POR EVA FONTDEVILA*
En el año 2004, en la entonces Escuela de Ciencias de la Información de la Universidad Nacional de Córdoba (hoy Facultad), se realizó un evento académico muy importante para problematizar los enfoques y temas de la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información (CMSI), que se había celebrado en Ginebra, Suiza en diciembre de 2003 organizada por Naciones Unidas.
La CMSI era un ámbito global de gobiernos, organismos internacionales, empresas y organizaciones de la sociedad civil que decían abordar los desafíos de la era digital que recién se masificaba. Y desde Córdoba se proponía reflexionar sobre esos temas desde una mirada crítica, centrada en la desigualdad de poder que opera en la lógica de las tecnologías y los medios de comunicación, así como en la comunicación en general. Recuerdo una charla muy puntual donde una panelista, Beatriz Busaniche preguntó al público si alguien sabía qué decía el punto 7 de los términos a los que se adhería al abrir una cuenta de Hotmail. Nadie respondió. Ahí contó de qué modo la corporación se hacía dueña de nuestros datos. Hoy seguimos debatiendo esas cuestiones, aunque posiblemente con mayor grado de resignación.
La carrera de Comunicación de Córdoba tenía entre sus principales referentes a Héctor Schmucler y a Marita Mata, que era la directora en ese momento. Para nosotros, estudiantes de la Universidad de Buenos Aires eran nuestra bibliografía, pero también Marita era una compañera más o menos cercana, cuyos trabajos y posturas tenían que ver con la posibilidad de soñar con cambiar el mundo y que la comunicación fuera parte de esa transformación.
La cuestión es que viajamos con un grupo de compañeros de militancia estudiantil, de la agrupación El Mate, de la facultad de Ciencias Sociales de la UBA y, junto con compañeros de La Arcilla, agrupación cordobesa amiga, que al igual que nosotros constituyó el Espacio nacional de agrupaciones independientes, entrevistamos a Armand Mattelart que había ido a dar una conferencia. También a Marita Mata y a Schmucler.
Nosotros mirábamos a esos grandes con admiración y respeto, tratábamos de leer lo que publicaban y de ser estudiosos; militábamos en política universitaria desde nuestra formación académica. Pero al mismo tiempo, con bastante naturalidad (caradurez, quizás) nos acercábamos a charlar. Entonces le hicimos una entrevista nada menos que a Mattelart, autor de muchas obras pero la más famosa “Para leer al pato Donald”, y la conversación giró en torno a qué debería enseñarse en una carrera de comunicación en el contexto Latinoamericano de entonces, luego de la década del 90 y la crisis social y política del 2001, del desencanto sobre los partidos y estructuras políticas, mientras se desenmascaraban de a poco los medios de comunicación masivos privados, que en realidad eran empresas con intereses económicos y políticos.
Nos preocupaba, como a todo estudiante, el plan de estudio, y sobre todo nos desvelaba pensar si estudiar la carrera nos formaría para ser intelectuales capaces de cambiar el orden injusto. Esa entrevista formó parte de un libro pequeño, titulado 20 años de comunicación “Viejos problemas, nuevas preguntas”. Nuestra carrera cumplía sus primeras dos décadas y queríamos contribuir al debate. Allí hay conversaciones con muchos referentes clave del campo.
Pasaron más de 20 años de esa entrevista, donde recuerdo que lo que más me quedó en al cabeza fue que Mattelart tiró por tierra varios de nuestros prejuicios, al decir que las carreras de Comunicación deberían formarnos en saberes generales que nos dieran elementos para pensar críticamente y no tanto en medios de comunicación. “Creo, entonces, que habría que fortalecer la formación en sociología -que sigue siendo fundamental-, en economía -que es la única manera de entender una economía política de la comunicación- y la historia, fundamentalmente, porque el mayor defecto de las ciencias de la comunicación y la información es que son presentistas.”
Como buen intelectual crítico, propuso cuestionar cierta “moda” con respecto a la valoración del lugar del receptor como autónomo en la comunicación: “Ahora hay que remover la idea de que el receptor resiste, que es totalmente falsa. Yo mismo no resisto a ciertas cosas. Creo que hay que retomar la ofensiva y decir que la libertad de reсерción se conquista, igual que la libertad de expresión.”
Desde unos años más tarde, ya como docente, siempre recurro a sus manuales y textos para seguir pensando la complejidad de nuestro campo. Como este año Mattelart nos dejó, creo que es una buena oportunidad para revisitar las entrevistas y renovar esa actitud de caradurez que nos llevó a sentarnos a charlar con los más grandes para aprender, y no abandonar nunca los sueños.
*Eva Fontdevila es docente de la carrera de Ciencias de la Comunicación en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT y directora del departamento de la mencionada