POR JORGE FIGUEROA
“Cualquier historia que se quiera contar sobre la industria azucarera no debe obviar a sus trabajadores, a los obreros del surco y de la fábrica. Son ellos los que han producido la riqueza, a fuerza de machete, penurias y miserias de miles y miles de familias; a sudor y lágrimas. ¡Cuánto se ha disfrutado la canción de Palito Ortega ‘Changuito Cañero’ (1964)!, sin caer en cuenta que se trata de un verdadero himno elogio al trabajo infantil”.
Así comencé un artículo que publicó La Gaceta en octubre de 2021, cuando se cumplía el bicentenario de la industria azucarera y que polemizaba con otros que suscribían un par de historiadores reputados.
Las crisis de superproducción y la tendencia decreciente de la tasa de ganancia del capital no solo son estructurales al capitalismo sino frecuentes. En 1966 la dictadura militar que dirigía el teniente general Juan Carlos Onganía resolvió la crisis con una concentración del capital y cerró 11 ingenios el 22 de agosto con el llamado Operativo Tucumán; fue un cierre escalonado que no sucedió en un día, mes o año (7 el 22 de agosto de 1966 y el resto hasta 1968).
Pero hubo heroicas luchas que sacaron de esa lista al ingenio Bella Vista, en la que diferentes sectores se unieron y llevaron la resistencia a la misma plaza Independencia.
Es decir, el golpe de Onganía también se dirigió a derrotar una dirección clasista de la FOTIA que tendía a afirmarse. Más allá del tremendo golpe, cuyas consecuencias recordaremos rápidamente, el propósito de esta nota es analizar el estado del proletariado en ese momento y cuál fue la respuesta a ese ataque.
Los 60 años de ese golpe a los obreros y cañeros tucumanos se cumplen estos meses. Distintos autores estiman que alrededor de 50.000 obreros perdieron sus trabajos y unos 200.000 tucumanos fueron a poblar el conurbano bonaerense: el segundo y tercer cordón, en especial, las villas miseria (los grandes ingenios de la provincia fueron favorecidos pero también los Patrón Costas y Blaquier de Salta y Jujuy). “Los historiadores locales que se han expresado por estos días nada dicen, por ejemplo, de las fábricas de Emile Nadra, que falleció hace pocos años sin haber sido indemnizado por esa expropiación: en esa concentración Nadra perdió tres ingenios y luego un cuarto” (La Gaceta, octubre 2021).
Este proceso no ha concluido. Hoy el ingenio San Juan está cerrado y ha cambiado de manos el Santa Bárbara, el Concepción (el mayor del país junto con el Ledesma) y Famaillá. La firma Budeguer dueña del ingenio Leales adquirió La Esperanza de Jujuy, y acumuló la mayor cantidad de tierras, y la firma Rocchia Ferro pasó de ser “fierreros” a tener los ingenios La Florida, Aguilares y Cruz Alta).
Insisto, el objetivo de este artículo acentúa cómo la clase obrera recibió, resistió o no, ese importante golpe que representó la clausura de más de una decena de fábricas; cómo se encontraba y qué fuerzas políticas actuaban en su dirección.
La FOTIA
En 1966 la FOTIA (fue fundada en 1948) ya se había constituido en el cuarto gremio del país, por su cantidad de afiliados (la UOM era el primero y le seguían el del vestido y el de la carne). Se trataba de la construcción de una federación sindical impulsada y regimentada por el peronismo pero que realizó, paradójicamente, durante esos mismos gobiernos sus principales luchas y huelgas: en 1949 y 1974. La que sumó gran cantidad de activistas y dirigentes torturados, desaparecidos y asesinados; numerosos combates contra el cierre de las fuentes de trabajo en 1968 y 1969, movilizaciones masivas en la Plaza Independencia (casi el 40% de las víctimas del de la dictadura cívico militar fueron obreros, muchos de ellos pertenecientes a los sindicatos de los distintos ingenios).
