POR ANA LAURA RACEDO
El pasado 5 de junio, el Mercado Cultural de Monteros se transformó en el escenario de un cruce histórico y estético: la inauguración de El Maestro y el Poeta, una muestra del muralista César Carrizo dedicada a dos gigantes de la cultura monteriza: Isauro Arancibia* y Manuel Aldonate**.
La propuesta se presenta como una declaración de principios sobre la identidad local. Más que un espacio expositivo, el Mercado Cultural se convierte en un territorio de transmisión de memoria.
Según cuenta el propio Carrizo, la idea empezó cuando el legislador Francisco “Pancho” Serra vio los adelantos de una historieta sobre Arancibia que el artista estaba dibujando para el gremio docente ATEP. A partir de allí se empezó a gestar lo que terminó siendo una verdadera puesta en escena comunitaria, que funcionó además como antesala de la obra teatral “Los intérpretes”.
Pero el cruce entre Isauro y Manuel en un mismo espacio responde a un viejo deseo compartido con otro referente local: “Reúno a Arancibia y Aldonate porque es una de las tantas ideas que tuvimos con el artista Cuqui Molina, hace muchos años, cuando proyectamos hacer un Libro de historietas monterizas. Me imaginé a estas personalidades sentadas en la plaza, contando historias, como espíritus eternos.”
Carrizo logra sintetizar la pasión que ambos compartían por la educación, la cultura y, fundamentalmente, la “defensa irrestricta de los desposeídos”. Son dos trayectorias de vida que se muestran en su compromiso social y que hoy vuelven a dialogar de cara a la comunidad.
Detrás de las seis obras que componen la muestra, hay un trabajo de investigación que implicó analizar archivos, leer libros, revisar documentales y rescatar testimonios orales de quienes conocieron a Isauro y a Manuel.
Sin embargo, el verdadero desafío fue temporal: plasmar una densidad conceptual tremenda, llena de texturas y detalles, en un tiempo récord. Y acá es donde aparece una de las marcas más potentes de la cultura monteriza: la construcción comunitaria. Carrizo no estuvo solo, la muestra se concretó gracias a la colaboración de artistas locales como Fátima Leal, Adrián Sosa y el propio Cuqui Molina. El arte, cuando es público, se gestiona colectivamente.
Ahora bien, ¿qué nos pasa a los jóvenes cuando nos encontramos con estas obras en lo cotidiano? Las nuevas generaciones habitamos un presente hiperconectado y a veces, desanclado de nuestras raíces. Por eso, que esta serie de pinturas ocupe el Mercado Cultural, un espacio histórico recuperado gracias a políticas públicas concretas, es clave. No se trata de un museo estático al que se va a hacer silencio, se trata de un lugar de tránsito, de encuentro diario.
“El Arte público en sus pinturas y murales invitan al rescate de la Memoria de quienes construyeron nuestra Historia como Pueblo, para conocer las ideas y el sentir de quienes nos precedieron. No se puede defender lo que no se conoce.” señala César.
Mientras más arriesgada sea la apuesta visual, más puentes se tienden con los jóvenes que quizás no sabían la inmensidad de la historia que cargan sus propias calles.
Frente a los discursos que intentan imponer el olvido como norma, el arte público en Monteros funciona como una trinchera de sentido. Esta muestra es, ante todo, un acto de gratitud colectiva y un faro que nos recuerda que la memoria no es un archivo muerto, sino una herramienta para inventar el futuro.
*Isauro Arancibia fue un maestro y dirigente sindical Monterizo. Siendo uno de los fundadores de la Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina, fue asesinado la madrugada del 24 de marzo de 1976 en el inicio del último golpe de estado.
**Manuel Aldonate fue un poeta oriundo de Juan Bautista Alberdi, que creció y vivió casi toda su vida en Monteros. Fue reconocido por denunciar las condiciones de los obreros del ingenio azucarero en sus poesías. Además, creo ferias, festivales y encuentros culturales en la ciudad.