POR SERGIO AHMED CORONEL AZÁN, TOMÁS LEDESMA LARA & GERÓNIMO ROJANO
A principios de abril la provincia volvió a ser afectada por fuertes lluvias que desencadenaron inundaciones en distintas localidades del sur. El temporal al igual que en marzo trajo consecuencias al sur de Tucumán. Esta vez el saldo fue de tres muertes y más de 400 personas fueron evacuadas debido a la inercia del agua que ingresó en los hogares. Las ciudades afectadas fueron La Madrid, Concepción, Santa Ana y algunas zonas en la capital de la provincia.
El despliegue sanitario en La Madrid tuvo en la primera línea a agentes como Stefanía Tejerina, integrante del SIPROSA, para quien la emergencia fue doblemente compleja: además de su rol profesional, la catástrofe la tocó de cerca porque la familia de su pareja vive en el barrio afectado. Tejerina relató que el operativo comenzó contrarreloj el día 11 de Marzo debido a los cortes de ruta, lo que los obligó a levantar puestos de salud de urgencia para socorrer a unas 300 familias instaladas en campamentos improvisados a la vera del camino. Según explicó la agente, las tareas no se limitaron a la entrega de medicamentos para pacientes con diabetes o hipertensión y al traslado crítico de embarazadas, sino que demandaron un fuerte trabajo de contención junto a psicólogos y psiquiatras que recorrieron las carpas para frenar el malestar de los vecinos, desesperados por volver a sus casas a pesar de que el agua no bajaba. Con la apertura de los accesos, el equipo médico logró extender la asistencia a otras 800 personas al otro lado de la ruta, enfocándose en la vacunación y en evitar brotes epidemiológicos de dengue tras las intensas lluvias. Al hacer un balance del regreso de los vecinos a sus hogares —donde el personal continuó las visitas casa por casa a pesar de la falta de luz y agua corriente—, Tejerina cuestionó las demoras en la ayuda por discusiones políticas y la falta de obras de infraestructura, concluyendo que ninguna comunidad está lista para que llueva en dos horas lo de todo un mes, pero remarcó que el mayor logro del operativo fue el sostén humano y la enorme cooperación de la propia gente del lugar.
En marzo ya se había registrado una cifra preocupante de precipitaciones en la provincia, llegando a los 170 mm de lluvia en 48 horas que provocaron la suspensión de clases, cortes de ruta y el aumento de caudales que influyeron en los desbordes de los ríos que afectaron a numerosas familias. Hecho que se repitió en el mes de abril a mayor escala con precipitaciones récord de 300 mm en algunas zonas, golpeando a familias y trabajadoras con pérdidas materiales que afectaron a los suelos de la provincia, imposibilitado a cientos de personas de volver a sus hogares por lo que debieron acudir a carpas improvisadas al costado de la ruta como medida provisional.
Además de las pérdidas materiales en la provincia ocurrieron 3 víctimas fatales debido a las lluvias, la muerte de un menor de 12 años por un cable corriente desprendido y la muerte de una pareja que se encontraban volviendo de un casamiento y fueron atrapados dentro de su vehículo por el agua. Las víctimas eran Mariano Robles (28) y Solana Albornoz (32), tenían dos hijos, uno de 5 años y un bebé de 9 meses.

El gobernador Osvaldo Jaldo declaró la emergencia climática en la provincia y asistió con medidas temporales a las familias desplazadas por la inundación con hospitales móviles, un dispositivo especial de la Policía en la Ruta Nacional 157 para proteger las pertenencias de las víctimas. Además el Ministerio de Obras Públicas desplegó maquinaria para despejar cauces y rehabilitar rutas cortadas por los sedimentos.
Otra consecuencia de las inundaciones fue la falta de agua, lo que perjudicó a más de 10,000 familias, sumado a esto, 100 establecimientos educativos sufrieron daños y se vieron obligados a suspender las clases. Además la destrucción de los suelos provocó pérdidas millonarias al sector agropecuario, afectando cultivos en zonas bajas y dificultando el acceso a los caminos por su estado después de la lluvia.
La provincia no sufre inundaciones solo por su ubicación y la distribución de los ríos, la infraestructura hídrica se quedó obsoleta hace mucho tiempo, al datar desde los años 60; los canales, el sistema de drenaje y los puentes estaban diseñados para una ciudad más pequeña y menos poblada, ni hablar del paso del tiempo y la falta de renovación. Sin dudas la poca atención a estos detalles, el poco mantenimiento son factores que influyen. Las obras hídricas por el momento están frenadas, siendo el Dique Potrero Del Clavillo la “promesa” que aún no se cumple debido a la falta de presupuesto. Esto sin contar con la expansión urbana en las zonas bajas, dañando la absorción de los suelos al ser reemplazados por pavimento, bajando su capacidad de absorción de hasta un 60%.
¿Por qué las inundaciones son un problema histórico? Porque Tucumán es una provincia que sufre las consecuencias de las fuertes lluvias y los desbordes de los ríos desde la década del ‘40 cuando se desbordó el Río Salí e inundó gran parte de la Banda del Río Salí y zonas bajas de San Miguel de Tucumán.
Además las expansiones urbanas de 1970-1980 y la creación de los canales Norte y Sur, derivaron en potenciales cuellos de botella, causas que fueron predecesoras a la catástrofe de La Madrid en 1992 cuando se desbordó el Río Marapa y dejó bajo el agua a casi toda la población. Este desborde del río Marapa volvió a acontecer en los años 2000 y 2017, cada vez con mayor intensidad, por lo que no es un problema nuevo ni tampoco desconocido, a pesar del paso del tiempo y la falta de soluciones.
* Las imágenes que acompañan la nota son autoría de Matías Vieito para La Gaceta. Agradecemos la colaboración con Nuevo Trópico