POR IGNACIO ANGIORAMA*
El 6 de octubre, el Monumental se llenó para la despedida de Messi de la Selección Argentina, en un amistoso ante Benín. Las entradas se agotaron en menos de dos horas. Afuera quedaron muchos más de los que entraron. Entre ellos, según se repitió en redes durante esos días, muchos que se sentían con más derecho que nadie a estar adentro en el último partido de Messi, lo que abrió un debate sobre quiénes son considerados hinchas de la Selección Argentina.
Mientras el Monumental despedía a Messi, una discusión se planteaba en las redes sociales. No era sobre el partido ni sobre el discurso, sino sobre quién merecía realmente estar en esa tribuna. Uno de los mensajes más repetidos, principalmente en X, le hablaba directamente al hincha que estuvo en las malas y se quedó sin la despedida de Messi por gente que no sabe quién es, por ejemplo, el “Chiqui” Tapia (@_MateoMJ).
El reproche tiene nombre propio: nene scaloneta. El apodo circula al menos desde 2023 y nombra, en tono despectivo, a hinchas jóvenes que solo vieron a la Selección ganar con Scaloni (Bolavip). Pero la pregunta que esconde es quizás más vieja que la Scaloneta: ¿quién tiene derecho a sentirse hincha de la Selección? ¿No se presenta, justamente, como la Selección de todos los argentinos?
Los que llegaron
La Selección no siempre convocó así. En el período entre 2010 y 2020, la convocatoria del público a los partidos era bastante irregular, con entradas sin agotarse en ciertos partidos y asientos vacíos en distintas canchas del país (Clarín). Después de la obtención de la Copa América 2021 y con el regreso del público tras la pandemia, el panorama fue distinto: entradas agotadas en minutos y en tiempos récord, con miles y hasta millones de usuarios en espera que nunca consiguieron su entrada (La Nación, AFA).
Hay chicos que crecieron viendo ganar a la Selección, adultos que nunca habían mirado un partido y hoy se ponen la camiseta, familias que viajan para ver a Messi una vez en la vida. Es difícil saber qué lo mueve a cada uno, pero las razones de esa masividad pueden ser muchas: sentirse representados por un grupo que parece unido, la fuerza del marketing, las ganas de pertenecer a algo que, por una vez, sale bien, o buscar refugio ante crisis nacionales, entre otras.
Después de la despedida del 6 de octubre, un usuario les respondió a quienes reparten críticas a estos “nuevos hinchas”: los acusó de querer que a la Selección le vaya mal, de buscar dividir y de creerse “más que el otro”, y les pidió que dejaran de molestar (@nrgmmm18). Para eso se apoyó en el propio Messi, que en su discurso de despedida había pedido no darles el gusto a quienes quieren ver mal a la Selección (TyC Sports).
Los que estuvieron
Del otro lado está el hincha que no se fue cuando las cosas salían mal: el que vio perder tres finales seguidas entre 2014 y 2016; el que escuchó tratar a Messi de pecho frío y lo vio renunciar a la Selección; el que vio a los jugadores dejar de hablar con la prensa; el que siguió con angustia la noche de Quito, en 2017, cuando un triplete de Messi evitó quedar afuera del Mundial; el que después vio caer al equipo contra Francia en Rusia 2018.
Para ese hincha, la pertenencia se gana, y se gana sufriendo. Por eso circulan en redes “instructivos” para detectar al recién llegado: prefiere la Selección antes que a su club, grita los goles en los amistosos, está “casado” con los héroes de Catar y “arrancó a ver fútbol en 2021” (@latamhine). La fecha no es casual: marca la frontera entre los que estuvieron y los que se subieron al barco a partir de los títulos.
