POR AYELEN AGUILAR Y CANDELARIA ROSALES
Entrevista I El pasado 17 de junio se realizó en el Concejo Deliberante de San Miguel de Tucumán un conversatorio sobre la novela Vientos del Pueblo*, obra de Milagro García Marengo, autora tucumana, profesora en Letras y abogada por la UNT, además de magíster en Lingüística Hispánica por la UNED. El encuentro contó con una amplia variedad de invitados y nos brindó la oportunidad de entrevistar a la escritora de la novela.
Vientos del Pueblo es una novela de ficción cuya protagonista es Hilda Guerrero de Molina, una mujer tucumana asesinada tras el cierre de los ingenios durante la dictadura de Onganía. A lo largo de la obra, la autora se pone en la piel de Hilda y narra en primera persona sus memorias y vivencias en su pueblo, Santa Lucía, construyendo un relato que transcurre después de su muerte.
En esta entrevista, la autora profundiza sobre su proceso creativo, los desafíos de reconstruir la historia de Hilda Guerrero de Molina y la urgencia política de mantener viva la memoria en tiempos oscuros.
¿Por qué escribir ficción sobre un personaje histórico?
Milagro eligió la ficción porque no es historiadora. “No me cuesta tener ese rigor documental que requiere la historia. Pero me gusta partir de los hechos históricos e imaginarlos desde ahí”.
Para ella, la literatura logra lo que la historia académica no: llegar a quienes nunca abrirán un libro de historia. “Un relato nos acerca mucho más que un discurso histórico. La ficción habla de la intimidad, de las emociones. Es mucho más sensible que cualquier narrativa formal”.
Al escribir en primera persona, Hilda habla directamente al lector. “Cuando ella dice ‘yo visito mi casa, ando por mi calle, entro a la iglesia’, el lector experimenta su mundo. Espero que esto acerque más a la gente que un discurso académico riguroso y exigente”.
Reconstruyendo a una mujer que no conoció
Milagro decidió deliberadamente no entrevistar a la familia de Hilda. “No quería que me moldearan la construcción de mi propia Hilda”. En su lugar, recurrió a testimonios de personas que la conocieron, archivos de Memoria Abierta e investigación historiográfica.
Reconstruyó a Hilda como una mujer valiente, que iba al frente, siempre en la vanguardia. Lo que más la conmovió fue imaginar la noche previa a su muerte: la caminata por los cañaverales, el momento en que Hilda es consciente de que quizá sea su última noche. “Ella dice: esta quizás sea la última noche que yo vea, las últimas estrellas, la última luna”.
Ese pasaje lírico se convirtió en el clímax emocional de la novela. Hilda sabe a qué va, pero siente que debe ir. En ese momento de plenitud y consciencia, la novela alcanza su máxima intensidad.
El desafío de la complejidad política
Uno de los temas más delicados fue la guerrilla. El hijo de Hilda, Pichín Molina, se unió al ERP tras su muerte buscando continuar la lucha. Escribir sobre esto fue particularmente difícil porque Milagro no sabía qué hubiera pensado Hilda de los eventos que ocurrieron después de su muerte.
El caso de Saraspe fue el más complejo: un policía asesinado por la guerrilla tras un tribunal revolucionario. “Eso me costó porque sé que es un tema que por donde uno lo encare va a recibir críticas de los dos lados de la grieta”.
Sin embargo, Milagro no quiso esquivar el conflicto. Imaginó un diálogo entre Hilda y Saraspe en el que ella le dice: “Nunca los entendiste, pero no eran malos, también peleaban por vos”. Es un acto de empatía narrativa que reconoce que ambos bandos creían estar luchando por lo justo.
Milagro sabía que cualquiera fuera su abordaje recibiría críticas. “Yo traté de pensar como hubiera pensado teniendo un hijo que se había sumado a la guerrilla. Desde ese lugar, imaginé el diálogo”.
La necesidad de conectar pasado y presente
Sobre la manera en que los tucumanos recuerdan hoy el cierre de los ingenios, Milagro fue contundente: “No hacemos la conexión con el presente. Hay una política similar hoy”.
Los números son contundentes. Hace sesenta años se perdieron 22,000 puestos de trabajo. Hoy sigue sucediendo: fábricas que cierran, negocios que abren y cierran en meses, desocupación masiva. “Si no podemos trazar una conexión entre eso y esto, entonces no lo hemos entendido realmente”.
Para Milagro, entender significa más que recordar. “Entender es comprender cabalmente que está pasando lo mismo. Si decimos ‘eso pasó, listo, no tiene nada que ver conmigo’, entonces no entendimos nada. Es la misma política que se repite. Es cíclico”.
