#3J, la deuda que sigue pendiente*

POR MARIANA DE LOS ÁNGELES FLORES 

Argentina es un país que históricamente ha conquistado muchas leyes en materia de género que reconocen y buscan prevenir y erradicar la violencia contra las mujeres. Sin embargo, a pesar de los años, la desigualdad laboral, la feminización de la pobreza, la violencia física, psicológica, simbólica, económica y sexual, siguen siendo parte de lo cotidiano de nuestra sociedad. Cuando las prácticas violentas se siguen reproduciendo, las mujeres nos volvemos más intolerantes a ellas, pero también cuestionamos por qué hasta el día de hoy se siguen perpetuando.

A lo largo de los años, con la llamada “Cuarta Ola del Feminismo” del siglo XXI se puso en debate público las múltiples violencias que sufren las mujeres en distintos ámbitos de la vida, tales como el acoso, el abuso, la brecha de género, la explotación sexual, la “masculinidad hegemónica”, desigualdad en la distribución de tareas del hogar, salud reproductiva, entre muchas otras más. 

El movimiento #Metoo expuso la enorme cantidad de mujeres que sufrieron alguna situación de abuso. Tal fue la magnitud que se podía afirmar que toda mujer vivió alguna vez este tipo de violencia.

Cada vez son más las mujeres capaces de reconocer y señalar el enorme abanico de violencias machistas e incluso esforzarse por no internalizarlas ni minimizarlas.

Sin embargo con los hombres pasa algo distinto, si bien muchos de ellos desaprueban violencias explícitas como el abuso o los asesinatos, no todos reconocen los otros tipos de acciones como violencia, ni son capaces de ver –o cuestionar– en sí mismos actitudes machistas. 

Esta diferencia entre ambos grupos puede verse hoy de manera notable. 

Un informe nacional realizado por la consultora Moiger recopiló percepciones y opiniones de la Generación Z (jóvenes nacidos entre 1995 y 2010) entre las cuales, el 40% de varones consideró que el feminismo promueve el odio hacia el hombre, frente a un 15% de mujeres que creían lo mismo. Un 45% de mujeres admitió tener interés en temas relacionados al feminismo, mientras que un 15% de hombres afirmó este dicho.

El estudio realizado por el Instituto para el Desarrollo Empresarial de la Argentina (IDEA) reveló que un 63% de trabajadores empresariales creen que los hombres tienen mayores oportunidades laborales en comparación con las mujeres, con 8 de cada 10 mujeres de acuerdo con esta afirmación y 4 de cada 10 hombres que reconocen esa desigualdad.

Las estructuras de poder siempre que son cuestionadas generan resistencias. Cuando se pone en tela de juicio la dominación del hombre sobre las mujeres y disidencias, es común que exista un rechazo a la posible pérdida de poder y se generen acciones (incluso violencias) para seguir manteniendo la estructura.

El estudio de Juventud y Violencia de Género del Instituto Nacional de la Juventud de España (2022), menciona que en la actualidad persiste una postura que parte de ‘aceptar la igualdad entre el hombre y la mujer’ pero que termina desacreditando al movimiento feminista sosteniendo que sus objetivos ya han sido alcanzados y ahora solo está en búsqueda de privilegios. Este fenómeno, conocido como posmachismo, es un mecanismo adaptativo en el cual superficialmente se “aceptan” los cambios en materia de igualdad pero en su interior sigue reproduciendo y reforzando la estructura patriarcal haciendo uso de la victimización.

Hay muchos ejemplos de cómo se extiende este dispositivo, tales como influencers que aconsejan a varones sobre “temas de masculinidad”, control sobre la vida monetaria y promueven roles de género, así como un “estilo de vida tradicional”. Pero también existe en prácticas cotidianas que no son revisadas y afectan la vida diaria de las mujeres. 

El término micromachismos fue propuesto por el psicólogo Luis Bonino Méndez en 1991 para designar a gestos, actitudes, comentarios y prejuicios que se presentan en la cotidianeidad de la mujer y representan una situación de inequidad frente al hombre. Muchas de estas prácticas están tan naturalizadas que generalmente no son denunciadas y generan efectos en la salud emocional y el autoestima de las feminidades. El carácter ‘micro’ no define su gravedad sino lo desapercibido que pasa y su capacidad de interiorización.

Estos comportamientos incluyen desde delegar tareas del hogar a las mujeres, opinar sobre el físico de las mujeres, hablar mal y hacer chistes sobre una mujer con otros hombres, cuestionar la posición profesional que ocupa una mujer (relacionado con el mansplaining), hasta la creencia de que una mujer siempre debe estar abierta al ligue. 

No cuestionarse estas prácticas, está muchas veces vinculado con la idea de que ‘ya se ha superado el machismo’; así muchos hombres no son capaces de reconocer su propio machismo y se sigue sosteniendo la estructura de poder que perpetúa la dominación y opresión sobre la mente y cuerpo de las mujeres. 

Las heridas del machismo

Este año se cumplieron 20 años del crímen de Paulina Lebbos, quien era estudiante de Ciencias de la Comunicación en la UNT. El 26 de febrero de 2006 Paulina, de 23 años, fue a bailar con sus amigas, al regreso en un remis dejó a su amiga en casa y se dirigió al domicilio de su novio y padre de su hija, César Soto. Desde ese día estuvo desaparecida y el 11 de marzo su cuerpo fue encontrado al costado de la ruta 341.