¿No nació acaso en esa industria la leyenda de El Familiar? Las denuncias y acusaciones sobre centros de torturas y detenciones (a 45, 46 años) están en curso en algunas fábricas. Dos películas del cineasta Jony Perel, “Responsabilidad empresarial” y “Toponimia”, narran la complicidad de los dueños de los ingenios; una de ellas, en la que menciona expresamente al ingenio La Fronterita ( Famaillá) se exhibió en la Berlinale. Hace un par de años se cumplieron 45 años del apagón en Jujuy y hoy Carlos Blaquier (Ingenio Ledesma) está próximo al juicio por delitos de lesa humanidad mientras que su hijo adquirió el ingenio Concepción). ¿Todo esto no forma parte de la historia de la industria azucarera? Y para qué hablar del famoso Fondo Patriótico Azucarero que aportaron los propietarios para obras públicas (1.000 millones de pesos entre 1976-77, aunque su destino es incierto) que les exigió y logró Bussi apenas producido el golpe militar. Y luego estarán los fondos para ayudar a la creación de distintos pueblos y las donaciones (voluntarias y no) de tierras.
En 1968, el movimiento artístico Tucumán Arde visibilizó algunas de estas situaciones en una intervención que se realizó en esta provincia y se expuso en Rosario en la sede de la CGT de los Argentinos (casi nada llegó a Buenos Aires). Videos, grabaciones, reportajes e instalaciones de ese Tucumán de 1968 se conocieron en París y en otras ciudades de Europa, antes que termine ese año. Fueron casi una veintena de artistas de grupos de vanguardia de Rosario y Buenos Aires los que participaron activamente (contaron con el respaldo de Benito Romano de la CGT de los Argentinos y del gremio ATEP).
La clase obrera
La superproducción, la tasa de ganancia decreciente del capital, pero también la consolidación de una clase obrera en lucha contra los patrones son los datos de los 60; su carácter clasista. Importa este “detalle” porque fue en ese período que el trotskismo y un sector del peronismo de izquierda ganaron posiciones políticas en las direcciones de sindicatos y de la misma FOTIA. Todo un sector nucleado en la agrupación Aparicio conquistó secretariados en distintos sindicatos (en las elecciones de 1965 lograron además ubicar ocho diputados obreros que finalmente poco o nada esstuvieron por el golpe). Pero no todo el trotskismo apostó allí: el sector de Jorge Altamira lo hizo en Córdoba, tal vez, tal vez digo, subestimando al obrero azucarero (o confundiéndolo con el campesinado) y sobrevalorando al automotriz. La agrupación de Nahuel Moreno ganó direcciones en distintos sindicatos. Palabra Obrera (futuro PRT-La Verdad, PST, MAS) envió a uno de sus máximos dirigentes a encabezar el trabajo, como Ernesto González (su informe específico se puede leer en “Historia del Trotskismo”, T. 3, páginas 170 y siguientes). También se asentó con el médico Hugo Santilli y Ángel Bengoechea a principios de los 60, militantes que abrieron contactos y relaciones en el ingenio San José, en particular, y en la estructura sindical de FOTIA. Por el contrario, Christian Rath (PO), el “Colo”, (que con un grupo católico que provenía de Bahía Blanca se había incorporado poco antes de 1970) fue trasladado, a Córdoba, y se convirtió en un dirigente del Cordobazo; también fue enviado Ernesto Foix (Marcelo Martin), quien fundó PO en esa ciudad. 1966 encontró a FOTIA y al sindicato del ingenio San José en un nivel muy alto de organización; por primera vez se hizo el Congreso de Delegados seccionales, en la que reunieron más de 600 obreros de todos los sindicatos, donde debatieron sobre las diferentes problemáticas y situaciones que hacían al movimiento obrero azucarero. Leandro Fote, Antonio del Carmen Fernández, Miguel Soria y Emilio Reinoso, de los ingenios Santa Ana, San José, Santa Rosa y Concepción fueron algunos de los dirigentes de izquierda en esas luchas. El trotskismo en Tucumán tuvo, pues, un desarrollo obrero en un momento en el que igualmente agrupaciones peronistas combativas conquistaban seccionales y parte de la dirección de la FOTIA (Benito Romano fue secretario gremial de la CGT de los Argentinos). El carácter de esas direcciones se confundieron luego con la orientación guerrillera y así pasó a la historia, como el morenismo y el foquismo.
