Lo que Euphoria muestra e incomoda

POR ROCÍO BORRÁS

Euphoria (2019 es una serie de televisión de la plataforma HBO Max, creada por Sam Levinson y protagonizada por la actriz Zendaya (Rue), Sydney Sweeney (Cassie), Alexa Demie (Maddie) y Jacob Elordi (Nate).

En sus inicios, la trama se centraba en la vida de un grupo de estudiantes de secundaria en Los Ángeles, explorando de manera profunda temas complejos como el abuso de sustancias, las relaciones sexoafectivas y la salud mental. 

Sin embargo, desde su última temporada (2022) la historia avanzó y la premisa se transformó completamente. En su tercera temporada, la serie da un salto temporal de cuatro años y experimenta un cambio drástico en su estructura narrativa, abandonando el entorno escolar para enfocarse en temáticas mucho más oscuras y adultas, como el narcotrafico, las redes sociales y la cultura “influencer” y la capitalización del cuerpo y trabajo sexual. 

Un punto muy controvertido de la tercera temporada de Euphoria es que casi todos los personajes femeninos, así como los eventos de la trama en sí, están demasiado ligados a una espectacularización del trabajo sexual. Desde Rue actuando como madame para las strippers en Alamo, hasta Jules convirtiéndose en escort y siendo mantenida, pasando por Cassie que quiere lanzar una carrera en OnlyFans y, finalmente, Maddie que actúa como gerente y administradora de redes sociales para esta última. Además de las protagonistas, también hemos visto las trágicas y devastadoras historias de Angel y Kitty, dos de las chicas pertenecientes al proxeneta Álamo que encuentran un triste destino. 

En las redes sociales, muchos se mostraron, con razón, consternados por las escenas y el contenido que abordaban este tema, acusando a Sam Levinson de glorificar la explotación y la trata de personas. Pero, ¿cuál es el contexto?

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¿Por qué Sam Levinson está obsesionado con escenas grotescas?

El primer tema a tratar es el más general: ¿por qué en Euphoria, y especialmente en la tercera temporada, hay tanta sobreabundancia de sexo, explotación y trata de personas, cuerpos femeninos expuestos, etc.? Dado que las mujeres de Euphoria también tienen otros trabajos, y dado que la serie tiene una lista de problemas de tono y guion, es evidente que con esta temporada Sam Levinson utiliza situaciones extremas, como el trabajo sexual forzado, la trata de personas, torturas y baños de sangre absolutamente grotescos, como una herramienta narrativa para exponer el sórdido submundo de la cultura de las celebridades en Los Ángeles y criticar a una sociedad codiciosa e hipersexualizada. La serie busca funcionar como una “sátira camp” de un mundo superficial donde los personajes hacen pactos con el diablo, sin saberlo, para sobrevivir o alcanzar la fama.

Algunos usuarios en redes sociales defienden algunas de estas decisiones argumentando que sirven para mostrar realidades crudas, como el verdadero costo del trabajo sexual. Demuestran que “no es plata fácil” y que hay un costo devastador, por lo que estas escenas no deberían ser agradables de ver para nadie.

A pesar de estas justificaciones, otro grupo de usuarios  señalan que el creador de la serie tiende a abusar de esta herramienta, saturando la serie de elementos hipersexualizados y momentos excesivamente perturbadores. Esta sobreabundancia (como ver a Jules empaquetada en plástico como una escultura viviente o el uso de violencia explícita) hace que muchos espectadores sientan que el director cruza la línea hacia la espectacularización innecesaria del sufrimiento y la explotación.

El tema de onlyfans 

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En los primeros episodios, el personaje de Cassie inicia una carrera en OnlyFans, debido a los graves problemas financieros y las deudas millonarias de Nate, Cassie ve frustrado su anhelo de tener una boda y una vida de ensueño, lo que la empuja a tomar la decisión de abrirse una cuenta para conseguir dinero rápido, convirtiéndose en la protagonista de una serie de juegos de rol que la propia serie describe abiertamente como humillantes .

