POR DANIELA ARCOS
La reciente adaptación de Off Campus dirigida por Louisa Levy en Prime Video protagonizada por Ella Bright y Belmont Cameli propone una mirada distinta sobre los vínculos afectivos en las ficciones juveniles. Lejos de los romances atravesados por la toxicidad y el dramatismo extremo, la serie apuesta por relaciones construidas desde el cuidado, la empatía y la comunicación emocional.
La serie sigue a los protagonistas: Hannah Wells una compositora de música clásica con un pasado que la atormenta y Garrett Graham el jugador de hockey estrella donde para conseguir lo que quieren deben fingir que son pareja. Hasta aquí todo muy cliché pero a medida que la serie avanza vemos como capa por capa nuestros protagonistas van mostrando sus diferentes facetas y vulnerabilidades.
Durante años, las series y películas juveniles instalaron la idea de que el interés romántico masculino debía ser emocionalmente inaccesible, controlador o incluso violento. Off Campus rompe con ese modelo y propone personajes masculinos atravesados por la empatía, el cuidado y la responsabilidad afectiva.
Por ejemplo cuando Garrett recurre a su amigo Dean por consejos íntimos no vemos la típica escena de hombres haciendo chistes machistas sobre la intimidad, sino vemos hombres hablando de consentimiento, responsabilidad y la seguridad que debe estar presente en este tipo de actos.
Estos personajes entraron en la categoría de “Hombres escritos por mujeres” un término que se popularizó al referirse a personajes que son todo lo contrario al arquetipo que dominó la industria romántica ya que estos personajes se caracterizan por ser responsables emocionalmente, atentos y sobre todo vulnerables sin sentir que esto amenaza de alguna manera su masculinidad.
La serie apuntó a cuestionar la idea de que la amistad entre hombres debe estar marcada por la competencia y las burlas, en Off Campus vemos hombres sin masculinidad tóxica compartiendo sus emociones, intimidad y cuidado sin verse forzado y aceptando que dichas emociones son humanas, no un signo de debilidad.
La serie resignificó las dinámicas femeninas donde podemos observar amabilidad y camaradería entre las mujeres sin importar el vínculo romántico que pudo haber de por medio con el protagonista, y esto realmente es emocionante porque nos acostumbramos a ver mujeres compitiendo y siendo crueles con la otra por la atención del interés amoroso,reforzando la idea de que “las amistades femeninas no son genuinas”.
Si bien la trama sigue estructuras conocidas del género, el verdadero diferencial está en cómo construye sus vínculos.
La forma en la que se planteó el conflicto entre los protagonistas también nos invita a reflexionar ya que Garrett no se molestó con Hannah por no haber aparecido en el juego sino por no haberle comunicado su malestar, nos presentó un conflicto desde el cuidado y la preocupación y no desde el control y la manipulación emocional.
Hannah deja atrás el estereotipo de “Chica rota que necesita ser salvada” porque nos enseña a una protagonista que sí pasó por algo horrible pero con sus herramientas emocionales y artísticas es capaz de sanar sin depender de alguien más.
Finalmente en Garret no vemos al chico dañado que se excusa con su pasado y sus traumas para lastimar a la protagonista y la dinámica donde es ella la que aguanta y perdona en nombre del “amor”, vemos que si bien sus miedos le ganan y decide alejarse, es capaz de expresarlos y enfrentarlos a través de la comunicación y la vulnerabilidad emocional que eso requiere contando con la ayuda de su mejor amigo demostrando esta amistad masculina basada en la empatía y la conexión emocional.
Quizás el verdadero éxito de Off Campus no sea reinventar el romance universitario, sino demostrar que los vínculos sanos también pueden ser intensos, atractivos y profundamente emocionales. Que el cuidado, la comunicación y el consentimiento no le quitan pasión a una historia de amor: la hacen más humana.