Detrás de la burla hay otro reclamo que no es solo simbólico. Las entradas son pocas, y cuando la demanda supera largamente a la oferta, la pregunta por quién es hincha de verdad se vuelve también una pregunta por quién ocupa el lugar. El hincha de siempre siente que vive el fútbol como fútbol, no como un producto, y que eso debería contar a la hora de entrar. Otro usuario ya unía las dos cosas: la gente que fue a la cancha toda la vida no va a ver a la Selección porque la entrada es siempre cara, y terminan yendo aquellos que “nunca en su vida pasaron una cancha” (@ElChipiBarijho).
Nadie nace hincha
Pero esa frontera entre el fútbol “verdadero” y el del marketing es menos nítida de lo que parece. La identidad del hincha nunca fue espontánea: siempre hubo relatos que propusieron cómo vivir la Selección. Y la publicidad fue uno de los más insistentes.
Muchas publicidades mundialistas de este siglo mostraron más a los hinchas que al partido en sí mismo. En Himno (2002), Quilmes acumulaba escenas de encuentro: fanáticos en el estadio, familias frente al televisor, amigos en un bar, chicos en una escuela. El mensaje era parecido: ser hincha involucra a todos. Va más allá de saber de fútbol, y cuando juega la Selección se trata de ser hinchas de la patria.
La publicidad también le habló a quienes no habían vivido la historia. En 2022, antes del Mundial, Quilmes armó Coincidencias, un spot sobre los paralelismos entre ese Mundial y el de 1986. Era una invitación doble: para los que recordaban 1986 y para los que heredaban ese recuerdo sin haberlo vivido.
El antropólogo Alejandro Grimson advierte contra pensar la identidad como un compartimento exclusivo y excluyente de pertenencia, y habla de la “multiposicionalidad” de las personas: las identificaciones no son categorías cerradas, sino que pueden combinarse entre sí. Llevado a la Selección, no hay una única manera de ser hincha ni una esencia que permita decidir quién lo es mejor. Esas identificaciones pueden construirse en experiencias y discursos muy distintos: la familia, el barrio, los medios, la publicidad, los ídolos o las propias vivencias en torno al fútbol. Por eso, alguien puede haber aprendido a querer a la Selección sufriendo las finales perdidas y los malos momentos, mientras otra persona empezó a sentirse parte a partir de los títulos obtenidos. Ninguna de esas experiencias, por sí sola, invalida a la otra.
Y ahí está la paradoja. El hincha que hoy se señala como impostor (el que no sabe las canciones, el que no pasó “las malas”, el que no conoce a Tapia, el que llegó por Messi y los títulos) se parece bastante al que la publicidad invitó durante muchos años: alguien que no necesita saber de fútbol para emocionarse con la Selección. Alguien que simplemente se siente argentino. Lo nuevo no es ese hincha: “El público de la selección fue, es y será siempre un desastre”, escribió otro usuario (@ThommyS88). Lo nuevo es la forma que toma hoy esa disputa: lo que durante años se ofreció como una fiesta de todos ahora tiene derecho de admisión.
Derecho de admisión
La Selección se presenta como de todos, pero el acceso a la cancha funciona como un mercado. Para la despedida de Messi, la venta fue solo online, con hasta cuatro entradas por usuario y precios oficiales de entre 90.000 y 480.000 pesos (El Economista). En marzo, para el amistoso con Mauritania, las generales de 90.000 pesos se agotaron en horas mientras las plateas, de hasta 490.000, seguían disponibles (442), y el partido terminó con vacíos en las tribunas (Misiones Online). En esa lógica no cuentan ni la antigüedad del hincha viejo ni el entusiasmo del nuevo: la pertenencia se celebra como un sentimiento compartido, pero el lugar se reparte por precio, por velocidad de conexión, y hasta por suerte.
