POR FEDERICO LEDESMA
La jornada de los docentes no siempre termina cuando salen de sus respectivas escuelas. Para algunos, después de las clases comienza otro trabajo: atender un kiosco o negocio, preparar pedidos o buscar clientes para su propio emprendimiento.
En Tucumán, estas actividades pueden convertirse en una alternativa para complementar los ingresos del hogar e intentar llegar a fin de mes. Detrás de cada maestra o maestro, existe una historia: Docentes que reorganizan sus horarios, invierten su poco salario y buscan una forma de sostener gastos importantes sin abandonar la enseñanza.
¿Cómo se llega a esa decisión y qué implica trabajar más allá del aula? Las experiencias de quienes combinan la docencia con otras actividades permiten acercarse a una realidad que no se explica únicamente con una cifra salarial, considerando la importancia del rol docente en tiempos actuales que forman a generaciones futuras de profesionales.
Silvia: entre aulas y pedidos de su emprendimiento.
Silvia es docente de nivel primario y lleva aproximadamente 12 años ejerciendo la profesión. Durante sus primeros cuatro años trabajó en una misma escuela, hasta que tuvo la posibilidad de conseguir otro cargo más cerca de su casa. Desde hace alrededor de ocho años es titular en esa escuela, donde continúa trabajando actualmente.
Además de su trabajo en la escuela, Silvia hace y vende productos caseros dulces y salados. La iniciativa surgió como una forma de conseguir un ingreso extra, sin pensar inicialmente que se convertiría en algo de mayor importancia. Sin embargo, con el tiempo comenzó a notar que su salario no era suficiente para cubrir todos sus gastos, por lo que decidió dedicarle más tiempo al emprendimiento.
Uno de los momentos que recuerda con mayor angustia fue cuando intentó pagar sus cuentas y descubrió que no tenía el dinero suficiente. En un primer momento, sintió tristeza y desesperación. Revisó sus gastos para comprobar si había algún cobro de más, pero finalmente entendió que el dinero que necesitaba era el que realmente gasta cada mes. Ante esa situación, tuvo que recurrir a un pequeño préstamo para completar el pago y evitar recargos por mora.
Desde entonces, combina su sueldo docente con las ganancias de las ventas, que le permiten cubrir algunos gastos puntuales. Para organizarse, atiende los pedidos durante sus horas libres y también recibe encargos de algunas compañeras de trabajo. Procura no aceptar más pedidos de los que puede cumplir y prepara entre ocho y doce, dependiendo del producto.
Sostener ambas actividades, sin embargo, implica reorganizar su vida cotidiana. Silvia cuenta que antes solía salir a caminar tranquilamente todas las tardes para despejarse y descansar mentalmente. Actualmente, ese tiempo se redujo considerablemente: cuando puede, sale durante 30 o 40 minutos, aunque reconoce que ya no realiza tantas actividades como antes. Los fines de semana intenta recuperar parte de ese espacio personal, pero no siempre resulta suficiente.
Al principio, una de las mayores dificultades fue aprender a organizar sus horarios para cumplir tanto con los pedidos como con la preparación de sus clases. Con el tiempo logró acostumbrarse a la rutina, aunque admite que preferiría tener menos preocupaciones y poder estar más tranquila.
Carlos: un kiosco para complementar el salario de un maestro especial
Carlos es maestro especial de Música en el nivel primario y cuenta con aproximadamente diez años de trayectoria docente. Durante una etapa de su carrera trabajó en una escuela que le quedaba lejos de su casa, lo que le demandaba alrededor de tres horas de viaje entre lunes y miércoles. Después consiguió un cargo en una escuela más cercana, reduciendo considerablemente el tiempo de traslado.
La necesidad de generar ingresos adicionales apareció desde sus primeros meses de trabajo. Al cobrar su primer sueldo y descontar los gastos de transporte, comenzó a notar que el dinero no le alcanzaba. A eso se sumaban las dificultades de viajar durante los días frescos o lluviosos y los gastos que podían surgir cuando se enfermaba y necesitaba comprar medicamentos.
Frente a esa situación, decidió abrir un kiosco. La idea surgió también al observar una necesidad en su barrio: los vecinos debían caminar varias cuadras para comprar productos básicos, como pan, gaseosas o fideos. Comenzó ofreciendo artículos indispensables y, poco a poco, fue ampliando el negocio según lo que sus clientes necesitaban.
Aunque actualmente cuenta con compradores frecuentes, todavía enfrenta algunas dificultades para competir con otros comercios, principalmente porque no siempre dispone de toda la variedad de productos que buscan los vecinos. Aun así, continúa intentando hacer crecer el kiosco y mantenerlo como una fuente complementaria de ingresos.
El kiosco abre aproximadamente desde las 8:30 hasta las 22:00. Para sostener ese horario, Carlos se organiza con su esposa, quien también trabaja limpiando casas por las tardes y lo ayuda a atender el comercio cuando sus obligaciones se lo permiten. De esta manera, él dedica buena parte de su tiempo al kiosco y aprovecha los momentos disponibles para planificar sus próximas clases.
La rutina también modificó sus posibilidades de descanso. Carlos explica que, desde que comenzó a trabajar como docente, ya tenía poco tiempo para actividades personales, en parte por el agotamiento que le provocan los viajes. Actualmente, los fines de semana son los momentos en los que intenta descansar, ya que el negocio no permanece abierto tantas horas.
Sostener esta dinámica no siempre resulta sencillo. Carlos reconoce que, en ocasiones, preferiría cerrar el kiosco y poder descansar sin estar pendiente de las obligaciones diarias. Sin embargo, continúa adelante porque considera que es necesario afrontar las dificultades y mantener el esfuerzo para sostener su economía.
Las historias de Silvia y Carlos reflejan una realidad que va más allá de las aulas. Aunque los docentes reciben aumentos salariales, estos no necesariamente se traducen en una mejora de su situación económica, especialmente cuando el costo de vida continúa aumentando. Los gastos cotidianos, como el transporte hasta las escuelas, la comida y los medicamentos, representan una parte importante del presupuesto y reducen el dinero disponible para afrontar otras necesidades.
En este contexto, los emprendimientos aparecen como una alternativa para complementar los ingresos, pero también implican más horas de trabajo, menos tiempo de descanso y nuevas responsabilidades. Tanto Silvia, con sus pedidos de su emprendimiento, como Carlos, al frente de su kiosco, encontraron una manera de generar dinero adicional, aunque eso significó reorganizar sus rutinas y dejar de lado parte de sus actividades personales.
El problema, entonces, no se limita a cuánto aumenta un salario, sino a cuánto permite cubrir ese ingreso frente al encarecimiento de los bienes y servicios. Cuando los incrementos salariales quedan por detrás de los precios, la posibilidad de llegar a fin de mes se vuelve más difícil y obliga a buscar otras alternativas.
Así, mientras la docencia continúa siendo su principal actividad, para estos docentes el final de la jornada escolar no siempre significa el final del trabajo. En muchos casos, la necesidad de sostener la economía familiar prolonga el día más allá del aula y convierte el descanso en otro de los espacios que deben resignar.