Comer a crédito y pagar la luz en cuotas: ¿cómo es la economía en Lastenia?

POR ROCÍO BORRÁS

J.S. tiene 34 años, dos hijas pequeñas y vive en Lastenia. Se enfermó y la licencia para recuperarse la dejó en un limbo laboral: quedó estancada en un proceso de reserva de puesto sin goce de sueldo ni asignaciones, con la economía de su hogar totalmente desmantelada. 

“Hay días que mis hijas no comen y menos nosotros porque no llegamos a fin de mes. Estoy sin luz porque no puedo pagar la boleta… con una mano adelante y otra atrás me largaron. Necesito ser escuchada”, relata al describir su situación diaria.

En el mismo barrio, la esposa de un trabajador informal de 36 años describe una ecuación matemática idéntica: su marido gana $600.000 al mes. La cuota de un préstamo absorbe $360.000. Es decir, el 60% del ingreso familiar se evapora antes de siquiera empezar a pensar cómo cubrir las necesidades de la mesa. “Endeudarme significa para mí vivir en la miseria absoluta porque lo poco que mi marido gana se va en pagar el préstamo”, se lamenta ella. 

Para dimensionar estas historias es necesario entender dónde ocurren. Lastenia no es una entidad aislada: forma parte de una zona urbana más amplia conocida como el Gran San Miguel de Tucumán e integra la localidad de Banda del Río Salí. Aunque no existen datos oficiales actualizados sobre la población exacta que habita en Lastenia, los registros censales marcan la magnitud del territorio: en el censo de 2010, Banda del Río Salí contaba con 63.226 habitantes, lo que representaba un crecimiento del 9% respecto de los 57.959 registrados en 2001.

Para medir el impacto real de la crisis en el territorio, realice un relevamiento de campo sobre 86 hogares de Lastenia. Los resultados revelan que la salud financiera comunitaria cruza un umbral crítico: el 94,2% de los hogares consultados (81 de 86) vive en un estado de vulnerabilidad o estrechez presupuestaria. El 60,5% de las familias (52 encuestados) señala que sus ingresos no alcanzan para cubrir el mes, un 33,7% habitualmente no llega y un 26,7% no alcanza algunas veces, mientras que un 33,7% (29 hogares) asegura que llega “con lo justo”. Solo un 5,8% (5 personas) reporta contar con algún margen de excedente al finalizar el mes. 

La secuencia nacional y el ahogo local

Para comprender por qué las familias de Lastenia recurren de forma masiva al fiado y a los préstamos, es necesario articular el panorama barrial con la secuencia económica nacional. Cómo analiza el informe del Mirador de la Actualidad del Trabajo y la Economía (MATE) sobre datos del Banco Central (BCRA) e INDEC, la crisis del endeudamiento no comenzó con las cuotas impagas, sino con la erosión previa del ingreso real. Entre noviembre de 2023 y marzo de 2024, el salario privado registrado perdió un 14% de su poder de compra y las jubilaciones cayeron casi un 40%. Dos años después, el salario privado continúa 9 puntos abajo y los haberes jubilatorios 24 puntos golpeados, dejando un hueco estructural en los presupuestos familiares.

Este deterioro desencadenó una reacción en cadena. En primer lugar, se agotaron las reservas guardadas: el número de personas con plazos fijos en el país se desplomó de 4,8 millones a 2,6 millones de ahorristas, lo que significa que casi la mitad de los pequeños ahorristas agotó su colchón financiero para sostener el consumo diario. Fue únicamente tras la paralización y agotamiento de esta capacidad de desahorro cuando se desencadenó el salto masivo e inevitable hacia el crédito y las deudas.

En los 86 hogares relevados en Lastenia, la manifestación microeconómica de esta secuencia nacional se refleja de manera contundente:

  • El factor detonante no fue el gasto de lujo, sino el costo de los servicios públicos esenciales. Las facturas de luz, agua o gas representan la mayor carga presupuestaria para el 81,4% de los encuestados (70 de 86), superando incluso a la compra de alimentos y artículos de limpieza (61,6%) y al pago de deudas o cuotas acumuladas (40,7%).
  • Esta presión tarifaria impacta sobre una estructura laboral marcada por la inestabilidad: el 18,6% de los encuestados se encuentra desocupado y el 41,9% depende del trabajo informal, las changas, la venta ambulante o el trabajo por cuenta propia. 
  • Ante la falta de margen, las familias aplican recortes directos en la canasta básica: el 45,3% de los hogares deja de comprar determinados productos y el 40,7% reduce de forma directa la compra de alimentos. 

