El trabajo que no llega: la incertidumbre de buscar empleo en Tucumán

POR MILAGROS OVEJERO, FRANCISCO ITURRI & ALEJO LINZEY SIR

Enviar un currículum, esperar una respuesta y volver a empezar. Para muchos jóvenes tucumanos, buscar trabajo se convirtió en una rutina atravesada por la incertidumbre, los bajos salarios y requisitos que parecen cada vez más difíciles de alcanzar.

Abrir LinkedIn, Computrabajo o Bumeran y comenzar a buscar ofertas puede dar la sensación de que las oportunidades están al alcance de un clic. Hay cientos de publicaciones, nuevos puestos cada día y formularios que permiten postularse en pocos minutos.

Pero entre enviar un currículum y conseguir un trabajo existe una distancia cada vez más difícil de atravesar.

Las búsquedas laborales destinadas a jóvenes o perfiles “junior” suelen incluir experiencia previa, conocimientos de múltiples herramientas, idiomas, disponibilidad horaria y capacidad para asumir distintas tareas. La paradoja es evidente: se buscan trabajadores jóvenes, pero se les exige una experiencia que muchas veces todavía no tuvieron la oportunidad de construir.

Para María Acosta, estudiante de Comunicación de la UNT y maquillista profesional de 27 años, buscar trabajo se convirtió en una tarea constante. Desde que perdió su empleo como maquillista durante la pandemia, no volvió a encontrar una oportunidad que le permita cubrir de manera estable sus gastos.

Desde entonces, envía currículums de manera constante. Busca puestos vinculados a la comunicación y al maquillaje, pero también se postula a trabajos que no tienen relación con su formación. La necesidad de conseguir un ingreso amplió el abanico de opciones: cualquier oportunidad puede convertirse en una posibilidad.

Cuando no consigue un empleo estable, recurre a trabajos ocasionales. Uno de ellos es cuidar niños, una actividad por la que puede llegar a cobrar, en el mejor de los casos, alrededor de $10.000 por día. En donde se le incluyen tareas extras como hacer las compras y limpiar la casa, las cuales, no son su obligación y que tampoco le pagan un extra por ello.  

“Cada vez se hace más difícil conseguir trabajo. Mandás el currículum, te anotas en un montón de lugares y muchas veces no recibís ninguna respuesta. Llega un momento en que te desanimas, porque sentís que estás buscando todo el tiempo y no aparece una oportunidad que realmente te permita mantenerte. A veces siento que el problema soy yo”.

Su experiencia representa una de las caras de la incertidumbre laboral: estudiar y capacitarse, buscar oportunidades de manera constante y, aun así, no encontrar un empleo que permita sostener los gastos cotidianos.

Pero el problema no termina cuando finalmente aparece un trabajo.

Para Lucas Díaz, un joven tucumano de 23 años que no estudia una carrera universitaria, conseguir un empleo significó ingresar a trabajar en un correo privado. Cumple jornadas de más de ocho horas por día, sin registración laboral, y recibe un salario de alrededor de $200.000 mensuales.

El ingreso no alcanza para cubrir sus gastos. Por eso, además de su jornada laboral, comenzó a producir y vender tartas dulces con su madre para generar un ingreso extra.

“Sé que lo que me pagan es una miseria para todas las horas que trabajo, pero también sé cómo está la situación y que conseguir otro trabajo no es fácil. Necesito tener un ingreso y por eso terminó aceptando lo que me ofrecen. Después tengo que buscar otra forma de hacer plata para poder llegar a fin de mes”.

Las dos situaciones muestran caras diferentes de un mismo problema. En un caso, la dificultad está en encontrar una oportunidad. En el otro, en conseguir un trabajo que permita sostenerse.

Un mercado laboral marcado por la incertidumbre

Los números permiten dimensionar el escenario. Durante el primer trimestre de 2026, la tasa de desocupación en el aglomerado Gran Tucumán-Tafí Viejo alcanzó el 7,1%, mientras que la informalidad laboral se ubicó en el 44,8%, según datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC.

La cifra corresponde al principal aglomerado urbano de la provincia y permite observar parte de las condiciones en las que se desarrolla el mercado laboral tucumano.

Pero los números no cuentan por sí solos cómo se experimenta la búsqueda de empleo.

La incertidumbre también aparece en quienes trabajan pero continúan buscando otro puesto porque el salario no alcanza, en quienes aceptan empleos por debajo de su formación o en quienes ingresan a trabajos informales porque no encuentran otra alternativa.

