POR CANDELARIA ROSALES
Daniela “Mocha” Gonzalez Fanjul es una taficeña recibida del Profesorado de Educación Física en la Universidad Nacional de Tucumán (UNT). Su historia con el softbol empezó en la Facultad y años más tarde, llegó a la Selección Argentina. Conocer su historia es cruzarse con la realidad del deporte amateur, dejando a la vista cómo funciona un sistema que te exige resultados para recién darte apoyo, el esfuerzo logístico detrás de cada competencia y la falta de infraestructura en la provincia.
Al principio, Daniela no se imaginaba en el ambiente del softbol, la imagen le resultaba completamente ajena ya que su devoción iba más hacia el atletismo. Hasta ese momento, no sabía que el softbol se jugaba en Tucumán, su rutina era otra; cursaba el profesorado y practicaba atletismo. Un día mientras corría en la pista, un profesor de la cátedra de softbol se le acercó al notar su velocidad y le hizo una pregunta: “¿Vos querés llegar a la Selección Argentina algún día?”, invitándola al equipo de softbol. En ese momento, Daniela tenía 19 años y dijo que sí y nunca más volvió a la pista de atletismo.
Su velocidad fue lo que llamó la atención, pero el nivel técnico del softbol le exigió otra preparación. El verdadero clic fue dos años después, cuando una amiga suya que ya formaba parte de la Selección en Buenos Aires regresó a Tucumán. Ver de cerca la verdadera rutina de una atleta, entre el gimnasio, la preparación física y la mentalidad, fue el empujón que la motivó a querer llegar a ese nivel.
En 2017, tras recibirse y destacar en un torneo en Paraná, Daniela fue convocada formalmente a la Selección Nacional. Desde entonces, integró el equipo que se consagró bicampeón sudamericano y comprobó cómo es la realidad del deporte amateur en el país: representar a la Argentina en campeonatos internacionales no exceptúa a los atletas de tener que costear gran parte de su propia carrera.
A pesar de todo esto, hay algo más fuerte que la hace quedarse: “Para mí siempre ha sido un orgullo y un honor. Vestir la camiseta de Argentina es una responsabilidad mucho más grande, pero que la disfruto muchísimo”, cuenta. Además, remarca que el equipo es bastante unido y eso hace que todo se sienta más familiar.
El financiamiento es el sostén y al mismo tiempo la traba del deporte amateur. Si bien los viajes internacionales para representar al país suelen contar con subsidios del Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (ENARD), el mantenimiento diario del deportista -el gimnasio, suplementación, nutrición- corre por cuenta de cada jugadora.
Daniela explica cómo funciona la entrega de becas estatales, un sistema que suele demandar logros previos para dar posibilidad al apoyo económico. “Lo ideal sería poder dedicar el tiempo completo a formarse y descansar. Hoy las becas se logran después de haber cumplido objetivos. Si no tenés resultados, el Estado no te da becas, pero para obtener esos resultados necesitás apoyo. Es muy difícil”, señala.
Esta dinámica tiene consecuencias directas en la vida personal de los deportistas. Durante casi dos años, Daniela decidió mudarse a Paraná, Entre Ríos, para poder asistir a las concentraciones del seleccionado. La beca estatal cubría los pasajes, la comida y el alojamiento de algunos eventos específicos, pero el alquiler y el costo de vida corrían por su cuenta.
“Durante muchos años le dediqué mucho al softbol y no tanto a la parte laboral, lo que hizo que me estancara un poco. Hoy elijo trabajar con alumnos y dar clases personalizadas en mi gimnasio para poder manejar mis horarios, pero del softbol no se puede vivir”, detalla.
El softbol en Tucumán

En Tucumán existen actualmente seis clubes que practican la disciplina en distintas categorías (infantiles, reserva masculina, primera femenina y softbol lento). Sin embargo, todos esos equipos deben organizar sus torneos y prácticas compartiendo las únicas dos canchas que existen en toda la provincia.
La falta de espacios frena el crecimiento local del deporte. Como oriunda de Tafí Viejo, Daniela intentó impulsar una solución en su municipio: “Presenté un proyecto en la Municipalidad para poner una cancha en Lomas de Tafí, aprovechando los espacios verdes. Me dijeron que están construyendo un polideportivo, pero hasta ahora no he tenido respuesta”, comenta.
Esta falta de infraestructura se complementa con la pérdida del espacio y la falta de promoción de otros deportes en el sistema educativo. Instituciones escolares que antes enseñaban softbol dejaron de hacerlo ante la falta de recursos, priorizando disciplinas tradicionales como el fútbol o el voley. Para Daniela esto frena el acercamiento de los chicos a un deporte que, más allá del aspecto físico, exige mucha concentración. “Es muy estratégico y un juego muy mental, tienen que pensar una jugada”, explica. Esa dinámica es justamente algo que podría atraerlos, sumado a la curiosidad por probar algo distinto. Muchos lo conocen a través de películas o series y les llama la atención, pero lo perciben como algo lejano, propio de otros países, desconociendo que existe un circuito local donde podrían practicarlo.
A las trabas económicas y de infraestructura se le suman otros obstáculos, como la falta de difusión de los medios. “Nosotras tratamos de mandarles información a los medios para que haya más difusión. Por suerte estos últimos dos años en Tucumán nos dieron un poco más de atención, pero siempre están primero otros deportes antes que el nuestro”, reconoce. “Es pelearla todos los días”
Esta misma falta de apoyo afecta al seleccionado tucumano que integra Daniela, ya que tras consagrarse campeón del Torneo Nacional de Selecciones -competencia que volvió a realizarse después de 15 años- la Confederación Argentina les cedió la plaza para un torneo internacional en Chile en lugar de la Selección nacional, que por estar preparándose para los Juegos ODESUR no contaba con el tiempo ni el presupuesto para viajar. Sin embargo, para las tucumanas la realidad financiera era igual de compleja: “No teníamos los recursos económicos y era muy caro llegar a Chile en avión. Se consiguió la ayuda económica del Gobierno para que pudiéramos ir en trafi, pero sabíamos que por la época había mucho riesgo de nieve y de que cerrara el paso”, relata Daniela. Ese riesgo finalmente se concretó al llegar a la frontera, cuando una tormenta cerró el Paso de Jama, dejándolas varadas tres días en la montaña y sin la posibilidad de competir.
Lejos de desanimarse, Daniela proyecta su futuro tanto dentro como fuera de la cancha. A corto plazo, su meta como jugadora es lograr la clasificación a los próximos Juegos Panamericanos, pero también tiene la mente puesta en otros roles gracias a la experiencia que sumó hace dos años como entrenadora y preparadora física de las Selecciones Argentinas Sub-15 y Sub-18. Su gran objetivo a futuro es consolidarse en ese ámbito y poder transmitir sus conocimientos, tanto deportivos como físicos, a las nuevas generaciones que buscan su lugar.
Su recorrido expone algo muy característico de la provincia: el talento sobra, lo que falta es acompañamiento. Por eso toman tanta relevancia iniciativas como aquel proyecto para sumar una cancha en Lomas de Tafí, el desafío pasa por lograr que estos deportes se expandan, se vean y que los más chicos tengan alternativas a mano para que el potencial no se pierda solo por falta de espacios.
La historia de Daniela, como la de tantos otros deportistas amateurs, está marcada por la dedicación y el amor al deporte. Un ejemplo de resistencia que sigue empujando para que, en Tucumán, la camiseta celeste y blanca sea un poco menos difícil de sostener.