“Excavar el Silencio”: la arqueología forense en la investigación de crímenes de lesa humanidad

POR MARIANA DE LOS ÁNGELES FLORES

La muestra Excavar el Silencio, memorias desedimentadas en el Pozo de Vargas presentó detalles sobre los trabajos arqueológicos desarrollados desde abril de 2002 a la actualidad, los cuales posibilitaron el hallazgo y la recuperación de 149 víctimas de desaparición forzada en el pozo de agua ubicado en Tafí Viejo (Tucumán), pertenecientes al período del Operativo Independencia y la Última dictadura cívico-militar. 

Aldo Gerónimo es parte del Colectivo de Arqueología, Memoria e identidad (CAMIT), organización formada por arqueólogas y arqueólogos forenses y peritos de la Justicia Federal formados en la Universidad Nacional de Tucumán. Su trabajo de investigación se orienta a causas vinculadas a delitos de lesa humanidad durante el período de 1975 a 1983, principalmente en la causa Romero Enrique s/su denuncia. Expte. 140/02; más conocida como el Pozo de Vargas.

La exposición presentada en el Centro Cultural Virla y organizada por el CAMIT en conjunto con la Dirección de Documentación, Biblioteca Central y Archivo Histórico de la UNT, ofreció un recorrido interactivo en el que participaron estudiantes, instituciones, familiares de desaparecidos y público general.

El paseo comienza con un botón, elemento que acompañará al visitante en todo el trayecto de la muestra. Aldo nos comenta la importancia de la pieza para crear un guion museográfico “que muestre que a partir de ese botón tan diminuto nos daba mucha información”. 

“El botón es parte del atuendo con el que te abrigas, te lleva, te cierra, te cubre cierta parte del cuerpo. Entonces es como muy íntima la función que tiene ese botón, pero no le damos mucha importancia”.

Además, “es tan importante como otro objeto, como una cadenita, como tu DNI… ahora por ejemplo el celular o una tarjeta de débito”, los cuales brindan información sobre la identidad de una persona. 

El botón entonces tiene una doble funcionalidad en el proyecto, primero como objeto de información que llega a los arqueólogos y permite estudiar a partir de la materialidad la historia de esa persona. Y segundo, como pieza colaborativa en la que las personas puedan escribir en él su nombre o el de un familiar desaparecido y colocarlo en la muestra. “Nuestra actividad es justamente ya no solo a los que hemos recuperado sino a los que faltan recuperar… aunando fuerza y que los familiares también reactiven la memoria con este accionar”, expresa el investigador en arqueología.

La parte histórica de la Dirección de Archivo y Biblioteca Central de la Universidad Nacional de Tucumán contó con copias de legajos de estudiantes, docentes y no docentes de la UNT restituidos a familiares, correspondientes a las personas recuperadas e identificadas en el Pozo de Vargas.

Los trabajos arqueológicos en el pozo de Vargas

El pozo fue construido a fines del siglo XIX en el municipio de Tafí Viejo para abastecer de agua a las antiguas máquinas ferroviarias a vapor. En el año 2002, a partir de testimonios y relatos de vecinos, comienza la investigación arqueológica forense en la finca privada de Antonio Vargas, lo que posibilitó el hallazgo de una construcción subterránea de aproximadamente 40 metros de profundidad. En su interior se habían arrojado diversos materiales, escombros, botellas de vidrio, bloques pesados y tierra, que según determinó la investigación, fue para ocultar pruebas.

En 2004 se recogieron las primeras evidencias óseas a varios metros de profundidad y desde el año 2009 el Colectivo de Arqueología, Memoria e Identidad de Tucumán logró recoger unos 38.000 segmentos esqueletales, la mayoría entre los 28 y 32 metros de excavación. Esto permitió la identificación de 149 víctimas y el reconocimiento de 120 perfiles genéticos mediante muestra de ADN de familiares en el marco de la Iniciativa Latinoamericana para la Identificación de Personas Desaparecidas (ILID-EAAF).

“Toda esa información salió dentro de la recuperación arqueológica de las víctimas, más prendas de ropa y otras materialidades que había en el pozo”, comenta Aldo. También detalla la relevancia de los objetos para estudiar las etapas y períodos de los hechos ocurridos: “hay distintas materialidades también tapándolos porque las han utilizado para ocultar los cuerpos. Hay chapitas y botellas también, por eso están las botellas que mostramos y hay más botellas fragmentadas… todas tienen fecha de producción… esas fechas, entonces del ‘75, ‘76, ‘77 y ‘78, nos dan para comparar cronológicamente tanto la fecha de desaparición de esa persona como las materialidades, no solo las chapitas, hay otras, por ejemplo bolsas de arroz… todas esas fechas coinciden en la utilización del pozo de Vargas”.

