POR NOELIA NEGRO
Este domingo 7 de junio, las redes sociales y los portales se llenarán de efemérides en sepia sobre Mariano Moreno y La Gazeta de Buenos Ayres. Es el ritual de nuestra profesión. Sin embargo, el periodismo no se sostiene con bronces ni recuerdos, sino con redacciones vivas que se animan a dar la disputa de sentido en el presente. En los pasillos de nuestra facultad, esa resistencia contemporánea tiene nombre y apellido: Nuevo Trópico.
Transitando ya su tercer año de vida, el desafío de este espacio autogestionado dejó de ser el nacimiento para convertirse en la supervivencia diaria dentro de un ecosistema mediático precarizado, efímero y muchas veces hostil. Para celebrar el Día del Periodista, decidimos salir del balance institucional y del casete académico. Fuimos a buscar a los arquitectos de este proyecto —Diego Toscano, Rubén Kotler y Martín Dzienczarski— para hablar de lo que verdaderamente importa en la formación de un cronista: la fricción con la hoja en blanco, el rigor de la edición y el ADN de un oficio que se niega a morir de solemnidad.
La fricción con la hoja en blanco
Pasar de la seguridad de los apuntes a la urgencia de la práctica real tiene un costo. En las aulas, la teoría periodística es un esquema ordenado; en la redacción de Nuevo Trópico, es un reloj que avanza y no perdona. Diego Toscano, uno de los coordinadores del espacio, conoce de memoria ese momento de quiebre en el que los estudiantes se topan por primera vez con el abismo del procesador de texto.
“Este año los estudiantes (una parte, por lo menos) parece no temerle a la hoja en blanco. Hasta ahora hemos tenido buenas producciones al momento de cierre de edición. Notamos una apropiación de parte de los estudiantes del medio, y eso es lo que buscamos”, reflexiona el profesor. Es el instante exacto donde el cassette académico ya no alcanza y hay que empezar a transpirar para construir el sentido de la nota.
Sin embargo, el objetivo no es solamente que los alumnos logren teclear el primer párrafo para cumplir con una entrega, sino que lo hagan saliendo de la zona de confort de sus propios temores. El desafío es romper el monólogo interior para que aparezca la calle. Al profundizar sobre la necesidad de la polifonía, Toscano es categórico:
“Los textos vienen bastante trabajados, en la previa revisamos que haya voces diversas, pero no siempre se logra. En ese sentido, no hay un manual de estilo, pero es algo que promovemos como NT. No queremos unicidad de voces. La gran mayoría de los estudiantes está dispuesto a tomar esto también, pero todavía estamos en una etapa inicial, el objetivo es lograr producciones que vayan a fondo con los temas que tratan. Además de poder darle un espacio al periodismo de investigación, más detenido y trabajado.”
La agenda libre y el doble sombrero
Superada la hoja en blanco, el siguiente desafío en la redacción es definir de qué se va a hablar y lidiar con la tensión constante de editar sin apagar el entusiasmo. Sobre cómo se administra esa “libertad de prensa” dentro de un espacio de formación y cómo se ejerce el rol de editor, el coordinador Rubén Kotler lo explica al desnudo:
“En primer lugar, hay que decir de dónde nace la idea del proyecto de NT. Retomamos la idea de lo que fue el diario Trópico universitario entre 1947 y 1950. Ese era un diario convencional, que tenía una redacción e impulsado por el rector Horacio Descole y la Escuela de Periodismo, que formaba periodistas. La agenda se inscribía en la premisa era ser un diario con muchos temas vinculados a la propia Universidad, pero también al mundo sindical. Propio de la época. Nuevo Trópico surge de una manera distinta, a raíz de una necesidad de la carrera de Comunicación en la que muchos estudiantes se venían quejando sobre la falta de espacios donde tener sus prácticas.
