POR MILAGROS OVEJERO, FRANCISCO ITURRI & ALEJO LINZEY SIR
Desde hace más de 20 años el festival Bienal de Fotografía Documental reúne a fotógrafos, artistas, investigadores y público de distintos puntos del país y del exterior. Su director, Julio Pantoja, destacó el valor de construir un espacio federal para pensar las imágenes y recuperar la memoria colectiva, a pesar de las dificultades para sostener el proyecto.
El festival comenzó en 2004 por iniciativa de un grupo de fotógrafos que buscaba impulsar una propuesta nacional desde el interior del país. Con el tiempo, la convocatoria creció hasta alcanzar una proyección internacional, especialmente en América Latina. Para Julio Pantoja, fotógrafo, profesor universitario y director de la Bienal, la identidad del encuentro estuvo clara desde el principio. “A nosotros nos gustó la idea de tener algo descentralizado, siempre lo pensamos como una cosa completamente federal para todo el país”, recordó.
Una imagen también cuenta una historia
Para Pantoja, el lugar de la fotografía resulta especialmente relevante en una época atravesada por la circulación permanente de imágenes. “Las imágenes son un componente central, absolutamente central”, sostuvo al referirse a su influencia en la manera de interpretar el mundo. En ese sentido, la Bienal busca generar condiciones para debatir sobre la relación entre fotografía y realidad, con la participación de profesionales, académicos, investigadores, estudiantes y aficionados.

Expositores de todo Sudamérica se reunieron en Tucumán para esta nueva edición | Fotos: @itor09
El director destacó que la propuesta no se limita a la producción fotográfica, sino que también promueve la convivencia y el intercambio entre personas con intereses comunes. A partir de esas conversaciones informales surgen proyectos y nuevas formas de colaboración. “A partir de esas sobremesas, de esas mesas de café, esas cervecerías, también empiezan a aparecer los grupos de investigación, las redes, los grupos de producción, los intercambios académicos”, explicó.
La formación de nuevos públicos es otro de los objetivos. La organización impulsa talleres para jóvenes y adolescentes, actividades vinculadas con los formatos que circulan en redes sociales, encuentros con estudiantes de fotografía y revisiones gratuitas de portfolios. La continuidad de esas propuestas es una parte central del proyecto. “La Bienal no es solamente lo que pasa cada dos años, sino que hay una serie de actividades intermedias”, remarcó Pantoja.
La fotografía como ejercicio de memoria
Uno de los momentos más significativos de la última edición estuvo relacionado con la memoria y los derechos humanos, en el marco de los 50 años del golpe de Estado de 1976. Entre las actividades se realizó un taller basado en el libro Fantasmas de la dictadura, de Tejo Weiss, coordinado por las investigadoras Ana Longoni y Cora Gamarnik, de la Universidad de Buenos Aires.

Cierre de la jornada del viernes 9 de Octubre, en el marco de los 50 años del golpe de Estado de 1976 | Fotos: @itor09
Alrededor de 35 personas viajaron a Tucumán para participar de la experiencia, que abordó aspectos de la dictadura desde perspectivas que no siempre aparecen de manera directa en los relatos judiciales. El trabajo incluyó representaciones metafóricas, historias de apariciones y búsquedas de familiares a través de espacios vinculados con lo paranormal.
El taller concluyó con una presentación performática que combinó relatos, palabras, proyecciones y fotografías de personas desaparecidas, las mismas imágenes utilizadas en los juicios por crímenes de lesa humanidad.
Durante esa actividad ocurrieron dos situaciones que conmovieron a los participantes. Un hombre de 67 años reconoció entre las fotografías a un amigo de su infancia, con quien jugaba a las figuritas. Se emocionó, pidió llevarse el cartel con su imagen y compartió su historia frente al público. En otro momento, un joven de poco más de 20 años descubrió la fotografía de su abuela, una militante desaparecida en Tucumán cuya historia había viajado a reconstruir. Allí también se encontró con una fotógrafa de Santa Fe que resultó ser familiar suyo. Ambos habían llegado a la provincia con la intención de conocer más sobre esa historia.
Pantoja recordó esos encuentros como situaciones inesperadas que dieron un sentido particular a la actividad. También consideró que existe una responsabilidad en el registro de los acontecimientos. “La fotografía tiene un rol fundamental en la construcción de la historia”, agregó.
Sostener una propuesta desde el interior
La continuidad de la Bienal también expone las dificultades que enfrentan los proyectos culturales para sostenerse en el tiempo. Aunque recibió distintos apoyos institucionales a lo largo de sus más de dos décadas de trayectoria, Pantoja explicó que la organización depende en gran medida del compromiso de quienes la impulsan. “Esto, desde el minuto cero a hoy, se hace básicamente a pulmón”, resumió. Según detalló, muchas personas aportan horas de trabajo, creatividad y recursos económicos para concretar cada edición.

Más allá de la fotografía, la bienal es un espacio de encuentro e intercambio | Fotos: @itor09
El problema, advirtió, es la falta de mecanismos estables de financiamiento. “No hay políticas de Estado o institucionales que permitan sostener este tipo de proyectos”, cuestionó. Cuando cambian los funcionarios o se interrumpen los apoyos, la organización debe volver a gestionar los recursos desde el comienzo.
A pesar de esas dificultades, la Bienal continúa convocando a fotógrafos y visitantes de distintos puntos del país. El director estimó que entre 300 y 400 personas viajan desde otras provincias u otros países para participar de los días centrales, a lo que se suma el público que recorre las exposiciones y las actividades complementarias. Ese movimiento también tiene un impacto para Tucumán: genera circulación turística y presencia en medios nacionales a partir de una propuesta cultural.
Más allá de las exposiciones, los talleres y los debates, la Bienal encuentra su sentido en esos encuentros inesperados en los que una imagen vuelve a unir lo que el tiempo y la historia separaron. A veces, alcanza con una sola fotografía para darle sentido a todo el camino recorrido. “Esos son momentos mágicos en los que uno piensa ‘bueno, solo por esto ya valió la pena hacer todo lo demás’ “, reflexionó Julio Pantoja.
Fotos: @itor09