A partir de las investigaciones periciales se determinó que desde 1975 hasta mediados de 1977 el pozo fue utilizado para ocultar los cuerpos de las víctimas durante el Operativo Independencia y la última dictadura cívico-militar.

La muestra textil 

Las prendas textiles proporcionan información fundamental sobre las condiciones relacionadas al secuestro, cautiverio y desaparición de las personas, como la falta de higiene, el frío, las agresiones y el uso de tabiques y ligas para amordazar y vendar a las personas.

Aldo da un ejemplo del trabajo del arqueólogo Andrés Romano, quien también es perito forense y parte del equipo de CAMIT: “él determinó mucho de esta investigación a partir que, por ejemplo, las víctimas cuando fueron secuestradas desaparecían en distinto momento de sus casas o de la vía pública. Estaban vestidas con camisas o con tapado, entonces ropa de invierno, ropa de verano… así se pudo dividir y hacer una indicación sobre qué ropa tenía esta persona en el momento de ser secuestrada… Y muchas veces también nos damos con que muchas familias han reconocido esa ropa”, ropa que se encontraba unida a fragmentos óseos.

“Hay otras (prendas) que estaban con los cuerpos de las personas, pero que los familiares dicen que no es la ropa. Entonces, en algún momento esa persona se ha cambiado o ha podido recuperar de algún centro clandestino de detención esas ropas para abrigarse”, todo esto puede determinar el estudio arqueológico.

“Nosotros en la arqueología estudiamos a partir de la materialidad, la historia de esa persona. Entonces, cómo hace el humano para habitar un espacio, cómo construye, cómo es… todo eso vamos reconstruyendo para ver su historia de vida. Con la ropa también, entonces vas haciendo un cúmulo de información de esas personas, de esas víctimas. La arqueología trata de ser… de interpretar la vida del ser humano a partir de la materialidad.”

El aporte de la arqueología para el investigador es poner la materialidad y la información precisa de los hechos. “Nosotros en el pozo hemos excavado y hemos investigado escenas de crímenes… toda esa escena de crimen está documentada y es lo que pasó y es lo que está en los informes de la Justicia. Esa información que nos da la materialidad no se puede negar… eso para la historia es muy fuerte”.

En 2015 el Pozo de Vargas fue declarado sitio de memoria y “lugar de enterramientos clandestinos” durante el Operativo Independencia y el último golpe cívico militar.

Ciencia para restaurar la historia 

Para comprender en profundidad las características del período comprendido entre 1975 y 1983 es indispensable la vinculación entre testimonio y materialidad. 

La ciencia, en palabras de Aldo, tiene que “llenar los vacíos que se ha obstruido: la sociedad cuando pasó esto ha sido quebrada, una historia ha sido quebrada”. Cuando se llevan a un padre, a un amigo o a una hija, la familia y el grupo social de la víctima pierde todo cúmulo de información, la persona no vuelve, no está más. Entonces falta eso”.

En el momento en que la arqueología reconstruye la vida de alguien, “cuando lo devuelve a los familiares… restituye esa historia a la sociedad, eso que faltó”. El arqueólogo sostiene la importancia de llenar los vacíos con la información obtenida desde la disciplina. “Si no fuera también por la genética, no se hubiera comparado el ADN (del cuerpo), no se sabría de quién es”, explica en relación a la articulación entre la arqueología, antropología y la genética en el trabajo de reconstrucción histórica.

La función de la ciencia, en ese sentido, es profundamente social. El CAMIT se encuentra continuamente en diálogo con los familiares de las víctimas, cuando se identifica a una persona en el pozo “la familia ya tiene un lugar donde dejar flores, donde plantar un árbol, el día del padre por ejemplo ya deja flores, o de su cumpleaños”, “eso creo que es parte del duelo para la familia, y es parte de la historia de la sociedad”, concluye Aldo Gerónimo en la entrevista.

La muestra, fue presentada desde el 7 de septiembre hasta el 12 de septiembre, busca exponerse nuevamente en instituciones como el Museo de la Universidad Nacional de Tucumán (MUNT) y la localidad de Tafí Viejo.

*La imagen de portada de esta nota es autoría de Aldo Gerónimo, integrante del CAMIT a quien le agradecemos la deferencia.

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