POR MARIANA DE LOS ÁNGELES FLORES
Hoy, viernes 31 de julio, es mi último día como Becaria Posdoctoral del CONICET. Esta noche, cuando el reloj marque las 00, seré una desempleada más, otro nombre que se suma a la interminable lista de personas que día tras día se quedan en la calle en este glorioso país (…).
Así comienza la carta abierta de Débora Décima, licenciada en Ciencias de la Comunicación y doctora en Ciencias Sociales, luego de haber quedado fuera del sistema científico junto a otros 379 becarios posdoctorales de todo el país.
Desde 2023 a 2026 el principal organismo estatal destinado a fomentar y financiar la ciencia y la tecnología perdió 2.365 puestos de trabajo. De acuerdo al Centro Iberoamericano de Investigación en Ciencia y Tecnología e Innovación, el sector científico cayó de 75.057 empleados a 68.730, esto equivale a 7 puestos perdidos por día.
En su carta, Débora distingue esta situación de un “simple desfinanciamiento” y lo describe como un cientificidio: “Este gobierno no crea puestos de trabajo, crea desempleo. Tanto que nos mandan a todos a trabajar de Uber”, “No le importa la ciencia, mucho menos la que yo hago. Ciencia innecesaria, dicen. Yo prefiero llamarla ciencia humana… No le importa la ciencia porque, en el fondo, no le importa la vida ni el pueblo”, expresa.
Esta no es la primera vez que científicos padecen las políticas del gobierno de turno. En 1994, investigadores y trabajadores del sistema nacional de ciencia y tecnología se pronunciaron por la situación presupuestaria, el cierre de centros e institutos y el proyecto del gobierno menemista de desarticular y privatizar la Comisión Nacional de Energía Atómica. Cuando la socióloga y demógrafa Susana Torrado denunció una caída sostenida de los salarios reales y condiciones laborales precarias, el entonces ministro de economía Domingo Cavallo le respondió públicamente que vaya a “lavar los platos“.
Desde el anuncio de Javier Milei del cierre del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, su propuesta de campaña de “privatización” del CONICET, hasta el plan de desprestigio iniciado desde el gobierno con debates sobre el sistema científico sirve o no, si el estado debería financiar investigaciones de “dudosa utilidad” o si los científicos son la verdadera “casta”, la ciencia y técnica nacional se han puesto en principal foco de ataque y cuestionamiento. Adriana Gonzalo, directora del Instituto de Humanidades y Ciencias Sociales del Litoral (IHUCSO), en diálogo con el portal digital CONICET Santa Fé, explicó que todo inició en 2023 como propaganda contra las Ciencias Sociales y funcionó como “mecanismo de desacreditación”, el cual tuvo como único fin justificar el recorte y paralización de la ciencia y el progreso.
Lo que el recorte se lleva
La ciencia pública genera saberes que van más allá de beneficios económicos o empresariales, los principales logros y avances científicos nacionales surgen de la inversión estatal en ciencia y tecnología. Los estudios a largo plazo que financia el sector público logran descubrimientos a gran escala y transformaciones que se sostienen con el paso del tiempo.
En Tucumán el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas en conjunto con la Universidad Nacional de Tucumán han logrado importantes avances en investigaciones como:
Dengue y Aedes aegypti: Biolarvicidas para el control de larvas de mosquitos e insectos que pueden transmitir la enfermedad.
Bioquímica: Análisis de la plasticidad metabólica de microalgas nativas, útil para el desarrollo de bioestimulantes agrícolas y alimentos con mayor valor nutricional.
Técnica y tecnología agropecuaria: Investigación y desarrollo de biotecnología: bioetanol, enzimas y biopolímeros para reducir el impacto ambiental de la industria sacroalgodonera.
Estudios urbanos y territoriales: Investigación orientada al estudio de las transformaciones territoriales, aspectos ambientales y planificación urbana
Derechos humanos y políticas públicas: Análisis de la evolución y características de la economía y el trabajo en Tucumán para evaluar niveles de pobreza y desocupación en la provincia.
Tratar de dejar a la ciencia y la investigación en manos del ámbito privado significa renunciar a saberes que pueden cambiar y mejorar la vida de gran parte de la población, para perseguir una técnica con fines y efectos de limitados alcances.
“En la Argentina está siendo imposible generar conocimiento. Si seguimos así, en el futuro el sector privado no va a tener nada de lo que pueda nutrirse para desarrollar capacidades locales en nuestro país”. El planteo lo hace Nicolás Lavagnino, profesor de la Universidad Nacional de Buenos Aires a la Agencia de Noticias TSS de la Universidad Nacional de San Martín sobre la escasa inversión estatal en ciencia.
Y es que la ciencia privada depende en todo el mundo de lo que genera la ciencia básica, concentrada principalmente en el ámbito estatal y universitario. Cerca del 80% de investigaciones, artículos y trabajos científicos provienen del sector público, en los que se incluyen los 16 organismos científico-tecnológicos del país (como el INTI, el INTA, CNEA, CONAE y el CONICET) y las 68 universidades nacionales (ESID 2021). Cuerpos como el CONICET generan convenios con grandes empresas y pymes brindando instrumentos y apoyo para la investigación y el desarrollo de objetivos específicos como productos, medicamentos y otros avances en áreas como agronomía, biotecnología e industria farmacéutica.
