POR ANA LAURA RACEDO*
Ante la falta de formación pública y gratuita en danzas nacidas en la calle, la “crew” Apáticas se formaliza para democratizar un sector que hoy genera más inserción laboral real que las estructuras académicas tradicionales.
En San Miguel de Tucumán, la cultura popular contemporánea conocida como “urbana” ha dejado de ser un fenómeno de nicho para convertirse en el motor de la industria creativa joven. Sin embargo, el vacío institucional es evidente: no existen propuestas de formación pública y gratuita.
Al revisar la oferta oficial, la deuda es clara: la Facultad de Artes de la UNT no incluye al “street dance” en sus planes de estudio ni lo contempla en sus proyectos de extensión. Esta exclusión institucional obliga a los artistas a volcarse a una formación privada, convirtiendo al arte en un espacio de difícil acceso.
Esta exclusión institucional contrasta con los avances regionales en políticas culturales. Brasil, por ejemplo, ha dado un paso histórico al anunciar una inversión de 50 millones de reales a través del Ministerio de Cultura para el programa “Hip Hop en las Escuelas”. Esta iniciativa no solo busca la formación artística, sino que reconoce al Hip Hop como una herramienta pedagógica y de transformación social, integrándolo formalmente en el sistema educativo para profesionalizar a sus trabajadores y fortalecer las identidades locales. El programa busca que talleristas, artistas y referentes del movimiento ingresen a las instituciones educativas para impartir los cuatro elementos (DJ, Breaking, Graffiti y MC/Rap).
Lo que las instituciones omiten es que, hoy en día, el “street dance” abre puertas laborales que la formación académica tradicional muchas veces mantiene cerradas. Mientras los lenguajes tradicionales se ven limitados a elencos estatales de difícil acceso, el mercado actual (producción audiovisual, videoclips, publicidades y eventos) demanda profesionales del movimiento “urbano”. Aquí reside la mayor contradicción: el sistema formal ignora las disciplinas con mayor salida laboral para las nuevas generaciones.
Sin embargo, ese mercado suele ser informal, y es allí donde la organización colectiva se vuelve necesaria. La Asociación Civil funciona como el puente necesario entre el talento y el mercado profesional. Mientras un grupo informal encuentra barreras para facturar o aplicar a fondos, la personería jurídica profesionaliza la actividad, un paso que es fundamental si consideramos que, según la Resolución 83/2026 de la Secretaría de Cultura de la Nación (https://www.argentina.gob.ar/normativa/nacional/resolución-83-2026-423156/texto), la formalización y el registro de los trabajadores de la cultura son hoy requisitos indispensables para acceder a estándares profesionales y circuitos de fomento oficial.
La conformación de Apáticas como asociación sin fines de lucro permite: gestionar empleo funcionando como una unidad para firmar contratos colectivos, garantizando condiciones dignas y pagos justos para cada integrante; acceso a recursos permitiendo aplicar a fondos nacionales e internacionales; certificación de saberes ya que la asociación otorga avales institucionales que respaldan el currículum de los bailarines frente a futuras audiciones.
Bajo el nombre de Apáticas, el grupo del cual soy parte decidió pararse en el lugar opuesto al que sugiere su nombre. Entendiendo que el arte crece en el encuentro, el proyecto ha iniciado su transición legal por una convicción de participación democrática. Frente a las estructuras jerárquicas, la asociación garantiza que cada integrante tenga voz en el rumbo del proyecto.
La problemática que atendemos es la brecha entre el aprendizaje y el trabajo digno. El modelo de Apáticas propone un sistema que no termina en el salón de clase, sino que se proyecta hacia la profesionalización con capacitación técnica sin barreras económicas que excluyan el talento, con inserción laboral conectando la formación con las demandas de la industria creativa actual y con compromiso social, utilizando la danza como una herramienta de participación ciudadana.
La conformación de esta asociación es una respuesta a la falta de inclusión académica. Se trata de construir la estructura para que las danzas que se inscriben en el “street dance” sean reconocidas como una profesión legítima. En un contexto que invita a la indiferencia, organizarse para ocupar los espacios que las instituciones dejan vacíos es nuestro mayor acto de compromiso. Como bien señala la investigación académica nacional del CONICET “Estado y organizaciones de la sociedad civil” (https://portalderevistas.unsa.edu.ar/index.php/Andes/article/view/203/4318), las asociaciones civiles en Argentina han sido históricamente una de las formas de organización encargadas de dar respuesta y estructura allí donde el Estado o la academia tradicional aún no han llegado.
Nuestra formalización se inscribe también en la lucha histórica por la Ley Nacional de Danza (https://www.leynacionaldedanza.org/wp-content/uploads/2022/10/2022-LEY-NACIONAL-DE-DANZA-1.pdf). Entendemos que el vacío que hoy enfrentamos en Tucumán, donde la cultura “urbana” es ignorada, solo podrá revertirse de manera definitiva con un marco legal que reconozca a la danza como una industria estratégica y al bailarín como un sujeto de derecho laboral. Al organizarnos, nos preparamos para ser parte de esa estructura federal que la ley proyecta, garantizando que los recursos y el fomento lleguen efectivamente a los territorios del Norte Argentino.
*Ana Laura Racedo es estudiante de Cs. de la Comunicación y fundadora de “Apáticas”.