POR PABLO FUENTES & ESTEFANÍA ALBORNOZ
La narrativa oficial de las plataformas de delivery promete autonomía, flexibilidad y la posibilidad de “ser tu propio jefe”. Pero los datos duros cuentan otra historia: detrás de cada pedido entregado hay un trabajador hiper precarizado, sin derechos laborales y obligado a sostener con su cuerpo —literalmente— un modelo económico pensado para que ganen siempre los mismos.
¿Cómo vive esta realidad un trabajador tucumano?
Más allá de las cifras y los debates legislativos, la vida diaria de quienes trabajan para estas plataformas revela otra dimensión del problema. Por eso incluimos el relato de Joel Romano, un repartidor que trabaja desde 2024 con la app de PedidosYa para conocer cómo se vive desde adentro.
¿Cuántos pedidos hacés por día y cuántas horas necesitás trabajar para llegar a fin de mes?
En promedio hago entre 18 y 25 pedidos por día, dependiendo del clima y la demanda. Para llegar a fin de mes necesito trabajar entre 10 y 12 horas por día, seis días a la semana. Si no hago ese mínimo, el ingreso no alcanza porque las tarifas bajaron mucho.
¿Sentís que tu ingreso depende más del esfuerzo que hacés o de cómo funciona el algoritmo?
Depende muchísimo del algoritmo, no tanto del esfuerzo. Podés estar conectado muchas horas, pero si el algoritmo no te prioriza, no te asigna pedidos. A veces ves que compañeros nuevos reciben más pedidos porque la app los prueba. No es transparente.
¿Alguna vez sentiste que por más que manejes más, no alcanza?
Sí, muchas veces. Sobre todo cuando hay “tarifas base” muy bajas. Podés pedalear o manejar todo el día y no pasar un monto mínimo decente. Hay días que trabajás 8 horas para ganar lo que antes ganabas en 4 o 5.
¿Cuál es el mayor riesgo que enfrentás en la calle? ¿Sufriste algún accidente?
Los mayores riesgos son:
el tránsito (colectivos, autos que no respetan, motos), la inseguridad los robos y la exposición al clima (lluvia, frío extremo, ola de calor).
En mí caso tuve dos accidentes.
¿Qué pasa cuando te enfermás o no podés trabajar?
No cobrás nada, aquí no hay licencias pagas ni reemplazos. Si faltás un día, ese día no ganás. Y encima a veces incluso te bajan la “prioridad” por no conectarte.
¿Las plataformas se hacen responsables cuando tenés un problema, un robo o un accidente?
No. La respuesta casi siempre es que somos “trabajadores independientes”. Lo máximo que hacen es pedir un informe, pero nunca cubren arreglos de bici/moto ni pérdidas por robo. Todo corre por nuestra cuenta.
¿Cómo te afecta físicamente trabajar tantas horas en la calle?
Muchísimo. Dolor de espalda, rodillas, muñecas. Cansancio crónico encima la exposición al clima como venimos teniendo últimamente hace que te enfermes más seguido. En verano es muy duro por el calor; en invierno, por el frío y los días de lluvia ni hablar.
¿La app les entrega mochila y uniforme?
Sí, los entrega la app pero vos te los tenés que pagar, no es gratis, te van descontando. Además, la aplicación no funciona como Uber, no te podés conectar y desconectar cuando quieras, PedidosYa y el algoritmo te asignan turnos.
¿Cómo manejás la inestabilidad de no saber cuánto vas a ganar cada día?
Con ansiedad porque no sabés si ese día vas a llegar al objetivo. A veces tenés que trabajar más horas de las previstas. Uno aprende a vivir “al día”. No podés planificar casi nada.
¿Creés que la reforma va a mejorar algo en tu trabajo o solo formaliza la precariedad?
Depende de cómo se implemente, pero muchas reformas terminan legalizando la precariedad en vez de mejorarla. Si no incluye salario mínimo, obra social, ART y aportes jubilatorios, no sirve. La mayoría de los repartidores cree que solo formaliza lo que ya está mal.
¿Sentís que el Estado te protege o te deja solo frente a la plataforma?
En general nos deja solos. Las apps actúan como si estuvieran por encima de las leyes laborales y eso el Estado no controla demasiado, y cuando hay problemas no hay un organismo que intervenga rápido.
¿Estás en contacto con otros repartidores? ¿Se ayudan entre ustedes?
