Hacer FOCO en el olvido: el laberinto legal que hace desaparecer el centro tucumano

POR NOELIA NEGRO

Mientras el diseño efímero celebra el patrimonio, la normativa municipal en la capital tucumana esconde un vacío alarmante: de 215 edificios históricos catalogados, apenas el 11% tiene protección real. Por qué el Estado no puede frenar las demoliciones privadas. 

Los azahares perfuman Tucumán anunciando la pronta llegada de una nueva primavera, y nos recuerdan que hace un año exactamente, junto con ellos, veíamos pelotas naranjas por todas partes. Aquella irrupción de la campaña FOCO —de la cual realizamos una cobertura especial en Nuevo Trópico — nos obligó a levantar la vista y mirar las fachadas en peligro. Este año, el diseño de Espacio Dar redobla la apuesta con “La Fábrica”-Walk of Design 2026, un spoiler de lo que será una intervención efímera que mudará el diseño contemporáneo al Ex Ingenio San Pablo en las afueras de la capital. 

Sin embargo, ante el inminente desembarco en el patrimonio industrial, la pregunta periodística cae por su propio peso: ¿qué pasa cuando se apagan las luces de los eventos y la realidad golpea a nuestros muros históricos en el día a día? Detrás de la puesta en escena, la gestión del rescate arquitectónico en San Miguel de Tucumán se topa con una burocracia compleja y un vacío legal alarmante. 

Un inventario de 215 joyas, pero solo 25 protegidas

A nivel formal, la capital cuenta con un entramado de normas. La arquitecta Mónica Ailán —quien fue directora de Planificación Urbanística durante los últimos ocho años y actual coordinadora de esa dirección del municipio— explica que, desde 1991, rige la Ordenanza 1773 y su Decreto de “Inventario de Sitios y Edificios de Valor Patrimonial”. Esta catalogación, resultado de una profunda investigación del Instituto de Historia de la Facultad de Arquitectura de la UNT, delimita las áreas especiales dentro de las cuatro avenidas centrales. 

El dato alarmante que salta a la luz en la gestión diaria es la falta de herramientas reales: de un inventario oficial de 215 joyas arquitectónicas, apenas el 11,6% cuenta con protección real (solo 25 declaratorias firmadas de manera efectiva). El resto sobrevive en un limbo administrativo. 

La trampa de la propiedad privada: una ley que solo “persuade”

El gran punto crítico del resguardo patrimonial aparece cuando las estructuras pertenecen a dueños particulares. Según detalla Ailán, para cualquier intervención en estos edificios se debe contar con la autorización de la Sección Patrimonio Urbano y el control de la Dirección de Catastro. Incluso, si los bienes están alcanzados por la Ley Provincial 7500, debe intervenir la Comisión de Patrimonio del Ente Cultural mediante un dictamen vinculante. 

Pero cuando un privado decide avanzar sobre su inmueble, el Estado municipal se encuentra atado de manos. 

“El Estado no puede ir en contra de su demolición si es que así lo deseara su propietario.”

— Arq. Mónica Ailán (Exdirectora y actual coordinadora de Planificación Urbanística del municipio)

En la práctica, el Municipio solo evalúa y sugiere, transformando a la ordenanza en una herramienta meramente “persuasiva”. La muestra más cruda de este vacío legal ocurre cuando se solicita una demolición total: el Estado sólo puede exigirle al dueño una carta de renuncia, planos y fotografías. En limpio: la ley solo sirve para documentar los hechos previos a la desaparición del bien. 

Entonces, ¿cuál es el resultado de un Estado con leyes tan débiles frente a la presión del mercado inmobiliario? La respuesta se ve, tristemente, al caminar por las calles. 

El costo del vacío legal: de monumentos a baldíos

A lo largo de los años, esta falta de dientes en la normativa ha provocado pérdidas irreparables en el paisaje urbano tucumano, un mapa de ausencias que ya habíamos comenzado a documentar en nuestra investigación gráfica de Ilustro para no olvidar Mientras las campañas de quienes se comprometen intentan generar conciencia, la desidia inmobiliaria avanza. Sobran los ejemplos indignantes en la historia reciente, como las dos valiosas propiedades privadas de gran valor arquitectónico que se ubicaban en la esquina de Virgen de la Merced y Mendoza, demolidas para ser reemplazadas por playas de estacionamiento de dudosa calidad. O el caso del antiguo edificio del Ex Banco Francés en la calle San Martín al 700, una estructura que terminó derribada y hoy es, tristemente, un terreno baldío. 

La herida urbana: la esquina de Virgen de la Merced y Mendoza, donde el patrimonio arquitectónico fue demolido para dar lugar a una playa de estacionamiento.

Frente a esto, experiencias exitosas como la expropiación de la Casa Sucar para convertirla en el Museo de la Ciudad demuestran que el rescate es posible, explica la arquitecta. Pero requiere de una decisión política y de fondos que no siempre están disponibles. 

Al respecto, la arquitecta Ailán sostiene que “el respeto por el patrimonio arquitectónico y urbano debe ser asumido por toda la sociedad en su conjunto”, y concluye que la preservación de edificios históricos se resuelve a nivel mundial mediante una combinación de normativas, estrategias de conservación, financiamiento, programas de subvenciones y conciencia local. 

En esa línea, la especialista destaca que para su recuperación estos edificios deben ser pensados desde su modernización y sostenibilidad, permitiendo nuevos usos que dinamicen la ciudad: una rehabilitación responsable y sostenible evita la sustitución edilicia, reduce residuos y mantiene los valores históricos y la memoria colectiva. Por ello, remarca que para lograr la protección del patrimonio en Tucumán es indispensable la participación de todos los actores sociales con el fin de actualizar la normativa vigente. 

Pero el riesgo patrimonial no se agota en las veredas del centro. Las alarmas ya no solo suenan en las casonas señoriales; el peligro ha saltado a escala mayor, metiéndose con la historia misma de nuestra producción industrial y azucarera. En nuestra próxima entrega, cruzaremos hacia las naves oxidadas del Ex Ingenio San Pablo para analizar el drama del “abandono latente”, el negocio de las guarderías de autos y cómo el diseño intenta hoy plantarse como trinchera.

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