Un llamado a la resistencia
La autora considera que hay rasgos de Hilda que la acompañarán como persona después de escribir el libro. Entre ellos destaca su sentido de lucha y el compromiso con aquello que consideraba justo.
Durante la presentación, dos jóvenes estudiantes se acercaron a ella emocionadas. Una le dijo: “yo me voy de acá y tengo ganas de militar. Siento que tengo el compromiso de ir a hacer algo”. Este encuentro resume lo que Milagro espera lograr.
La autora explicó que la resistencia puede tomar muchas formas: “Resistencia contra un montón de cosas, pero hay que resistir estos tiempos. No digo que agarremos las armas. Resistimos leyendo, resistimos por empatía, resistimos siendo personas más amorosas, más humanas, no consumiendo cosas innecesarias. Desde el frente que uno quiera ponerse”.
Hilda como símbolo de resistencia
Milagro reflexiona sobre cómo una mujer común se transformó en ícono. “El velatorio de ella fue impresionante. No solo porque la conociera mucha gente, sino porque ella se convirtió en el símbolo de la lucha contra los cierres de los ingenios. Podría haber sido otra mujer, podría haber sido un hombre, pero fue ella”.
“Dirigentes de todo el país vinieron a rendirle homenaje. Incluso Perón, desde el exilio, mandó una corona de flores. Todos vinieron a despedir a Hilda, que hasta ese momento era una persona corriente, un ama de casa. Pero su muerte la catapultó a símbolo”.
Milagro reflexiona sobre algo paradójico: “Si Hilda hubiera seguido viva, hoy no la conoceríamos como la conocemos. Por eso se convirtió en símbolo. Su muerte le dio un lugar en la historia que su vida, quizá, nunca habría tenido”.
¿Qué diría Hilda hoy?
A través de la figura de Hilda, Milagro imagina un mensaje dirigido a las jóvenes tucumanas de hoy. Para la autora, la protagonista las invitaría a resistir, a involucrarse y a no permanecer indiferentes frente a las injusticias: “Las mandaría a resistir, a luchar, a no quedarse quieta. A salir del sillón. Muévanse”.
Luego matizó su pensamiento: “Hilda tendría que estar en la plaza hoy, apoyando a los discapacitados, a los jubilados, a las mujeres. Contra un sistema sumamente opresor. Lo que a mí me deja Hilda es este sentido de decir: me planto frente a esto, digo no, y voy a resistir”.
“Desde mi pequeña baldosa, desde donde me encuentro parada, ese es el único mensaje que tengo”, concluyó.
La importancia de Tucumán en su escritura
Aunque actualmente reside en Suecia, Milagro asegura que no podría presentar allí este libro porque, según explica, simplemente no despertaría el mismo interés. “Yo no puedo escribir de otra cosa que no sea Tucumán. No puedo. Todo vuelve aquí”, sostiene la autora.
Esa conexión con su lugar de origen también define su forma de escribir. “No puedo hacer esa operación de escribir desde otro lugar imaginario porque no me interesa. Tucumán me atraviesa en todas partes. Lo tengo en mi ADN”. Además, afirma que su escritura está marcada por dos certezas: ser mujer y ser tucumana.
Al hablar sobre la protagonista de Hilda, Milagro remarca que esa identidad territorial es el punto de partida del personaje: “Lo más importante es que es tucumana. Todo lo demás son agregados. Estos temas me interpelan, me atraviesan. No encuentro otro tema de interés para mi vida”.
El compromiso de Milagro García Marengo con la memoria histórica atraviesa Vientos del Pueblo. Más que un ejercicio de nostalgia, la novela propone conectar pasado y presente, invitando a reflexionar sobre la vigencia de las luchas que marcaron la vida de Hilda Guerrero de Molina.
Lo que Milagro logra es devolver la humanidad a una heroína que fue reducida a símbolo. A través de la ficción, nuevas generaciones conocen a Hilda no como un nombre en un mural, sino como una mujer que pensaba, sentía, dudaba y actuaba. Su ejemplo sigue inspirando a jóvenes a preguntarse qué mundo quieren construir.
Tucumán la atraviesa. Y a través de su escritura, Tucumán seguirá siendo atravesado por la memoria viva de Hilda Guerrero, convertida en resistencia.
*García Marengo, Milagro. Vientos del Pueblo. Tucumán: Editorial Nuestra América, 2026. 100 páginas. ISBN: 978-987-1895-93-9.
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