Cuando el Estado olvida, la militancia estudiantil acciona

POR BENJAMÍN VARGAS 

El Barrio “Las Piedritas” es un barrio ubicado en la ciudad de San Miguel de Tucumán. Está ubicado al lado de la ruta nacional 9. Se puede llegar a él en auto, entrando por el Hipódromo de la provincia, o por colectivo. Si bien hay líneas que pueden llegar relativamente cerca, como la 4, 8, 10 o 19, las cuales llegan hasta la terminal de ómnibus, ninguna llega directamente al barrio, por lo que el resto del viaje se debe hacer a pie. Allí viven alrededor de 20 familias, las cuales viven en una situación compleja, ya que el lugar carece de comercios, como supermercados, por lo que muchos vecinos decidieron abrir pequeños almacenes, sino tienen que ir a comprar alimentos y otros productos en frente del barrio, cruzando la ruta, o tienen que ir a la “gran ciudad” para abastecerse.

Además, el barrio se encuentra con basura acumulada en las periferias, calles sin asfaltar y agua estancada, que son solo algunos de los problemas que este lugar y sus habitantes atraviesan día a día. Las casas, si bien algunas están hechas de material, la mayoría son estructuras hechas de chapa, madera, etc. Y esto sin mencionar que el lugar carece de instituciones educativas, por lo que muchos de los chicos tienen dificultades de aprendizaje o deben recorrer grandes distancias para educarse. 

Fátima tiene 56 años, es una vecina del lugar, vive allí hace más de 20 años, y cuenta entre mate y bollitos caseros la ausencia del Estado: “nos sentimos completamente abandonados por el Estado, vinieron solo una vez hace tres años prometiendonos mejoras en las condiciones de vida y no volvieron a aparecer”. La mujer también comenta, sin embargo, que disfruta del modo tranquilo de vida que llevan: “nos conocemos todos, es un ‘pueblo’ chico. Muchas veces nos juntamos entre las mujeres del barrio a tomar mate y conversar mientras los chicos juegan a la pelota. Por ese lado, es muy confortante”. 

Una de las carencias más grandes que Fátima observa en el barrio es sobre la educación de los más jóvenes: “muchos no pueden acceder a una escuela, principalmente porque acá no hay ninguna, sino que tienen que ir a la ciudad y muchas veces es muy difícil poder sostenerlo”, asegura, refiriéndose a que, aunque el barrio se encuentre en Capital, en el mismo no se sienten parte de la “ciudad” de San Miguel. 

En el barrio, estudiantes de la Corriente Estudiantil Popular Antiimperialista (CEPA) de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT llevan adelante, desde hace dos años, diferentes actividades para los más chicos en el barrio: “nos hace sentir muy bien que haya jóvenes que se interesen en nosotros y en especial en los más chicos, hace ver que no estamos completamente olvidados, sino que hay alguien que se preocupa por nosotros y organizan actividades para nuestros hijos. Les agradecemos a estos chicos por venir todas las semanas a estar con nosotros”, comenta Fátima. 

La situación de los barrios populares en Argentina es alarmante. Según un informe de la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ), en conjunto con el Observatorio Villero de La Poderosa y la asociación Temas, hasta 2025 viven en el país cerca de cinco millones de personas en más de seis mil barrios populares, y de ese total, entre el 41 y 60% de todas las familias recurren a comedores comunitarios porque no tienen un empleo que les permita poder poner un plato de comida en la mesa, mientras que el 90% enfrenta riesgos ambientales, como plagas, acumulación de basura y proximidad a fuentes contaminantes. 

Además, el 73% vive en condiciones precarias, y el 50 % de los hogares relevados accede al agua mediante conexiones informales (alcanzando picos del 95 % en algunos barrios), y el 63 % se conecta de manera precaria a la red eléctrica. 

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