Una trabajadora informal de 49 años lo explica con sencillez: “Actualmente con los ingresos no alcanza, la vida está más cara y eso que no hacemos gastos innecesarios, siempre tratamos de economizar y aun así no alcanza”. 

Asimismo, un joven estudiante de 27 años que trabaja de manera informal resume el dilema cotidiano: “Para mí endeudarme significa muchas veces tener que elegir qué pagar primero y qué puede esperar… Más que gastar de más, muchas veces uno se endeuda simplemente para poder cubrir lo básico”.

Del mostrador a la aplicación: el costo de no tener banco

Frente a la insuficiencia de ingresos, el 79,1% de las 86 personas encuestadas (68 hogares) mantiene deudas o saldos pendientes. La forma en que algunos de los vecinos de Lastenia se financian muestra un abanico que combina el sistema formal con redes tradicionales de barrio:

  • Tarjeta de crédito: Usada por el 53,5% de los encuestados (46 hogares).
  • Compras en cuotas: Utilizada por el 23,3%.
  • Préstamos bancarios tradicionales: Presente en el 23,3% de los casos.
  • Fiado en comercios y almacenes de barrio: Recurrido por el 19,8% de las familias.
  • Préstamos de familiares o amigos: Utilizado por el 18,6%.
  • Billeteras virtuales y aplicaciones financieras: Empleadas por entre el 16% y el 23% según el rubro laboral.

Esta dinámica barrial se conecta con una transformación profunda del mercado de crédito nacional. Según el estudio de MATE, el crédito de consumo en Argentina cambió de manos: mientras el financiamiento tradicional en casas de electrodomésticos y cadenas regionales quedó estancado, los deudores en plataformas fintech y billeteras virtuales saltaron de 0,5 a 5,9 millones de personas.(FUENTE https://deudores.mateconomia.com.ar/)

La velocidad de obtener un crédito desde el teléfono sin recibo de sueldo tiene un costo financiero desproporcionado. Mientras que un préstamo bancario cobra una tasa real promedio del 4,1% mensual por encima de la inflación, las aplicaciones y billeteras virtuales, aplican tasas reales del 8,9% mensual. A este ritmo de interés, una deuda no bancaria se duplica en términos de poder de compra en menos de nueve meses, sin que la persona vuelva a pedir prestado.

Cómo demuestra el informe nacional, el acceso desigual al sistema bancario convierte a la tasa de interés en un mecanismo regresivo: quien no posee un empleo registrado ni cuenta sueldo, paga más del doble por el mismo dinero. En Lastenia esta brecha es evidente: los encuestados que cuentan con un empleo registrado recurren en mayor proporción a los bancos (38,5%) o planifican el uso de tarjetas de crédito aprovechando las fechas de cierre para financiar consumos. Por el contrario, quienes trabajan en la informalidad o están desempleados se ven desplazados hacia el fiado en el almacén, a los prestamistas o los créditos por aplicación, soportando costos de financiamiento proporcionalmente más altos.

La “Bola de Nieve”: Endeudarse para comer y encender la luz

El hallazgo más contundente del estudio en Lastenia es el destino prioritario que los vecinos le dan al dinero obtenido mediante préstamos o fiado. Entre los 68 hogares que actualmente mantienen deudas:

  • El 66,2% (52,3% del total general de encuestados) tomó deuda para comprar alimentos.
  • El 52,9% (41,9% del total) lo hizo para pagar facturas de luz, agua o gas.

Cuando el crédito se utiliza para necesidades biológicas o para evitar el corte de los servicios, la deuda deja de ser una solución temporal y se convierte en una trampa de refinanciación permanente. El 57,0% de las 86 familias relevadas (49 hogares) se vio obligada a pedir un nuevo préstamo o asumir una nueva deuda en los últimos 12 meses con el único objetivo de cancelar un compromiso financiero anterior.

