POR HÉCTOR MAURO OLMOS
En un mundo donde las identidades se construyen entre pantallas, viajes, tendencias y consumos, pensar la cultura como algo puro o estable parece cada vez más imposible. Ese es justamente el punto de partida del antropólogo Néstor García Canclini, quien propone el concepto de hibridación cultural para entender cómo se mezclan estilos, prácticas y significados en la vida contemporánea.
Lejos de ver la cultura como un conjunto de tradiciones fijas, Canclini sugiere mirar las ciudades, las redes sociales, las industrias culturales y los consumos cotidianos como espacios donde lo local y lo global conviven, se tensionan y se transforman mutuamente.
La cultura en movimiento : Modernidad, tecnologías y nuevas mezclas
La propuesta metodológica de Canclini invita a observar la cultura desde su dinamismo. Más que dividirla entre “lo tradicional” y “lo moderno”, sugiere analizar cómo ambos mundos se entrecruzan: una artesanía que se viraliza en TikTok, una receta ancestral convertida en producto gourmet o una estética de los años 70 reinventada como tendencia actual.
La globalización, sostiene el autor, aceleró estos cruces. Hoy circulan imágenes, objetos y sentidos a una velocidad inédita, potenciados por las nuevas tecnologías, la digitalización y el crecimiento de las industrias culturales.
En este contexto, las culturas ya no pueden pensarse únicamente como herencias del pasado, sino como procesos donde intervienen las migraciones, la economía, los medios masivos y las plataformas digitales. La modernidad tardía fragmentó las jerarquías culturales tradicionales: lo popular dialoga con lo elitista, lo artesanal con lo industrial, lo local con lo global.
Las nuevas tecnologías profundizan este escenario. Un usuario puede combinar influencers coreanos, prendas latinoamericanas, estéticas europeas y discursos ecológicos en un mismo feed. La cultura circula, se adapta y se reinventa.
De esta manera, si hay un campo donde todo esto se vuelve visible es en la moda, que se convierte en un laboratorio de hibridación. Las tendencias actuales funcionan como una síntesis perfecta de la hibridación cultural que describe Canclini.
Por un lado, reaparecen elementos vintage, que rescatan estilos y prendas de otras décadas. Lo retro, que alguna vez fue descartado, se transforma en un símbolo de autenticidad y memoria cultural.
Al mismo tiempo, crece la presencia de lo ecológico: materiales reciclados, procesos sustentables, diseños artesanales y discursos que promueven el consumo responsable.
Sin embargo, estas búsquedas conviven con la lógica capitalista de la industria global: producción en serie, tendencias fugaces y estrategias comerciales que viajan por redes sociales y pasarelas internacionales en cuestión de horas.
El resultado es un producto cultural híbrido: una prenda que puede mezclar la estética de los 90, fibras orgánicas y una etiqueta de una marca multinacional.
Una nueva forma de pensar la cultura
Para Canclini, estas mezclas no deben verse como pérdidas o “contaminaciones”, sino como procesos creativos que revelan cómo viven, consumen y significan las personas hoy. La hibridación cultural no es una fusión simple, sino una composición compleja donde se superponen tradiciones, tecnologías, mercados e imaginarios.
La moda ,como tantas otras prácticas, muestra que la identidad cultural contemporánea ya no se define por lo que permanece intacto, sino por lo que somos capaces de recombinar.