El “Bache-sillo” tucumano: Las calles se hunden. La plata también

POR CARLA RAMEAU & MARTINA LUJÁN BURGOS

 El mal estado de las calles no solo afecta el circular por la ciudad, sino que se ha vuelto otro golpe al bolsillo de algunos tucumanos.

Desde hace tiempo el reclamo de los ciudadanos ha puesto en foco el mal estado de las calles tucumanas. Baches, pozos y calles deterioradas forman parte del paisaje urbano cotidiano de quienes transitan la ciudad.  Además de generar molestias, terminan provocando daños en los vehículos, impactando directamente en los bolsillos de los trabajadores tucumanos.

Rodrigo Fernández, chofer de aplicación, que vive de circular por las calles de la ciudad mencionó: “Las calles están hechas bolsa. Hay calles que dan pena. Uno sale a laburar y tiene que andar más preocupado por esquivar pozos que por manejar tranquilo. Hoy en día los pozos se han vuelto un obstáculo para poder trabajar”.

Choferes, motociclistas y vecinos coinciden en que manejar por algunas zonas de la capital requiere estar permanentemente atentos al estado del asfalto: “Vos querés manejar bien, ir atento al tránsito y a la gente, pero terminás mirando más el piso que otra cosa. A veces tenés que volantear de golpe o frenar en seco porque si no caés en un pozo terrible. Y eso también es peligroso para todos.”


La falta de coordinación entre los servicios públicos es uno de los principales factores desencadenantes de las malas condiciones viales. Es una realidad frecuente que el municipio pavimenta o repavimenta, pero las constantes filtraciones de agua o desbordes cloacales de la SAT (Sociedad Aguas del Tucumán) destruyen el asfalto al poco tiempo. A su vez, cuando la empresa estatal rompe la calle para arreglar una tubería, el bache queda abierto durante semanas o se tapa de manera deficiente, generando un peligro constante para el tránsito y anulando cualquier esfuerzo de mejora vial.

​Frente a este escenario, los planes intensivos de bacheo actuales intentan implementar sistemas de reclamos digitales para mapear los pozos y exigen una sincronización estricta para que la empresa repare las fugas subterráneas antes de que las cuadrillas municipales tiren la nueva capa de asfalto. Sin embargo, mientras se busca reparar esa articulación técnica, el ritmo de deterioro de las calles sigue superando la capacidad de respuesta, dejando desprotegidos a los conductores en el día a día.

​De esta manera, el estado deficiente de la calzada influye de forma directa en el funcionamiento de los vehículos que transitan cotidianamente. “Andando todo el día en estas calles el auto se castiga muchísimo. Nosotros vivimos arriba del auto y cualquier bache te termina rompiendo algo”, concluye Fernández.

Al respecto, un mecánico especializado en tren delantero especificó que, sin importar si un vehículo sea de mayor o menor dimensión, este factor puede acortar la vida útil de un auto, más aún en partes que soportan el peso total del vehículo, como; tren delantero, bujes, rulemanes, ejes, amortiguadores, cubiertas, etc.  

 Presupuestó lo que podría llegar a costar un arreglo: “Hoy estaríamos hablando por dar un estimado aproximadamente 2 millones de pesos, siempre el presupuesto varía todos los días porque todo sube” culminó reflexionando que a veces por “comerse un pozo” en pleno centro tucumano y creer que fue solo un golpe, puede perjudicar mucho al bolsillo.

La falta de mantenimiento urbano ya no solo es un elemento que incomoda a los ciudadanos, sino que se ha convertido en un factor de influencia económica, agregándose a la lista de gastos de aquellos tucumanos que trabajan circulando por las calles de Tucumán.

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