POR RICARDO BOCOS**
Es así hijo, es así.
Hoy es 24 de marzo y están los que pensaban distinto.
Los que quedaron vivos, los que escaparon,
los que tuvieron fe en que podían sobrevivir al espanto,
los que enfrentaron la muerte con distintas estrategias,
los que sintieron la vida más fuerte que el horror.
La esperanza es que hay sobrevivientes.
Es así hijo, es así.
Aunque ahora sabemos que faltan
aquellos que vivieron las ideas más allá de la vida,
que plantearon una lucha que los borró de la muerte,
una pelea que no necesariamente fue con las armas
porque ellos también lidiaron con el pensamiento, las clases,
los gestos, las firmas, la palabra, los libros,
las Madres, las Abuelas, los Hijos,
el dolor de saber que hasta ese último respiro no había cambios
en una sociedad que los negaba por si algo hubieran hecho…
Es así hijo, es así.
Allá está René Ahualli, que sufrió por saber ciertas sus convicciones,
Marta Rondoleto, aferrada a la vida por su propia familia,
Laura Figueroa, envuelta en el derecho como bandera de justicia,
Liliana Vitar, que vivió el horror siendo casi una niña,
Pancho Viecho, que infructuoso busca los momentos de inocencia,
Carlitos Lescano, con el mensaje de una mano rota,
Gregoria Echetini, que sólo cierra los ojos para ver a sus hijos.
Faltan muchos que no están, hijo mío.
Aunque resisten entre la gente,
hechos pañuelos, pancartas, lágrimas.
Resisten todavía en cientos de fotos,
escritos,
dibujos
o en sus hijos.
Nos recuerdan para siempre este momento.
No dejan que olvidemos para que esto no vuelva a sucedernos.
Es así hijo, es así.
siempre estuvieron aunque hoy no nos digan ¡Presente! al oído,
Reyna de Mitrovich,
Graciela González,
Pirucha Campopiano
y tantos nombres que se escapan de mis ojos por el laberinto de la Historia.
Se escabullen no por falta de memoria sino porque todo se humedece
por el recuerdo, los gritos, los saltos y los bailes,
porque también es momento de música y de danza.
Es ahí donde están los más jóvenes,
los que reclaman el espacio de sus padres,
los que lloraron en el umbral de las casas ya desconocidas,
los que entendieron que no les valía el grito
del por qué no has venido.
Esa agrupación colorida que se ve desde lejos,
esos que vienen alegres entre risas,
que ahora son hombres, mujeres y también árbol
en los que late la vida como molinos de vientos,
los que de niños tejieron de abandono sus cuerpos temblorosos,
pero supieron transformarse en nube para la sequía
y a esa sequía la hicieron fertilidad de búsqueda.
Allá los ves y vienen con sus gritos,
redoblantes
y pintadas.
El amigo Iván Jaeger, con el impulso del viento y de la lluvia,
la Nati Ariñez, penetrando el corazón de la vida,
el Fede Casinelli, escribiendo su presencia en las estaciones,
la Caro Frangoulis, derramando su voz sobre las fuentes,
más y más hijos, con las rocas de la presencia atadas a su pecho.
Todos en sus búsquedas que no son otra que el de la Justicia.
Por todos ellos estamos hijo mío,
porque nos dejaron pese a todo
una manera de sentirnos más seguros,
una manera de dejar de lado el miedo,
una manera de pensar que no murieron
sino que aprendimos a vivir como hoy,
como ahora, que son tiempos mejores,
en los que las calles ya no son cementerios
Y los relojes de la historia aprendieron también
a marcar desde las agujas del recuerdo
para vos,
para mí,
para ellos,
para todos.
*Este poema fue escrito el 24 de marzo de 2012. Fue la primera vez que llevé a mi hijo, Lucio Miguel, a una marcha por Memoria, Verdad y Justicia. Y salió como agua de manantial, porque me explotaba en el alma la necesidad de expresar desde la poesía, tanto dolor, tanto recuerdo, tanta esperanza.**Ricardo Bocos es periodista, docente de periodismo en la carrera de Ciencias de la Comunicación y escritor.