En el tercer trimestre de 2025, la Dirección de Estadística de Tucumán registró una tasa de empleo informal del 60,1% en Gran Tucumán-Tafí Viejo. El indicador contempla distintas categorías ocupacionales y permite dimensionar el peso que tiene el trabajo informal dentro del mercado laboral del aglomerado.

Mucho para hacer, poco para cobrar

A la dificultad para conseguir empleo se suma otra cuestión: qué tipo de trabajos están disponibles y bajo qué condiciones.

No son pocas las ofertas que reúnen una extensa lista de requisitos y responsabilidades para puestos que ofrecen salarios bajos o que directamente no informan cuánto se pagará.

Un puesto puede solicitar formación universitaria, experiencia previa, manejo de redes sociales, herramientas de diseño, atención al público, tareas administrativas y disponibilidad horaria. La multiplicidad de funciones puede concentrarse en una sola persona mientras la remuneración queda en segundo plano.

El problema deja de ser entonces solamente la falta de empleo. También importa qué condiciones se ofrecen para trabajar.

“Llego al trabajo y empiezo haciendo las hojas de ruta, que son las direcciones específicas que necesitan los carteros para saber dónde tienen que entregar las tarjetas. Después hago el finish, que consiste en armar las tarjetas con el sobre y su bolsa. También etiqueto las tarjetas con el nombre y apellido del propietario y, por último, trabajo con la paquetería, armando los pedidos. A veces también me toca repartir los paquetes que sean cercanos a la zona donde está la oficina. Trabajo de 8 a 17 y me pagan 200 mil pesos por mes. La verdad, no es suficiente y me genera bronca”, comenta Lucas Díaz

La informalidad, los bajos salarios, la falta de estabilidad y la sobrecarga de tareas forman parte de un mercado en el que aceptar un empleo puede ser, para muchos, la única alternativa frente a la posibilidad de no tener ninguno.

Y en ese punto aparece otra cuestión: qué ocurre con los derechos y las garantías de quienes sí logran ingresar al mercado laboral.

Cuando la necesidad de conseguir un ingreso es urgente, rechazar un salario bajo, una contratación informal o tareas que exceden lo acordado puede significar quedarse afuera de la única oportunidad disponible.

¿Prepararse o esperar?

Frente a este escenario, la capacitación suele presentarse como una de las principales soluciones. Estudiar, sumar cursos, aprender idiomas, incorporar nuevas herramientas digitales y mejorar el currículum aparecen como requisitos para aumentar las posibilidades de conseguir trabajo.

Pero existe una pregunta que queda pendiente: ¿cuánto más debe capacitarse una persona para acceder a un empleo que le permita vivir?

La responsabilidad por conseguir trabajo parece recaer cada vez más sobre el individuo: mejorar el perfil, adquirir nuevas habilidades, acumular experiencia y aprender a venderse laboralmente.

Sin embargo, la posibilidad de conseguir empleo no depende únicamente de cuánto se capacita una persona. También depende de cuántos puestos existen, qué salarios ofrecen, qué condiciones laborales garantizan y qué tipo de protección reciben quienes los ocupan.

La falta de oportunidades no puede explicarse solamente como una falta de preparación individual.

Cuando una generación debe acumular títulos, cursos, experiencia y habilidades para competir por puestos que no siempre ofrecen estabilidad o ingresos suficientes, el problema deja de ser solamente individual. También habla de las condiciones económicas y sociales en las que se desarrolla el trabajo.

Más que conseguir un trabajo

En Tucumán, el trabajo representa algo más que un ingreso. Para quienes todavía buscan una oportunidad, también define cuándo podrán independizarse, qué podrán estudiar, dónde podrán vivir y si podrán construir un proyecto de vida.

El desempleo puede expresarse en una cifra. La precariedad puede medirse. La incertidumbre, en cambio, se instala en algo más difícil de cuantificar: no saber cuándo llegará una oportunidad, cuánto durará o si el salario permitirá sostenerla.

Y mientras las plataformas continúan acumulando ofertas y los currículums siguen acumulándose del otro lado de la pantalla, el problema excede a quien busca trabajo.

Tal vez la discusión no debería centrarse únicamente en si los jóvenes están preparados para trabajar, sino en qué condiciones ofrecen la sociedad, el Estado y el mercado laboral para que esa preparación pueda convertirse en una oportunidad real.

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