Luchas
Hilda Guerrero de Molina, esposa de un obrero despedido y activa militante, durante las protestas y huelgas convocadas por la FOTIA se convirtió en el emblema de resistencia en este período. El 14 de diciembre del 66 la CGT (también por los portuarios y otros sectores) convocó un paro nacional y en enero del año siguiente fue asesinada Guerrero de Molina: en enero de 1967, durante una de las tantas jornadas de lucha convocadas por la FOTIA cayó asesinada por la represión policial en la localidad de Bella Vista. Así lo cuenta Silvia Nassif: en abril de 1969 la pueblada continuó en Villa Quinteros, donde funcionaba el ex ingenio San Ramón. La resistencia, entonces, pasó por los comités pro-defensa y la coordinadora de ingenios cerrados. El ingenio Bella Vista logró salvarse del desmantelamiento definitivo gracias a una combinación de feroz resistencia obrera y comunitaria.
Pero el paro de la CGT puso en evidencia las fuertes divisiones dentro del sindicalismo peronista. Mientras que los sectores más combativos impulsaban el paro como un enfrentamiento total a la dictadura, la facción “participacionista” -liderada por figuras como Augusto Timoteo Vandor– convocó a la huelga buscando presionar al gobierno para que abriera canales de diálogo, aclarando que no implicaba romper con el proyecto militar.
En este contexto de aislamiento de la burocracia sindical se puede entender por qué, la FOTIA con una dirección clasista y en lucha, no pudo revertir el proceso de concentración azucarera. Rodrigo Domínguez (ponencia en la Universidad de Mar del Plata, 2017) se ocupó en particular del ingenio San José en la que el trotskismo ocupó la dirección, pero además estableció relaciones sociales de los obreros, a través de la actividad en el club.
Todo un ciclo
El sociólogo Emilio Crenzel señala un ciclo de luchas en la provincia entre 1969 y 1972 en el contexto de la crisis azucarera (el Tucumanazo ocurre en noviembre de 1970 y el Quintazo en junio de 1972); el enfrentamiento de 1969 fue en mayo. Agrega: “en 1966 el 7,4% de la PEA está desocupada y de esa cifra el 53,7% son asalariados…”. El sociólogo puntualiza que en el cierre de 5 ingenios en 1966 quedan desocupados 1.714 obreros permanentes y 2.613 obreros transitorios. En 1967 cierran 6 ingenios que desocupan casi 8 mil obreros. (El denominado Operativo Tucumán registró 16 nuevas industrias ocupando un conjunto de 4.300 obreros).
La resistencia
Pero hay que aclarar que en enero de 1967 se produce una manifestación obrera del ingenio Bella Vista. Raimundo Ongaro es detenido cuando viajaba allí con ayuda de la CGT de los Argentinos. También en enero hay una marcha y una huelga de hambre de 26 de hombres y mujeres. En marzo alrededor de mil manifestantes se expresan en Villa Quinteros para reclamar por el cierre del ingenio San Ramón. Y en abril hay una marcha de los trabajadores del Bella Vista a la ciudad.
En mayo hay manifestaciones en las facultades de Filosofía y Letras, Derecho y de estudiantes secundarios que forman una coordinadora de secundarios. Hay misas de curas tercermundistas en Ciudadela, San Cayetano y San José. Crenzel detalla con precisión las luchas populares que sucedieron en mayo, junio, julio, y en la que participan obreros azucareros, ferroviarios y estudiantes universitarios y secundarios. En julio hay un nuevo paro de la CGTA, también en octubre, una fecha en la que se toma el ingenio San Pablo. Los datos informan que en esta provincia la lucha contra la dictadura comenzó antes que en el Cordobazo de 1969.(La lucha de los obreros azucareros tiene su expresión desde la denominada “marcha del hambre” en 1961 que provocó una real ocupación de la Plaza Independencia).