POR MARTÍN MEDINA, CAMILA NARVAJA, GABRIELA SALVATIERRA & FEDERICO LEDESMA
Entre trabajos precarios, exigencias de experiencia y carreras que muchas veces no logran adaptarse a la práctica profesional, estudiantes y graduados describen una inserción laboral marcada por el desgaste, la incertidumbre y la necesidad de empezar a trabajar incluso antes de recibirse.
Terminar una carrera universitaria ya no garantiza conseguir trabajo. Para muchos jóvenes el ingreso al mundo laboral aparece atravesado por una contradicción cada vez más común: el mercado exige experiencia incluso a quienes todavía están estudiando, mientras las universidades continúan priorizando una formación principalmente teórica.
En ese contexto, trabajar mientras se cursa dejó de ser una excepción para convertirse en una necesidad. Algunos lo hacen por motivos económicos; otros, por la urgencia de sumar experiencia antes de recibirse y no quedar afuera de un mundo laboral cada vez más competitivo.
El problema no es aislado. Según datos del INDEC, los jóvenes continúan siendo uno de los sectores más afectados por el desempleo y la informalidad laboral en Argentina. Distintos informes sobre empleo juvenil advierten que gran parte de quienes trabajan lo hacen en condiciones precarias o sin estabilidad.
Paula Barrionuevo, estudiante de Comunicación en la UNT. Tiene 22 años y, mientras cursa la carrera, trabaja como diseñadora gráfica en una agencia, produce un podcast, colabora en un medio digital y además consiguió una ayudantía en la facultad. “Tengo días muy cargados. Trabajo desde la facultad o desde el colectivo para llegar con todo. Siempre me siento un poco al límite”.
Su rutina refleja una realidad que se repite entre muchos estudiantes universitarios: la necesidad de acumular experiencia laboral incluso antes de terminar la carrera. “La facultad me dio una base teórica, pero el oficio lo aprendí sobre la marcha”.
La experiencia como requisito
La mayoría coincide en algo: uno de los principales obstáculos para insertarse laboralmente es la falta de experiencia práctica.
Antonella Motta Cordomí se recibió de Contadora Pública en la Facultad de Ciencias Económicas de la UNT. Sin embargo, empezó a trabajar antes de terminar la carrera gracias a una pasantía difundida por una profesora. “Obviamente ya tenía la teoría y la base, pero nunca la había visto puesta en acción”.
Aunque valora su formación académica, reconoce una distancia importante entre la facultad y el trabajo cotidiano. “En la materia impositiva nos enseñan a hacer un papel de trabajo paso a paso, pero en la realidad eso ya está cargado en aplicativos. Falta que nos enseñen cómo se hace en la vida real”.
La misma sensación aparece en otras carreras. Una estudiante de Administración de Empresas de 25 años, que actualmente trabaja en el área de compras de un sanatorio mientras estudia, asegura que el trabajo le permitió aprender cuestiones que la facultad no le enseña. “La facultad solo brinda lo teórico. El aprendizaje práctico te lo da el trabajo”
Sin embargo, combinar ambas exigencias no resulta sencillo. “Es muy difícil organizarte entre la facultad y el trabajo, más cuando las materias demandan mucho tiempo. Siempre estás al límite”
Trabajar mientras se estudia: agotamiento y adaptación
Para muchos estudiantes, trabajar no responde únicamente a la necesidad económica. También aparece como una forma de adquirir herramientas, experiencia o independencia.
Josefina Salvatierra, estudiante avanzada del Profesorado de Educación Inicial en la Escuela y Liceo Vocacional Sarmiento de la UNT, comenzó a trabajar como niñera mientras cursaba la carrera. “Fue bastante desgastante y abrumador. Sentía que no tenía tiempo para nada. Te olvidás hasta de comer para priorizar el trabajo y el estudio”.
Aun así, considera que la experiencia le permitió incorporar aprendizajes que no encontró en los primeros años de la carrera. Cuando trabajó con un niño con discapacidad descubrió formas de comunicación y dinámicas cotidianas que la carrera abordaba de manera más general. “Cada niño es distinto y eso te da experiencia para el futuro”.
