Keiko Fujimori y Roberto Sánchez pasan a segunda vuelta

POR JOSÉ MARÍA RODRÍGUEZ ARIAS* I Desde España para Nuevo Trópico

El 12 de abril se celebraron las elecciones generales en Perú, en esas elecciones se elegía a la presidencia (con dos vicepresidencias), a las y los miembros que Perú manda al Parlamento Andino y a las personas que ocuparán las curules del Senado (60 integrantes elegidos en dos elecciones distintas, un distrito único y un distrito múltiple) y la Cámara de Diputados (130 curules en una elección en distrito múltiple). El 17 de mayo de 2026, más de un mes después de las elecciones, se proclamarán los resultados oficiales de las presidenciales (ojo, no del resto de elecciones) para preparar lo que será la segunda vuelta electoral, en tanto que ninguna candidatura ha superado el 50 % de los votos válidos (en Perú solo son válidos los votos a partidos, no cuentan los votos en blanco ni, evidentemente, los nulos). Keiko Sofía Fujimori Higuchi, líder de Fuerza Popular, ganó las elecciones con casi 2,88 millones de votos, el 14,27 % de los votos emitidos (17,18 % de los válidos), seguida de Roberto Helbert Sánchez Palomino, de Juntos por el Perú y congresista de la legislatura que culmina este 28 de julio, que ha conseguido casi 2,02 millones de votos (9,99 % de los votos emitidos, 12,03 % de los votos válidos).

Las elecciones no han estado exentas de problemas, de posibles casos de corrupción en la contratación de las empresas logísticas (esta parece ser que está en el origen de los problemas logísticos básicos) y de improvisación, en unas elecciones especialmente complejas, donde el país volvía a votar un parlamento bicameral (durante 30 años hemos tenido solo una cámara), donde la dispersión de voto es una realidad elección tras elección y todo aderezado en una cédula de votación enorme y rodeado de problemas logísticos que hicieron, incluso, que el 13 de abril se votara en varios distritos de la capital, Lima.

Treinta y seis candidaturas luchaban por la presidencia, durante la campaña, uno de los candidatos falleció en accidente de tráfico y quedaron 35 competidores (no, el partido no podía sustituir a su candidato; en la cédula siguió apareciendo el PTE, aunque esos votos no se toman en cuenta). De esos partidos, casi todos inscritos en los últimos años (en Perú rige un sistema donde se cancela la inscripción de los partidos que no consiguen autoridades, lo cual obliga a reinscribirse constantemente a las formaciones políticas).

Rafael Bernardo López Aliaga Cazorla de Renovación Popular ha quedado en tercer puesto, a muy pocos votos de Roberto Sánchez (ha conseguido 1,99 millones de votos, esto es, la diferencia apenas supera los 21 mil votos en un país con más de 27 millones de personas con derecho a voto). López Aliaga, desde el mismo domingo electoral, está abanderando la denuncia del «fraude»; ya lo hizo en las elecciones de 2021 (donde quedó tercero también). Los argumentos que ha ido dando, contradictorios entre sí, eran incapaces de señalar quién quería hacer fraude y para favorecer a quién, cargaba contra la izquierda pero la realidad es que ha ganado, y con sobra, una formación de derechas (¡vaya fraude más bobo!), formación que pasa como primera a segunda vuelta y que previsiblemente será la primera mayoría en las dos cámaras y con buena diferencia frente al resto. El abogado de RP llegó a acusar a George Soros y al Foro de São Paulo de estar detrás de un fraude perpetrado desde hace más de cinco años con acusaciones infundadas e invenciones absurdas, donde el clasismo se juntaba con el racismo para querer anular las actas de las mesas de los centros poblados, las que consideran altamente irregulares (estas mesas se llevan poniendo desde el 2005, pero deben haberlas descubierto recién).

Ninguna de las organizaciones internacionales que han estado de observadoras en Perú ha siquiera insinuado la posibilidad de fraude. Sí, hay cosas que se han hecho muy mal, quien fuera dirigente de la OPNE tendrá que responder tanto política como penalmente, pero fraude no parece que haya, ni ahora ni en 2021 y menos por parte de las personas que son señaladas.

Renovación Popular fue la fuerza más votada en Lima metropolitana y en el distrito de peruanos residentes en el extranjero, pero «no existe» fuera de esas dos circunscripciones. Fuerza Popular, por su parte, tiene una votación bastante aceptable en todo el país (sobre todo en el norte y en el oriente peruano) mientras que Juntos Por el Perú tiene su fuerte en el sur y en los andes, en las áreas rurales, pero «no existe» en Lima o el extranjero.

De las elecciones se desprende una buena radiografía de lo que es la política en Perú: una gran dispersión (sumando a las cinco candidaturas más votadas, estas obtendrían tan solo el 51,68 % de los votos emitidos), dentro de una gran estabilidad (los resultados de 2026 se parecen mucho a los de 2021 y a los de 2016, no tanto con el partido político concreto, sino con el tipo de partido elegido; en otras palabras, quienes votaron a Perú Libre ahora lo han hecho por Juntos por el Perú -acá cabe aclarar que el castillismo ha apoyado a JP y no a Perú Libre-) que, en realidad, refleja mucho los distintos «perús» que existen en Perú (la diferencia es abismal entre Lima y el resto del país, entre lo rural y lo urbano y entre el norte y el sur) y que existe una gran desafección que no cura ni el voto obligatorio (evidentemente) ni nada, más de 7 millones de personas no han ido a votar (en un país donde es obligatorio con multas coercitivas) y más de 2,37 millones de personas votan en blanco (en otras palabras, Roberto Sánchez habría quedado tercer puesto si el voto en blanco se contara).

