POR GABRIELA SALVATIERRA
Del 1 al 3 de octubre, Rosario fue sede del XXVIII Congreso de la Red de Carreras de Comunicación Social y Periodismo reunió en Rosario a estudiantes, docentes e investigadores para debatir el presente y el futuro de la comunicación. Entre ponencias, producciones gráficas y audiovisuales, y la participación de 130 estudiantes de la Universidad Nacional de Tucumán (y otros/as de todo el país), el encuentro puso en evidencia la importancia de sostener espacios de formación, intercambio y organización colectiva.
El XXVIII Congreso REDCOM,fue un encuentro que reunió a integrantes de distintas carreras de Comunicación y Periodismo del país bajo el lema “La comunicación como disputa por la soberanía de los territorios del sur global”. En un escenario atravesado por ataques a periodistas, cuestionamientos al trabajo comunicacional y discursos de odio, el congreso funcionó como un espacio para poner en común experiencias, discutir los desafíos de la profesión y defender la producción colectiva de conocimiento.
La resistencia no apareció solamente en las discusiones académicas. También se expresó en las imágenes, las producciones artísticas y las propuestas audiovisuales que recorrieron los espacios del encuentro. Allí, la comunicación se presentó no solo como una práctica profesional, sino también como un terreno en el que se disputan sentidos, se construyen representaciones y se hacen visibles distintas realidades.
Las imágenes también disputan sentidos
Uno de los espacios que llamó la atención fue el primer “Concurso Nacional de Carteles REDCOM 2026”, una muestra que reunió producciones gráficas de estudiantes y docentes. Las piezas abordaron diferentes problemáticas vinculadas con la comunicación, el territorio y la soberanía, con consignas como “¿Quién habla por el sur?”, “Las voces rompen los límites”, “Hablemos desde el sur” y “Cortar la comunicación es recortar la soberanía”. El público podía recorrer los carteles y votar sus favoritos, convirtiendo la muestra en una instancia de participación e intercambio.
Otra de las obras que se destacó fue una pieza con forma de televisor que tenía un espejo en el centro. Quien se acercaba podía verse reflejado en la pantalla, una propuesta que invitaba a pensar desde dónde miramos y qué lugar ocupamos en aquello que consumimos y producimos como comunicación. La obra desplazaba la mirada hacia el propio espectador y abría una pregunta sobre nuestra participación en la construcción de sentidos.
En los pasillos también se exhibieron tapas de diarios ampliadas, dispuestas a lo largo de las paredes. La presencia de esas portadas convertía un espacio de circulación en una oportunidad para detenerse a observar cómo los medios construyen relatos sobre la realidad y qué acontecimientos eligen poner en primer plano.
Estas propuestas mostraron que la disputa por la comunicación también se libra desde los lenguajes visuales y las formas de narrar. Frente a los discursos que buscan imponer una única mirada, las producciones del encuentro propusieron otras preguntas, otras voces y otras maneras de representar el mundo.
Las violencias digitales también son una disputa por la voz
Entre las ponencias presentadas durante el congreso, “Voces en riesgo: violencia digital de género hacia mujeres con voz pública/política en Argentina”, a cargo de María Sol Becker, integrante de INESCO, de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata, y de la Comisión de Investigaciones Científicas de la provincia de Buenos Aires, puso el foco en las violencias de género que atraviesan los entornos digitales.
La temática permite pensar cómo las agresiones en internet afectan a mujeres que participan de la conversación pública y política, y abre interrogantes sobre las condiciones necesarias para que puedan expresarse y participar sin sufrir formas de hostigamiento por razones de género.
En un congreso que propuso discutir la comunicación como una disputa por la soberanía, estas problemáticas también ocuparon un lugar central: no alcanza con que existan múltiples voces si las condiciones de participación están atravesadas por la violencia. Pensar una comunicación más democrática implica preguntarse quiénes pueden hablar, qué obstáculos enfrentan y qué formas de violencia amenazan la pluralidad.
Una experiencia que se construyó en comunidad
La Universidad Nacional de Tucumán tuvo una participación importante en el encuentro, con una delegación de 130 estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras. Hacer posible el viaje implicó organización, trabajo y compromiso colectivo. La experiencia no se limitó a asistir a las actividades: estudiantes de la carrera presentaron ponencias y ocuparon distintos espacios del congreso, compartiendo sus producciones y dialogando con personas de otras universidades.
El viaje también dejó una experiencia de encuentro entre compañeros y compañeras. La organización compartida y la posibilidad de participar en un espacio de estas características fortalecieron los vínculos entre estudiantes y permitieron reconocer el valor de construir experiencias académicas más allá de las aulas.
En ese sentido, REDCOM no fue solamente una instancia para escuchar exposiciones o presentar trabajos. También fue una oportunidad para conocer otras perspectivas, intercambiar preguntas y reconocer que muchas de las preocupaciones que atraviesan a quienes estudian Comunicación son compartidas, aunque se expresen desde territorios y experiencias diferentes.
Sostener los espacios para seguir pensando
En tiempos en los que el trabajo periodístico y la producción de conocimiento enfrentan cuestionamientos y ataques, la continuidad de encuentros como REDCOM adquiere una importancia particular. Estos espacios permiten debatir las condiciones en las que se ejerce la comunicación, compartir herramientas y construir respuestas colectivas frente a los problemas que atraviesan al campo.
Las ponencias, las muestras gráficas y las propuestas audiovisuales expresaron distintas maneras de intervenir en esas discusiones. Pero también lo hizo la presencia de estudiantes que se organizaron para viajar, presentar sus trabajos y encontrarse con otras experiencias.
La defensa de la comunicación no se juega únicamente en los medios ni en los espacios de debate público. También se construye en las aulas, en los pasillos, en las producciones colectivas y en la posibilidad de reunirse para pensar críticamente la realidad. Sostener esos encuentros es defender el derecho a producir conocimiento, disputar sentidos y construir relatos propios sobre los territorios que habitamos.