En este sentido, no somos un medio convencional. No salimos todos los días, no tenemos una agencia de noticias ni hacemos coberturas inmediatas. Ofrecemos a los estudiantes un menú variado de opciones, salvo cuando los propios estudiantes tienen su propia iniciativa. Nosotros no imponemos una agenda sobre qué escribir, sí en algunos casos, cuando faltan ideas o la musa inspiradora se ausenta de las clases que fungen como especie de redacciones, tiramos temas posibles. La libertad siempre tiene sus límites, no los imponemos en el sentido estricto, pero dejamos en claro que hay temas que por razones obvias no cubrimos, como resultados o desempeños deportivos, por la sencilla razón de que no tenemos una cobertura diaria o periódica, y así sobre una cantidad de otras cuestiones. Buscamos que NT sea un espacio de ejercicio de ‘periodismo universitario’ como le llamamos, no deja de ser un medio experimental por ahora. Requiere en primer lugar el compromiso de los estudiantes en proponer sus temas, primordialmente locales y que tengan un tipo de cobertura muy distinta a los medios tradicionales, como el diario La Gaceta o los canales de streaming que tienen una dinámica muy distinta, y al mismo tiempo mostrarles-cuando hay un tema de interés- mostrarles las perspectivas, teniendo en cuenta que no somos un diario que vamos a hacer un seguimiento de un tema determinado. Priorizamos que puedan elegir un tema, investigar sobre ese tema, que tenga comienzo y cierre en la misma edición, que hasta el momento viene siendo cada tres semanas. Obviamente respetando parámetros lógicos: somos un medio universitario, no somos un medio partidario ni pretendemos serlo. Todo siempre dentro de los parámetros del respeto, la pluralidad de voces y sin ser tendenciosos. Explicarles eso a los estudiantes, y a veces tenemos más o menor éxito”
Pero una buena idea no sobrevive en la web solo con entusiasmo; requiere ejecución, contraste y, sobre todo, rozarse con la realidad. Es en ese momento de la edición donde aparece el dilema del “doble sombrero”. Kotler detalla cómo es lidiar con la tensión constante de ser el profesor que debe cuidar la chispa y la creatividad del alumno, y a la vez ser el editor implacable que demanda la fuente precisa:
“Se ha establecido una dinámica muy interesante: los estudiantes nos proponen un tema a los tres profesores, si vemos la factibilidad, el interés que puede generar, los incentivamos. Cuando vemos que el ángulo elegido puede tener dificultades, lo charlamos o les tiramos ideas sobre cuál es el rumbo, para no coartarles esa libertad. Muchas veces vienen con un entusiasmo lógico, que incentivamos diciendo que el tema es muy bueno y les marcamos cuáles son las distintas líneas para entrarle a ese tema, con quien pueden conversar. A veces lo tienen bastante resuelto, como este año que prácticamente ha sido poca la consulta sobre qué y cómo o cuando hacer. Efectivamente creo que ya se ha instalado en los dos primeros años una idea de que es lo que nosotros buscamos, por lo tanto, el entusiasmo viene dado por los redactores de NT sobre los temas que indagan. Este año tenemos la satisfacción de ser elegidos por los estudiantes, y saben cuál es ‘la línea’. Es cierto que no tenemos una línea editorial, por ahí hay innovaciones que proponen los estudiantes y las aceptamos porque la idea de NT es justamente construir entre toda la comunidad: docentes, estudiantes, miembros del departamento. En ese sentido tienen la libertad de proponer, que no significa otra cosa que cumplir, quien propone hacer algo, ¡lo hace! Y si no sale, no pasa nada, se sigue para adelante. No estamos con el pie encima. Cuando tenemos ideas y se las proponemos, también partimos de la necesidad que tengan un mínimo de requisitos que se requieren para poder promocionar, porque no deja de ser una materia optativa al fin. El entusiasmo que sienten por participar en un medio, de ver que sus trabajos son publicados en un lugar, que sus profesores han leído lo que producen, para nosotros es muy importante y satisfactorio. Ese acompañamiento es fundamental. En general, cuando les hemos remarcado que a las notas les puede faltar esto o aquello, han avanzado. Nosotros no les llamamos correcciones, porque no es nuestra intención corregir notas, sino que son indicaciones para potenciar o mejorar. Y creo que lo han entendido. A veces nos consultan a cada uno en particular, según con quien tengan un poquito más de confianza, y a veces nosotros resolvemos que pasen por el tamiz de nuestra vista y hacemos las devoluciones. Hay mucha madurez en una generación de estudiantes que están muy acostumbrados a producir porque ya trabajan en algún medio o producen para redes. Las dinámicas en la forma de consumir el periodismo son totalmente distintas a lo que era el viejo Trópico -donde había una redacción y se publicaba por día- aquí las dinámicas en la forma de consumir el periodismo y los medios es diferente, y creo que eso juega muy a favor de Nuevo Trópico, porque los estudiantes saben cómo producir y cómo acompañar sus producciones”.