En el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas se ubicó en 2025 como la mejor institución gubernamental de ciencia de Latinoamérica por séptimo año consecutivo en el Ranking Scimago (SIR) y ocupó el puesto 252 a nivel mundial entre más de 5.000 organismos.
La ciencia estatal es responsable del crecimiento económico y nacional con el desarrollo de vacunas, el desarrollo satelital, Tratamientos oncológicos y antibacterianos y avance nuclear (sector sumamente afectado por el recorte presupuestario) con el diseño, construcción y exportación de tecnología nuclear. Todo esto se pone en riesgo con el desfinanciamiento.
La crisis intelectual
De acuerdo al Quinto Informe de Situación sobre el Sistema Universitario, la inversión en ciencia hoy representa un 0,14% del PBI (Producto Bruto Interno), el valor más bajo desde 1972, convirtiendo a Argentina en uno de los países de Latinoamérica que menos invierten en Investigación y Desarrollo, situándose debajo de México (0.27%), Colombia (0.29%) o Perú (0.16%), y a gran distancia de Brasil (1,15%). Esto representa una caída de más del 50% en presupuesto nacional destinado a ciencia en comparación al año 2023.
Las expresiones y ataques tanto hacia al sistema universitario —como el mito de que las universidades “no se dejan auditar” o son “centros de adoctrinamiento”— como al campo científico —la definición hacia trabajadores como “parásitos del Estado” por ejemplo—, intentan crear un imaginario social ideal para legitimar políticas que en realidad no benefician a nadie y traen consigo profundas consecuencias para la autonomía y crecimiento del país.
Cuando miles de profesionales tienen que abandonar o no se les permite ejercer el oficio por el que estudiaron gran parte de su vida, lo que se evidencia no es más que una gran crisis política y social que termina por desplazar a las grandes mentes del sistema productivo nacional. El conflicto actual provoca que investigadores recurran a nuevas fuentes de trabajo como Uber, Didi, Pedidos Ya, etc., afectando incluso a la calidad y tiempo dedicado a sus investigaciones.
Empleados de CONICET, del Sistema Nacional de Empleo Público (SINEP) y de las Universidades Nacionales (UUNN) acumulan pérdidas salariales de entre el 32,1% y el 40,5% desde noviembre de 2023 —EPC-CIITI.
La llamada “fuga de cerebros” es consecuencia del desconsuelo de los expertos por no encontrar un futuro redituable en el país. Con ellos, se van no solo manos y mentes calificadas, sino también trabajos e investigaciones que serán reconocidas y beneficiosas para el avance de otra nación.
Este escenario termina por dañar de tal forma al sistema científico que le tomará varios años recuperarse. El ajuste a la universidad también tiene un peso enorme en este proceso; la paralización de proyectos, la reducción de becas, la pérdida de docentes e investigadores y el deterioro general de la educación pública provocan la desilusión de cientos de jóvenes que no ven futuro en la formación superior y terminan optando por opciones más rentables y de rápidos beneficios.
La crisis general golpea profundamente la economía local, frena el desarrollo regional y limita la movilidad social, afectando el empleo, la educación, la salud y el bienestar social. Se limita toda capacidad de autonomía y aumenta la dependencia externa para el abastecimiento del país, pues sin gente que haga ciencia ¿cómo se nutre el sistema?
Compromiso con el futuro
Hace unas semanas se cumplió un año de la expedición submarina liderada por científicos del CONICET transmitida por streaming que descubrió 40 nuevas especies marinas y una inmensa cantidad de corales a una profundidad de 3.900 metros. La operación se realizó en conjunto con Schmidt Ocean Institute en el Mar Argentino y permitió observar la biodiversidad en las profundidades de nuestro mar anteriormente poco estudiadas.
La transmisión alcanzó casi 18 millones de visualizaciones y ganó el Martín Fierro de Oro de Streaming 2025. Durante el tiempo que duró la investigación se viralizaron múltiples imágenes y videos de las especies marinas encontradas que se ganaron el aprecio de la gente e incluso se convirtieron en símbolo de defensa de la ciencia.
Este hecho demostró la importancia de la divulgación científica y el apoyo popular que sigue teniendo la técnica y la investigación nacional. Fuera de cualquier discurso negacionista y anticientífico, la gente respeta y cree aún en la ciencia como principal motor de progreso.
En nuestra región sobran personas capacitadas, estudios y producción de calidad e interés social, nuestro futuro jamás será un gasto porque todo lo que Argentina dé será devuelto en forma de progreso. Para ningún país que busque el crecimiento y el desarrollo la ciencia posee un lugar secundario, Estados Unidos, Suecia, China, entre otras naciones son las que más invierten en investigación y desarrollo de acuerdo a datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). El Triángulo de Jorge Sábato marca la relación entre los tres pilares fundamentales para el desarrollo e innovación científica: el Estado, el sistema científico-tecnológico y el sector productivo.
En esta línea ideal, el Estado ocuparía un rol como responsable de formular y ejecutar políticas públicas, la infraestructura científico-tecnológica (presente en universidades e institutos de investigación) como generadora de conocimiento y tecnología, y el sector productivo, como usuario y transformador de la tecnología en bienes y servicios para la sociedad. Esto simplifica de alguna forma la rueda de progreso que debería seguir un gobierno que apuesta en futuro y avance, y es en lo que hoy está fallando nuestro país.