Visto desde el interior, aparece otra frontera: la geografía. Un hincha tucumano pudo haber sufrido cada final perdida sin haber pisado nunca el Monumental. Para él, la pregunta no es quién se ganó el lugar, sino si alguna vez tuvo la chance de pelearlo. Desde la obtención de la Copa América en 2021, la Selección Argentina disputó 22 partidos en territorio nacional, de los cuales 18 fueron en Buenos Aires (el Monumental o la Bombonera), 2 en Córdoba, 1 en Santiago del Estero y 1 en San Juan (Wikipedia). Hay razones de capacidad, recaudación y logística, pero también un costo: para un hincha del interior, y en este caso del norte, ver a la Selección es un viaje que no todos pueden pagar. Un estadio más chico no resuelve la escasez, pero cambia quiénes pueden llegar a la tribuna.
Del jugador al símbolo
Hoy los jugadores de la Selección también están fuera de la cancha. A semanas del Mundial 2026, protagonizaban campañas de hamburgueserías, cervezas, yerba, detergentes, analgésicos y casas de apuestas (Noticias). Su imagen circula por espacios que exceden el fútbol: son deportistas, pero también figuras mediáticas cuya popularidad puede asociarse a productos muy distintos.
Esta idea no es nueva. El sociólogo Pablo Alabarces señala que los héroes deportivos funcionan como “íconos del concepto republicano de igualitarismo”: representan una promesa de mérito y de igualdad de oportunidades, amplificada por los medios de comunicación. En el caso de la Selección, esa capacidad de condensar sentidos colectivos también los convierte en figuras atractivas para las marcas. Para muchos de los que llegaron en estos años, la puerta de entrada a la Selección no fue el deporte en sí, sino sus figuras.
La condición de símbolo se nota también en cómo se procesan las derrotas. Entre 2014 y 2019, tras finales perdidas y eliminaciones, la crítica apuntó a los futbolistas, y a Messi más que a nadie. Una parte de la afición lo llamó “pecho frío” y puso en duda su compromiso con la camiseta, y tras perder la final de la Copa América Centenario, en 2016, anunció su renuncia a la Selección (beIN Sports). La derrota era de los jugadores.
Después de la final del Mundial 2026 ante España, en cambio, empezaron a circular teorías según las cuales la derrota había sido arreglada. Las versiones fueron muchas: que la FIFA obligó a la Selección a perder, que Tapia negoció el resultado, que fue un castigo por la bandera de Malvinas, que hubo amenazas a jugadores y familias. Ninguna presentó pruebas. Estas teorías ofrecen explicaciones simples y protegen la identidad del grupo: si la derrota fue un complot, no hace falta revisar el propio desempeño (Chequeado). El propio instructivo del “nene scaloneta” incluye la teoría de las amenazas como rasgo. Son dos maneras opuestas, aunque no necesariamente excluyentes, de procesar una derrota: en una, el jugador es una persona que falla; en la otra, un símbolo que no puede fallar por su propia cuenta.
Pero en 2026 pasó algo más. Messi volvió a perder una final, como en 2014, y esta vez no volvió el “pecho frío”, el “perdedor” o el fracaso deportivo. Con el Mundial de 2022 ganado, el título dejó de ser una deuda, y sin esa presión se lo pudo querer también en la derrota. Quizás sea lo máximo a lo que aspira un futbolista: que lo valoren aunque no gane.
Lo que viene
La final perdida de 2026 no vació la cancha, pero todavía estaba Messi. Lo que viene puede ser distinto: sin él, con entradas cada vez más caras y sin la garantía de seguir ganando títulos como en los últimos años, la convocatoria va a tener que sostenerse en otra cosa. Messi recibió cariño aun en la derrota. Lo que no se sabe es si esa forma de querer era para él o para la Selección. ¿Se va a volver a criticar a los jugadores como se los criticaba hace una década?
Ahí está el verdadero debate. ¿Los que llegaron con Messi y con los títulos se van a quedar cuando falten las dos cosas, o eran parte de una moda que se apaga junto con el éxito? Algunos quizá se alejen y otros encuentren nuevas razones para quedarse. Los que se queden podrían convertirse, con el tiempo, en quienes recuerden una época que las nuevas generaciones no vivieron. Pero tampoco hay garantías de que esa experiencia les otorgue el reconocimiento que hoy reclaman para sí los hinchas de antes.