Esta cadena de deudas sobrepuestas conduce inevitablemente a la morosidad. El 38,4% de la muestra total (33 hogares) se encuentra formalmente atrasado o en mora en el pago de sus cuotas. Si se analiza exclusivamente al grupo de deudores activos, el 92,6% declara enfrentar severas dificultades para cumplir con los pagos (un 45,3% con complicaciones ocasionales y un 47,1% en atraso profundo).

A nivel nacional, el trabajo de mate desarticula la idea de que la morosidad responda a montos elevados o irresponsabilidad. En Argentina existen 2,4 millones de personas en mora por montos inferiores a un salario mínimo. De hecho, la tasa de morosidad más alta del sistema (36%), se ubica justamente en el tramo de deudas más chicas, inferiores a 1/4 de salario mínimo (menos de $90,000). Que un hogar no pueda pagar una cifra modesta, no indica que el problema sea pequeño: demuestra la ausencia absoluta de liquidez (cero margen financiero), en la economía doméstica.

Una vecina de 29 años que subsiste de changas sintetiza la angustia de este espiral: “Endeudarte es un dolor de cabeza, un problema constante del cual tratas de ver la solución y no la encuentras. Porque si pagas ya no te queda para comer”. 

Otra vecina de 42 años coincide: “Lo que hacemos para llegar a fin de mes es reducir al máximo los gastos sobre todo en alimento que es lo que cuesta más”.

La huella en los jóvenes y en los hogares con niños

La fragilidad económica tanto en Lastenia como en el país, se ensaña de manera particular con las franjas más jóvenes y con las familias que tienen menores a cargo:

Los menores de 30 años (48,8% de la muestra, 42 personas): En este segmento, el 76,2% padece desempleo o se desempeña en trabajos informales y changas. Como resultado de esta inserción precaria, el 78,6% de los jóvenes está endeudado, el 35,7% registra atrasos o mora y el 59,5% debió recurrir a tomar nueva deuda para saldar la anterior en el último año. este escenario refleja con precisión el dato nacional procesado por MATE: los menores de 30 años son la franja con mayor mora del país (pasando del 21% a 39% en dos años). Al ingresar al sistema financiero mediante billeteras virtuales y sin empleo formal, una cohorte entera inicia su vida adulta, con las firmas comerciales manchadas y el crédito cerrado.

Hogares con niños y adolescentes menores de 18 años: en el estudio local de Lastenia, la presencia de menores en la vivienda multiplica las urgencias diarias. La tasa de morosidad en hogares con niños alcanza el 45,6%, casi duplicando el 24,1% registrado en hogares sin menores. Asimismo, el 63,2% de las familias con hijos debió refinanciar deudas previas en los últimos 12 meses, frente al 44,8% de los hogares sin niños.

Los relatos de las encuestadas reflejan la dimensión emocional de este fenómeno:

Una empleada doméstica no registrada de 40 años expresa la falta de alternativas: “Lo peor que me puede pasar es endeudarme pero no llego a fin de mes y tengo hijos que mantener”.

Una madre de 30 años que vende productos en la calle relata cómo debe pedir fiado y solicitar ayuda a familiares para garantizar la vestimenta y alimentación de sus hijos.

Un reflejo de la realidad barrial

Analizada en su conjunto, la encuesta realizada a los 86 habitantes de Lastenia y los datos de BCRA demuestra que la morosidad y el sobreendeudamiento no son el resultado de decisiones irresponsables o de conductas de consumo desmedido.

Los datos cuantitativos y los relatos de los vecinos coinciden en un diagnóstico común: las familias no piden prestado ni usan el fiado para acceder al lujo, sino para comprar la comida del día, pagar la boleta de la luz o saldar la cuota del mes anterior. La “bola de nieve” no mide una falla de conducta de las personas, sino que constituye el registro contable de una brecha estructural entre el costo real de los insumos básicos de vida y los ingresos de salarios e informales que ya no alcanzan para cubrir el mes.

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