En el primer juicio fueron acusados César Soto, por homicidio agravado por alevosía y Sergio Kaleñuk, acusado de encubrimiento. Ninguno de ellos fue condenado debido a la “pérdida de pruebas”. El 6 de mayo de este año ambos acusados fueron absueltos por “falta de pruebas” dejando nuevamente la causa sin culpable.

En el caso estuvieron involucradas figuras como José Alperovich, el jefe de policía de ese entonces, el Secretario de Seguridad, policías, el ex Fiscal Carlos Albaca y todo un dispositivo de poder que actuó indebidamente.

Luego del fallo, Leticia Victoria Nieva, hija de Paulina, escribió en sus redes: “(…) El cuerpo no entiende de eso, el sistema nervioso no archiva. Queda todo. La pregunta, la bronca, la sensación de injusticia que no baja. Queda esa certeza incómoda. No buscaron hasta el final, no investigaron, destrozaron las pruebas y entonces todo vuelve al cuerpo”. “Esta mezcla de enojo y tristeza que no tiene un lugar claro dónde ir. No es solo lo que pasó, es lo que sigue pasando. La vida de una mujer vale menos, su muerte se diluye en expedientes, su historia se fragmenta, se desgasta, se abandona…”.

En el marco de las jornadas por el 3 de junio de Ni Una Menos, le preguntamos a algunas mujeres cómo sienten que se presenta el machismo en la vida diaria y si creen que los varones son conscientes de las estructuras que mantienen la desigualdad de género.

Estas fueron algunas de las respuestas:

1*

— “Hace unos años empezó a problematizarse el machismo manifestado en agresiones físicas y verbales dentro de la pareja, pero hoy entendemos que se produce en todas las esferas de la cotidianeidad”. “Lo más difícil de identificar cómo se presenta y cómo se manifiesta, son los micromachismos, que los tenemos muy arraigados”.

— “Como estudiante percibo que el machismo logra filtrarse dentro de las estructuras académicas.” “…la mujer en la historia debe pelear por su lugar, y su estudio de género”.

— ”Para mí el machismo se nota en las microagresiones del día a día: desde el acoso callejero (“piropos”) hasta el hecho de que a las mujeres se nos exija el doble para demostrar que somos capaces en nuestros trabajos. También en la carga mental de tener que estar siempre atentas a nuestra seguridad”.

— ”Creo que el machismo se presenta en todo, inclusive en acciones y discursos que replicamos las mujeres”. “Puede ser desde lo más fuerte como varones negando violaciones, minimizando situaciones de acoso, acosando, desprestigiando a mujeres por cómo se visten y actúan…”. 

— “Las manifestaciones aparecen diariamente desde lo más mínimo”, “…Aparece desde estructuras de poder más grandes, como un presidente diciendo que continuar utilizando la palabra “femicidio” implicaría darle más importancia a la muerte de una mujer que a la de un hombre”.

2*

— “Creo que los hombres que pueden acceder o que se rodean de personas que traen el debate (del machismo) a la mesa, pueden llegar a ser conscientes que son parte de esa estructura y que son reproductores de la misma”. “Viene siendo una tarea larga de los feminismos intentar instaurar este debate en el día a día porque el hecho de tener conciencia de ser parte no necesariamente implica unas ganas de transformar eso por parte de los varones”.

— “Creo que no son conscientes incluso de la reproducción permanente y naturalizada de las mismas estructuras que los oprimen, ni siquiera cuando las consecuencias se presentan en ámbitos familiares o cuando violan nuestros principios constitucionales”.

— “En general creo que no son conscientes, o que solo lo ven cuando se trata de situaciones extremas de violencia. Las actitudes cotidianas o la desigualdad estructural les cuesta mucho verlas porque, al final del día, son privilegios que les resultan cómodos”.

— “Los hombres no son conscientes de la estructura social machista y patriarcal”, “no consideran que los afecte… eso hace que ellos lo vean como normal. Por eso situaciones como marchas, discusiones o llevar al feminismo ‘a la mesa’ les genera tanto rechazo”.

— “Creo que los hombres sí son conscientes, pero al estar tan insertos en esa estructura desde que son niños se terminan acostumbrando y crecen con ese machismo interiorizado”, “creo que se sienten hasta cómodos en ese privilegio que hace que no se cuestionen sus propias actitudes aunque sepan que están mal”.

No es solo que los hombres “reproduzcan” prácticas machistas, sino que se alimenta un sistema profundamente deshumanizante del que nadie quiere hacerse cargo. Cuando la estructura de poder es injusta, todas las esferas de la vida se ven afectadas y la justicia parece ser inalcanzable.

Si las denuncias y reclamos de las mujeres incomodan es porque intentan desenmascarar la raíz de cada uno de estos actos, raíz que, con el compromiso de todos, se puede destruir para finalmente construir una sociedad más justa, libre y plena.


*La imagen es autoría de Florencia Rojas para la cobertura de Nuevo Trópico en redes

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *