e información han estado demasiado dedicadas a la cuestión de los medios y, en el futuro, vamos a necesitar desarrollar otras tareas para los comunicadores. Eso trae un problema, que es el de la desadecuación de las escuelas de comunicación a los problemas contemporáneos.
El problema de las escuelas de comunicación latinoamericanas es que hacen discursos sobre discursos que, muchas veces, ocultan ignorancia sobre otros campos. Hay una ignorancia incluso de autores citados, como en la manera en cómo se ha interpretado la escuela de Frankfurt, por ejemplo. Yo soy crítico de Frankfurt, pero no puedo aceptar cierto tipo de interpretación de la escuela de Frankfurt, que son un acto antiintelectual, a veces.
Respecto de los nuevos problemas, la cuestión de la ciencia es fundamental. El problema de la mediación de la ciencia (no le digo vulgarización, sino mediación) es esencial.
Hay todo un campo que está desarrollándose sobre:
- Cómo transmitir saberes.
- Cómo aplicar la cuestión del debate de la esfera pública en decisiones comunes, a la manera de Habermas.
- Qué es y cómo se puede definir de otra manera la vulgarización.
Si somos coherentes con la idea de la sociedad del conocimiento, hay que apoderarse de ese campo. Esto es totalmente nuevo. No se trata de periodismo científico, se trata más bien de la reflexión de un comunicador que trata de hacer participar a la gente en el tratamiento de problemas que son oscuros.
Nosotros en Francia también estamos tratando de formar comunicadores en todo lo que se refiere al parapúblico y también a nivel de las organizaciones no gubernamentales (ONG), de quienes hay una demanda muy fuerte. En Francia abordamos muy poco la cuestión de periodismo, aunque terminamos a veces en el periodismo, pero a partir de otras aristas.
Áreas importantes para las currículas actuales
P: ¿Qué áreas que usted estima importantes para el campo de la comunicación merecerían un tratamiento más exhaustivo en las currículas actuales?
R: Yo soy un poco iconoclasta en relación a las formaciones que ofrecen estas facultades o escuelas. Pienso que los mejores estudiantes de comunicación son reclutados de entre aquellos que han tenido ya una experiencia en una disciplina. El gran problema de las ciencias de la comunicación es que es una interdisciplina y muchas veces los estudiantes manejan muy mal este conjunto de materias. Si tienes un historiador, un geógrafo, un economista que realmente ha pensado bien su materia, es formidable. Mis mejores estudiantes son quienes han hecho antes uno o dos años de historia, de geografía, de literatura.
El problema clave de nuestra interdisciplina (al menos en la experiencia que tengo en Francia) es que los estudiantes no conocen las nociones básicas para analizar lo que es una sociedad, una economía. Llegan al final de sus estudios con definiciones muy vagas, incluso de lo que es un estado y su diferencia con el gobierno; la noción misma de sociedad es pobre. Es por eso que entran tan fácilmente después los mitos sobre la sociedad de la información.
Me parece que habría que fortalecer los cursos de nociones básicas en:
- Sociología, que sigue siendo fundamental.
- Antropología, que hoy en día es realmente la puerta hacia todas las derivaciones. Advierte un riesgo con la antropología que ha entrado mucho en las escuelas de comunicación, porque se ha volcado hacia la cotidianeidad de forma instrumental, sin “levantar la nariz”.
- Economía, que es la única manera de entender una economía política de la comunicación.
- Historia, fundamentalmente, porque el mayor defecto de las ciencias de la comunicación y la información es que son presentistas.
Me alejaría de la enseñanza únicamente de la historia de los medios, que no enseña absolutamente nada de la sociedad en la que estaban insertados los sistemas de información. A veces es mejor tener un buen historiador que no enseña sobre los medios de comunicación que alguien que solo lo hace sobre los medios.
Yo doy a mis estudiantes, para que empiecen a entender lo que es la historia, un libro de Braudel que se llama “La dinámica del capitalismo” , porque se entiende bien cómo funcionan los mecanismos de la historia. Lo esencial es que los estudiantes puedan entender qué es la idea de historia ; diría lo mismo de la geografía.