También podemos hablar de que es la victoria de la minería irregular. Podemos intentar verlo desde muchos puntos de vista, pero Fuerza Popular, al margen de su discurso contra la delincuencia y pro mano dura, de «que vuelva el orden» del régimen autoritario fujimorista del padre de la candidata, es un partido que ha favorecido y que acompaña a la minería ilegal. Muchas de las leyes «procrimen» y de las leyes «pro minería irregular» fueron propuestas y votadas por el fujimorismo. En sus filas hay gente de la dirigencia de la minería informal. Desde que se vacó a Castillo, el fujimorismo, dentro del «pacto mafioso» que ha gobernado el país desde el Congreso, ha impulsado la política peruana de los últimos 4 años que ha venido para dar carta de naturaleza a uno de los negocios ilegales más lucrativos del Perú, y que más delincuencia está trayendo.

Pero es ese mismo fujimorismo, junto con RP y otros partidos, protegieron a Roberto Sánchez  de ser inhabilitado por el autogolpe intentado por Castillo, Sánchez se terminó absteniendo en todo el proceso contra el expresidente (ahora su principal aliado y de quien se dice ser heredero), pero también fue protegido ante posibles investigaciones por «mochasueldos» (de estar cobrando a sus asesores una mordida del salario que estos deben percibir por el Congreso). Es cierto que el congresista Sánchez se opuso a varias de las leyes «procrimen» del pacto (algo que él defiende para distanciarse de FP y de RP), pero, en cambio, sí votó a favor de las varias de las leyes «pro minería ilegal» (o informal o artesanal), del REINFO, de esta manera, está en el ajo con las otras formaciones (su partido, JP, tiene una gran variedad de integrantes votando unas cosas u otras). Y el tercer partido en disputa, RP, tiene en su seno varios dirigentes de la minería ilegal y formó parte del pacto en el congreso que aprobaron todas esas leyes que hacen daño directo al Perú.

Con eso tenemos que daba un poco igual cuál de estos candidatos (y otros muchos) pasara a segunda vuelta, la minería ilegal sale ganando.

También gana la derecha, entre FP y RP podrán más o menos controlar las dos cámaras del Congreso de la República; el fujimorismo en todo caso será la primera minoría de las cámaras y tendrá un fuerte control del Senado (al menos tendrá 22 de 60), con lo que cualquier gobierno que no sea de FP tendrá que enfrentarse con un parlamento contrario a él (como ha pasado desde 2011 en mayor o menor medida).

Keiko Fujimori es la hija de Alberto Fujimori, cuasidictador peruano entre 1990 y 2000, ella misma fue primera dama entre 1994 y 2000 (cuando su madre Susana Higuchi consigue el divorcio), ha sido congresista por el fujimorismo (2006-2011) y candidata a la presidencia 4 veces, en las tres anteriores (2011, 2016 y 2021) alcanzó la segunda vuelta (de hecho, 2 veces ha conseguido ganar la primera vuelta, en las elecciones de 2016, donde obtuvo unos 6,12 millones de votos y en estas de 2026, con 2,88 millones de votos), aunque siempre ha perdido en el balotaje (contra Ollanta Humala, Pedro Pablo Kuczynski y Pedro Castillo). ¿La cuarta será la vencida? Esperemos que no, Fujimori, formación claramente de derecha o, incluso, de extrema derecha, propone el mismo régimen de terror, tanto en lo social (con su agenda ultraconservadora) como en lo económico (con una agenda neoliberal y privatizadora) que defendió e impuso en el Perú el expresidente Alberto Fujimori.

Juntos por el Perú, por su parte, es una formación de centroizquierda con un pasado que enseña lo mal que funciona el sistema de partidos (de inscripción) en el país; el Partido Humanista era el único con inscripción válida entre varias formaciones, da su inscripción a una alianza entre diversos partidos de izquierdas de cara a las elecciones extraordinarias al Congreso de 2020, por muy poco no consiguió superar el umbral del 5 % nacional. En las elecciones generales de 2021, consiguen superar ese 5 % y 5 parlamentarios, entre ellos está Roberto Sánchez; para la segunda vuelta, JP apoyó a Pedro Castillo y Roberto Sánchez fue ministro del gobierno de Perú Libre. Diversos partidos, contando al Humanista, se retiran de JP, de la gente en el congreso, el único que permaneció en JP fue Roberto Sánchez; para estas elecciones de 2026, ha contado con el apoyo de Pedro Castillo (desde la cárcel) y todos los políticos que le han permanecido fieles (ese ala que renunció a PL), también del etnocacerismo de Antauro Humala.

Las últimas segundas vueltas han estado increíblemente reñidas (en 2021: poco más de 44 mil votos; en 2016: algo más de 41 mil votos de diferencia) y todo indica que estas elecciones tendrán un final apretado.

El domingo 7 de junio de 2026 será la segunda vuelta, la pregunta es si comenzará una época de estabilidad real o nos pasará como en estos años, donde contamos los presidentes casi por año (en promedio) tras las intervenciones de un Congreso dividido para casi todo, menos para andar vacando mandatarios (Perú ha tenido 8 presidentes en 10 años, habiendo elegido solo a 2 de manera directa, 2 más han sido vicepresidentes asumiendo el cargo y los otros 4 han sido presidentes del Congreso que asumen la presidencia a falta de otra vicepresidenta que pudiera asumir).

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