POR MILAGROS PEREYRA & IGNACIO ORTIZ
Risa y la cabina del viento (Argentina/2025). Dirección: Juan Cabral. Elenco: Elena Romero, Diego Peretti, Cazzu, Joaquín Furriel, Gustavo Garzón, Silvina Sabater y Fabián Casas. Guión: Pablo Minces y Juan Cabral. Fotografía: Leandro Filloy. Edición: Emiliano Fardaus. Música: Diego Tuñón y Babasónicos. Distribuidora: Digicine. Compañías: Lab House, Industria del Milagro. Género: Drama. Fantástico
“Risa y la cabina del viento” cuenta la historia de una niña de diez años llamada Risa que vive en un pueblo de Ushuaia y durante vacaciones su madre la deja al cuidado de un vecino, Esteban.
Muchos años antes, el pueblo sufrió un incendio donde muchos habitantes perdieron la vida, entre ellos, el padre de Risa. Los habitantes utilizan una cabina telefónica fuera de servicio intentando conversar, a modo de terapia, con sus difuntos seres queridos. Pero una noche, Risa escucha el teléfono y, cuando atiende, comienza a hablar con los espíritus de esas personas fallecidas. Ella les propone un trato: ellos van a contactar con su padre si ella los ayuda con sus asuntos pendientes.
A lo largo de la película, Risa ayuda a los vivos a completar sus duelos mientras busca respuestas sobre la identidad de su padre. Convirtiéndose así en una intermediaria para sanar un trauma colectivo junto a su niñero y su hámster, Kuro. Por ejemplo, Esteban perdió a su hijo en el incendio. Entonces él comienza a curar sus heridas al cuidar de Risa y ayudarla en su misión. Esta es justamente la parte más importante del metraje, porque es donde el espectador puede vincularlo con nuestra vida cotidiana. Porque cuando se deja a un lado los elementos fantásticos, Risa es una historia sobre el duelo.
Juan Cabral decide que esta película no va a tratar específicamente sobre problemas medioambientales, pese a que la coyuntura argentina sea la más propicia (la ley de Glaciares, esporádicos incendios forestales), sino del impacto que tiene en nuestra sociedad el trauma generacional. Puede entonces compararse con muchas otras heridas inconclusas de nuestra historia: como la dictadura militar o la pandemia del coronavirus. El pueblo de Risa, debido al trauma se encuentra paralizado en el tiempo, incapaces de seguir para adelante, estancados. Como la propia protagonista preguntándose siempre por su padre, imposibilitada de superar su ausencia. De esta manera, mientras ella exorciza las penas pasadas del pueblo, que permite que este crezca, en paralelo ella misma lo hace a medida que va descubriendo su propio pasado.
Otro acierto de la película es su aproximación al género fantástico. Esa capacidad de Risa de escuchar a los espíritus permite que la historia se desarrolle y que descubra secretos sobre su padre. Esta magia que aparece en la película se refuerza a partir de su acabado visual que separa al espectador de la idea de cómo se ve el realismo; y también con su apartado sonoro que enfatiza ciertos sonidos sobrenaturales para generar sensaciones como terror o cercanía.
No obstante, la subtrama de la madre de Risa, interpretada por Cazzu, no termina de encajar bien en la película. Aunque actúa bien su papel, los aportes que hace a la historia se sienten forzados, tanto vinculados con el padre de Risa, como en otras escenas. Esto puede molestar al espectador porque al final el papel que interpreta Cazzu no es tan importante como se promocionaba.
“Risa y la cabina del viento” es una película nacional diferente a muchas otras, no sólo porque trabaja con un género como el fantástico; sino también porque se construye a partir del punto de vista de una niña. Esto amplía mucho más el público que puede verla y disfrutarla: no es sólo una reflexión sobre el trauma para los adultos, sino también sobre valores como la amistad y la valentía para las infancias.