Hay todo un acervo sobre la identidad latinoamericana que no entra en nuestras escuelas de comunicación. Por ejemplo, la Casa de las Américas publicó una colección increíble de autores que han pensado la latinoamericanidad , y es muy interesante leer los textos de José Enrique Rodó , para ver cómo la polémica sobre el positivismo estaba reflejada en la realidad uruguaya, eso es materia fundamental
Cambios en las currículas y el nuevo escenario político
P: El campo de la comunicación ha experimentado un constante proceso de transformación en cuanto a sus debates y formas de abordarlos. ¿En qué medida cree que esos cambios se expresan hoy en las currículas de formación de los comunicólogos?
R: No se trata de tomar textos canónicos, sino de volver a descubrir historiadores latinoamericanos que son fundamentales y que no entran en los cursos. Esto implica una discusión colectiva, una puesta en común de referencias. Insisto siempre en que es fundamental anclar en la preocupación de la información, la comunicación y la cultura, pero creo también que es importante que los estudiantes, cuando hablan de historia, sepan qué es. Eso implica acercarse a otras disciplinas. Por ejemplo, en Francia, un sector que se ocupa mucho de comunicación y está tomando intersticios de las ciencias de la comunicación es la ciencia política. No lo hace la economía, todavía.
P: ¿Qué relación cree que se puede establecer entre el nuevo escenario político y social latinoamericano y la formación de los comunicólogos?
R: En América Latina hay una tradición grande de pensar la intervención crítica desde la comunicación desde una idea de comunicación comunitaria o alternativa. Creo que hoy se está saltando hacia una idea más abarcativa. No se puede sostener la idea de lo comunitario sin ponerla en otro lado. Y para eso es necesario definir realmente los sistemas de comunicación, que van hacia derivaciones tremendas por problemas de concentración y por una lógica comercial totalmente alocada.
Pienso que una de las reivindicaciones básicas que debe sostener el sector de la comunicación alternativa es que forme parte de una reflexión y una propuesta sobre lo público. No podemos seguir pensando a la comunicación alternativa como un sector aparte. Hay que replantear una idea de lo público que incorpore lo macro y todo lo que surge desde una visión crítica, como la de la comunicación comunitaria. Habría que desterrar la idea de que lo alternativo es marginal. Creo que aporta una visión que la gente a lo mejor reclama hoy.
Eso implica reflexionar sobre qué es la profesionalidad en un medio que quiere proponer otra visión del mundo. Sobre todo que en América Latina hay una gran experiencia en ese sentido.
Otro tema que aparece es el planteo del acceso público a la información. Eso está entrando poco a poco en el contexto latinoamericano. Creo que las escuelas de comunicación deberían trabajar más en ese campo para ejercer presiones. Los observatorios públicos pueden ayudar, pero las “sociedades sabias” sobre comunicación son demasiado tímidas al respecto.
Insisto: hay que remover la idea de que el receptor resiste, que es totalmente falsa. La libertad de recepción se conquista, igual que la libertad de expresión.
* Entrevista realizada por Eva Fontdevila, publicada en 20 años de Comunicación, Viejos problemas, nuevas preguntas.
Algunos datos biográficos de Mattelart
Fue profesor de la Universidad Paris VIII, además de uno de los más influyentes y prolíficos intelectuales del campo.
Desde 1963, ya en Chile, comenzó su trabajo como investigador sobre temas vinculados con la comunicación.
Coronó este período con la publicación de Para leer al Pato Donald, junto con Ariel Dorfman.
Obligado a salir del país luego del golpe de estado de Augusto Pinochet, en septiembre de 1973 , continuó sus trabajos en Francia, aunque mantuvo durante todo ese tiempo una fuerte ligazón con la realidad latinoamericana.
En Argentina, su influencia fue decisiva en la revista Comunicación y Cultura, que co-dirigió junto con Héctor Schmucler.