Matías, un estudiante de Medicina, atravesó algo similar. Empezó a trabajar en un gimnasio cuando una materia correlativa le impedía cursar. Aunque el trabajo no estaba relacionado con la salud, asegura que le aportó herramientas humanas importantes. “Aprendí mucho sobre el trato con las personas y eso también sirve para Medicina”.
Con el tiempo, las responsabilidades crecieron y el trabajo empezó a afectar sus estudios. “Volvía muy cansado y tenía que estudiar entre turnos”. Finalmente dejó el gimnasio para priorizar la facultad.
Hoy, una de sus principales preocupaciones sobre el futuro laboral está vinculada a las condiciones de trabajo en el sector de la salud. “Me preocupa el horario laboral, el maltrato al personal de salud y los sueldos que tampoco son óptimos”.
La universidad y el choque con la realidad laboral
Más allá de las diferencias entre carreras, las críticas hacia la formación universitaria se repiten: muchos estudiantes sienten que las facultades siguen enfocadas en lo teórico mientras el mercado exige herramientas concretas, manejo tecnológico y experiencia profesional.
Florencia, diseñadora de interiores, recibida en diciembre de 2025 en la Facultad de Artes de la UNT, consiguió sus primeros trabajos gracias a contactos personales. “Me contrataron porque me conocían. Ni siquiera tenía redes sociales profesionales”
Cuando apareció su primer cliente, tuvo que improvisar presupuestos, plantillas y formas de ofrecer sus servicios. “La facultad no te prepara para venderte profesionalmente”.
También cuestiona la falta de actualización tecnológica dentro de la carrera. “Hoy todos los trabajos se presentan por computadora y la facultad prácticamente no enseña software. Eso lo aprendés por afuera”.
La crítica aparece incluso en carreras donde la inserción laboral suele estar más estructurada. Naomi Ledesma, profesora de Lengua y Literatura recibida en 2019, tardó cinco años en acceder a un cargo docente. “Hay muchas cosas que se aprenden en la práctica del día a día”. Además, cuestiona las dificultades para acceder al trabajo incluso después de recibirse: “Cambiaría la forma en la que podamos acceder al trabajo con la carrera”.
Un mercado laboral atravesado por la incertidumbre
La preocupación por el futuro aparece especialmente entre quienes todavía estudian. Un estudiante de Abogacía de 24 años imagina su primer trabajo “en un estudio jurídico organizando expedientes y ayudando a abogados más experimentados”, aunque reconoce que insertarse laboralmente será complicado.
“Hay muchos abogados en Tucumán y eso no ayuda”. También expresa preocupación por el maltrato laboral: “Es algo muy común”.
El licenciado en Ciencias Biológicas, Braian Perez, quien logró insertarse como becario doctoral del CONICET tras recibirse en 2025, reconoce que su formación académica fue sólida para el trabajo científico. “Gran parte de mi formación se basó en integrarme a proyectos orientados a resolver problemáticas e investigar“. Sin embargo, también cree que faltan más oportunidades vinculadas al sector privado. “Sería importante ampliar el panorama y las opciones para los alumnos”.
“El título ya no garantiza trabajo”
Aunque la mayoría sigue considerando que estudiar es importante, en casi todos los testimonios aparece una idea compartida: el título universitario ya no ofrece la seguridad laboral que representaba años atrás.
“Creo que cada vez se está devaluando más el título universitario”, reflexiona Josefina.
Paula, en cambio, lo resume desde otro lugar: “Podés estudiar y conseguir trabajo, como podés estudiar y no conseguirlo. También hay gente que no estudia y trabaja. Todo depende de lo que necesite el mercado”.
En un contexto económico atravesado por la precarización laboral, los salarios bajos y la incertidumbre, los jóvenes construyen sus trayectorias entre el esfuerzo académico y la necesidad de adquirir experiencia cuanto antes.
La universidad continúa siendo un espacio central de formación y movilidad social, pero los testimonios reflejan una transformación profunda: hoy, recibirse ya no representa el final del camino, sino apenas el comienzo de una búsqueda mucho más compleja.