 A pesar de esto, Cassie defiende su elección ante las críticas de Nate y su cuñada, argumentando de forma clara que OnlyFans es un trabajo real, con un mercado establecido, que es distinto a la prostitución y que, en muchos casos, ni siquiera requiere tener relaciones sexuales explícitas. Por un lado, las críticas de Maddie hacia Cassie dejan claro que esta actividad es más compleja ya que ella asume el papel de mánager y gestora de redes sociales de Cassie, capitalizando la imagen y el cuerpo de su amiga. Para lograr notoriedad, Maddie incluso empuja a Cassie a exponerse a situaciones de riesgo, como ir a fiestas de influencers para llamar la atención y ganar seguidores. 

La trama de OnlyFans sirve narrativamente para establecer un contraste: compara a una chica de clase media que se lucra “vendiendo” su cuerpo desde una posición de privilegio, con la cruda y trágica realidad de las prostitutas físicas en la serie (como Kitty), quienes enfrentan situaciones de violencia, explotación y falta de control

“La escena” en el club de striptease. 

En el cuarto episodio aparece Kitty , quien, además de ser bailarina exótica, ejerce la prostitución en el sentido más literal del término. Como prueba para ser contratada por Alamo, Kitty debe ofrecer sus servicios a un grupo de hombres ebrios de champán y se droga con ketamina para insensibilizarse. Desafortunadamente, la ketamina en cuestión es falsa, cortesía de Rue, y la joven se ve obligada a afrontar la situación con total lucidez, sufriendo un gran shock. Cuando Rue le pregunta si alguien la obliga a hacer ese trabajo, ella responde evasivamente y el episodio da un giro inesperado a la trama.

La función de esa escena, que sin embargo no se detiene más de lo necesario en los detalles sexuales, es sin duda impactante. Pero este impacto sirve como un momento de desarrollo del personaje de Rue, a quien Alamo le ha pedido que observe la escena a través de las cámaras de circuito cerrado y que sale horrorizada por lo que ve. Por lo tanto, sería erróneo decir que la escena exalta este tipo de situaciones cuando, en cambio, las presenta como claramente trágicas. Es notable que, en el montaje de la escena, la sensación de degradación involucra quizás más a los hombres mismos que al personaje de Kitty, quien, en cambio, se muestra como una figura con la que empatizar y con la que, de hecho, Rue empatiza de inmediato.

Y el hecho de que el club Silver Slipper de Alamo sea un verdadero infierno para las mujeres no es ningún secreto. Gran parte de la trama de esta temporada gira en torno al destino de una de las jóvenes de Alamo, Angel , quien es “llevada a rehabilitación” cuando se vuelve problemática. Es la propia Rue quien la lleva a un lugar que claramente no es un centro de rehabilitación, donde no está claro cuál será el destino de la mujer, aunque sí está claro que será un destino muy trágico.

Una serie imperfecta 

La tercera temporada de Euforia es considerada una serie imperfecta e incluso ha sido catalogada como un “fracaso crítico” (con una puntuación de apenas un 42% en Rotten Tomatoes) debido a varios factores ya señalados.

Además, la temporada actual da la sensación de ser dos series al mismo tiempo. Por un lado, está el mundo criminal y del narcotráfico de Rue con la DEA (que se siente casi como el videojuego GTA), y por el otro, la trama de Cassie y Maddie persiguiendo el éxito en redes sociales y OnlyFans. Estas tramas corren por caminos separados y se sienten desenganchadas, lo que hace sentir que a la historia de las otras chicas le falta un ingrediente muy importante que es Rue.

Como habíamos mencionado, el creador Sam Levinson sobreutiliza las escenas hipersexualizadas, la violencia extrema y el sufrimiento. Aunque busca hacer una crítica a la sociedad o mostrar realidades crudas, el abuso de esta herramienta genera rechazo en gran parte del público, quienes sienten que es innecesario o que raya en la espectacularización de la explotación.

Quizás el problema más grande de Euforia no sea solamente lo que muestra, sino lo que puede llegar a normalizar y su capacidad de reflejar discusiones qué también atraviesan la realidad local. En una provincia como Tucumán, la hipersexualización merece ser mirada desde la integralidad de la persona y siendo conscientes que la violencia detrás de esos mecanismos tienen nombres, familias e historias que interpelan.

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