Sí, hay grupos de Whatsapp en los que estamos muchos y nos sirve para que entre nosotros nos avisamos zonas peligrosas, casas complicadas, promociones, problemas con pedidos. Si a alguien le roban la moto o se cae, los demás ayudan. La solidaridad entre repartidores es lo que sostiene todo.
¿En qué momento de tu vida empezaste a trabajar como repartidor y por qué?
Empecé hace un poco más de un año, en un momento en que estaba sin trabajo fijo. Las apps parecían una salida rápida y sin requisitos así que entré porque necesitaba ingresos urgentes, como muchos. Después es difícil dejarlo, porque no hay alternativas laborales mejores.
¿Qué cambiarías de las apps mañana mismo si pudieras?
Un pago mínimo garantizado por hora. Que las plataformas cubran accidentes y robos.
Un sistema transparente donde podamos saber cómo funciona el algoritmo. Aumentar la tarifa por kilómetro y por tiempo de espera. Que reconozcan derechos laborales básicos: ART, obra social, aportes.
El debate sobre las plataformas suele estar plagado de eufemismos: que la innovación, que la economía colaborativa, que el emprendedurismo. Pero los datos y la experiencia cotidiana de los repartidores dicen otra cosa.

461 pedidos para apenas cubrir la canasta básica
El estudio de la Fundación Encuentro introduce un indicador tan incómodo para las plataformas como revelador para el debate público: el Coeficiente de Alcance del Pedido Promedio (APP). En palabras simples: cuántos pedidos tiene que completar un repartidor para llegar a distintos umbrales económicos.
Los resultados son tan brutales como predecibles:
461 pedidos al mes para alcanzar la Canasta Básica Total.
344 pedidos para llegar al ingreso promedio de la población.
126 pedidos solo para alcanzar el Salario Mínimo Vital y Móvil.
67 pedidos para cubrir la canasta alimentaria.
15 pedidos para pagar el monotributo más barato.
Todo esto suponiendo un valor promedio de $2.553,60 por pedido, calculado en base a Rappi y PedidosYa. Y lo más grave es que ninguno de estos números contempla los costos reales del trabajo. No incluye la moto o la bicicleta, el combustible, los datos móviles, el mantenimiento, los seguros privados, la amortización del vehículo ni el riesgo físico que corre el repartidor cada vez que sale a la calle. Es decir: estos números ya son malos, pero la realidad es peor.
La reforma laboral: un “piso” que sigue siendo subsuelo
Algunos medios —como Infobae— accedieron a un borrador de la reforma laboral que incluye un capítulo dedicado a repartidores y trabajadores de plataformas. Pero más allá de esta propuesta, el modelo que impulsaría la reforma tiene una característica central: mantiene la lógica de trabajadores independientes, es decir, sin derechos básicos de cualquier empleo formal. Muchos de los puntos refuerzan la idea de un trabajador individualizado:
- Seguro por accidentes personales, pero nada cercano a una ART completa.
- Derecho a conectarse o desconectarse como si esa “libertad” protegiera contra la caída de ingresos por no estar disponible todo el día.
- Capacitación gratuita: útil, pero claramente insuficiente.
- Transparencia algorítmica muy limitada, donde las plataformas siguen teniendo el poder unilateral para bloquear, sancionar o invisibilizar trabajadores.
- Propinas para los repartidores: un derecho básico presentado como conquista.
La reforma no garantiza estabilidad, no define ingresos mínimos, no obliga a las plataformas a asumir parte de los costos, ni reconoce la relación laboral encubierta que existe en la práctica. Es, en resumen, un marco regulatorio hecho para las apps, no para quienes ponen el cuerpo.
El trabajador “independiente” es una figura ideal para las plataformas:
— no pagan aportes;
— no pagan licencias;
— no pagan aguinaldo;
— no pagan indemnizaciones;
— no pagan mantenimiento;
— no pagan herramientas de trabajo.
El repartidor paga todo eso. Y además paga el costo más invisible es el riesgo.
Mientras tanto, el algoritmo, que funciona como un jefe silencioso, decide quién gana más, quién gana menos y quién deja de ser rentable. Con un bloqueo de cuenta, un trabajador puede quedarse sin ingresos en segundos, sin mediar explicación ni apelación real. La reforma laboral dice que habría mecanismos para revertir esas decisiones. Habrá que ver si son reales o quedan en la nada.
Si el país no discute seriamente cómo garantizar derechos en la economía de plataformas, vamos a seguir celebrando “flexibilidad” mientras normalizamos la precariedad.