El ADN de Nuevo Trópico
Sostener esa vara alta de exigencia y mantener vivo un medio autogestionado en el contexto actual es, de por sí, una proeza. A tres años de su lanzamiento, Nuevo Trópico ya superó la etapa fundacional y se consolidó como una verdadera trinchera de formación periodística. Al mirar hacia atrás, Martín Dzienczarski hace un balance de este recorrido, poniendo en la balanza lo que costó llegar hasta acá y las recompensas que les devuelve el día a día:
“Sostener el medio y consolidarlo nos parece un fin igual que describía Galeano a las utopías. Damos dos pasos para tratar de consolidarlo y sostenerlo, y ese objetivo se aleja un poco más. Es un proceso constante, el desafío es tener siempre apoyo, medios y entra en el combo también tener sueldos dignos como trabajadores de la educación. Algo que realmente desmotiva porque con la crisis salarial profundizándose constantemente en este gobierno, al combo de tareas sumarle una optativa por la que tampoco hay ingreso extra contemplado, lo vuelve una tarea de militancia. Espero que no se nos corte la motivación nunca. Entre las satisfacciones: ver nuevos estudiantes promoviendo, proponiendo, entrevistando, ejecutando, escribiendo, corrigiendo, aprendiendo, cometiendo errores y volviendo a intentar, es realmente el combustible que sostiene este motor. Un estudiante propone contar un barrio popular y denunciar cómo vive la gente, una estudiante quiere cronicar la vida de un canillita… y es ver en ellos reflejada esa chispa periodística y envidiar tener un medio universitario al alcance para dar los primeros pasos. Y que los primeros pasos, que siempre tienen errores, se hagan en un medio que privilegia a la información como derecho y a aprender en el proceso, antes que publicar. En el balance nos queda a todos los profes de NT la satisfacción de que en tiempos donde nadie escucha a nadie, donde es todos contra todos, mantenemos prendida la llama del periodismo.
Pero el objetivo final de esta redacción escuela no es retener a los estudiantes, sino darles las herramientas para cuando crucen la puerta de la facultad. En un escenario mediático que suele premiar el sensacionalismo y la inmediatez por sobre la profundidad, Dzienczarski define cuál es la huella de la cátedra. Ese “ADN Nuevo Trópico” irrevocable con el que los futuros cronistas salen armados a pelearla a la calle:
“En la primera clase de este año, clase pública en el Rectorado en plena protesta por la Ley de educación, mientras estudiantes de las camadas previas de la materia explicaban por qué repetían, me salió decir que el objetivo era que se les despierte adentro ese “algo” que los obligue a descubrir, reconocer y querer corregir una coma mal puesta, un adjetivo mal usado, una nota con una operación de prensa escondida. Ese “algo” que te lleva a machacar una idea buscando ese primer párrafo o gancho perfecto, a entender al Periodismo como la alquimia de palabras y navegar entre dos lugares comunes que me permito repetir: de entender la importancia de la palabra, a entender que las palabras suenan aunque las leamos en silencio, como dice Cristian Alarcón (maestro de periodistas), y a que incorporamos que la palabra escrita nunca puede ser apagada, como dijo Carolina María de Jesús (primera autora preta —es decir, negra— publicada en Brasil, cronista de la favela, brasileña). En fin, a enamorarse de un oficio fantástico que no encierra otra cosa que saber narrar, contar, denunciar, poner la verdad al servicio de la palabra. En cualquier plataforma, en cualquier formato. Y entendiendo que el mercado de la información privilegia el “recorte”, pero muchos todavía estamos dispuestos al contenido, a la profundidad, a la realidad sin filtros.”En tiempos donde el periodismo parece condenado a la urgencia y al algoritmo, Nuevo Trópico se planta como un laboratorio vivo: un espacio donde la hoja en blanco se convierte en desafío, la polifonía en método y la libertad en responsabilidad. Tres años después, el medio no es sólo un proyecto académico: es la prueba de que el oficio sigue respirando en cada estudiante que se anima a disputar el sentido. Ese es el verdadero homenaje al Día del Periodista: no mirar al bronce, sino al presente que late en las redacciones que todavía creen en la palabra.