El 6 de octubre, el Monumental despidió a Messi tras una final perdida, con las tribunas llenas. ¿Aguante o moda? La respuesta no va a estar en las redes, sino en esa tribuna, cuando ya no estén ni Messi ni los títulos. Siempre que esa tribuna sea, de verdad, de todos.

*Ignacio Angiorama es Licencia en Ciencias de la Comunicación, egresado de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT y uno de los integrantes del equipo fundador de Nuevo Trópico.
Fuentes consultadas
Alabarces, P. (2006). Fútbol y patria: El fútbol y las narrativas de la Nación en la Argentina. Prometeo Libros.
Angiorama, I. (2026). Fútbol, cultura e identidad: representaciones culturales en la publicidad mundialista argentina [Tesis de licenciatura, Universidad Nacional de Tucumán].
Asociación del Fútbol Argentino. (2023, 16 de marzo). Entradas agotadas para el encuentro entre Argentina y Panamá
Ballarino, F. (2026, 21 de julio). Las teorías conspirativas tras la derrota de Argentina ante España en el Mundial 2026: qué circula y por qué se viraliza. Chequeado
beIN Sports. (2026, 7 de octubre). Lionel Messi y las Polémicas que Marcaron su Historia con Argentina
Casas Di Nardo, M. (2026, 19 de mayo). Mundial 2026: la Scaloneta publicitaria. Noticias
Clarín. (2011, 8 de octubre). Sobraron asientos vacíos
El Economista. (2026, 23 de septiembre). Paso a paso, cómo comprar entradas para el último partido de Messi con la Selección Argentina. El Economista
Grimson, A. (2011). Los límites de la cultura: Crítica de las teorías de la identidad. Siglo XXI Editores.
La Nación. (2021, 7 de septiembre). Argentina – Bolivia: el protocolo y los precios de las entradas que se agotaron en pocos minutos
Lucero, I. (2023, 25 de agosto). Nene Scaloneta: qué significa el apodo viral en Twitter. Bolavip Argentina
Misiones Online. (2026, 27 de marzo). La Selección Argentina no colmó La Bombonera en el amistoso ante Mauritania. MisionesOnline
Quilmes. (2002). Himno [Video comercial]. Young & Rubicam Argentina.
Quilmes. (2022). Coincidencias [Video comercial]. draftLine BUE.
Redacción 442. (2026, 23 de marzo). Se agotaron las entradas generales para el amistoso entre la Selección Argentina y Mauritania
Redacción El Gráfico. (2026, 24 de septiembre). Benín, Benín… cantá conmigo: todo agotado para el último baile de Selección de Messi. El Gráfico.
TyC Sports. (2026, 6 de octubre). El discurso completo de Lionel Messi en su despedida de la Selección Argentina: “No venir más va a ser un dolor muy grande”
Wikipedia. (s.f.). Anexo:Estadísticas de la selección de fútbol de Argentina – Wikipedia, la enciclopedia libre
@_MateoMJ. (2026, 7 de octubre). Sí, vos. Vos que estuviste ahí perdiendo finales de Copa América, viendo que la selección cortaba lazos con el periodismo y sufriendo contra Ecuador para no quedarnos fuera del Mundial. Te quedaste afuera de la despedida de Messi por gente que no sabe quién es Chiqui Tapia. X.
@ElChipiBarijho. (2026, 7 de octubre). y que esperas flaco la gente que fue a la cancha toda la vida no va a ver a la selección. X.
@latamhine. (2026, 5 de octubre). Cómo detectar a un nene scaloneta. X.
@nrgmmm18. (2026, 7 de octubre). Ustedes son la gente que dijo Messi ayer, la que quiere que le vaya mal a la selección. X.
@ThommyS88. (2026, 7 de octubre). El público de la selección fue, es y será siempre un desastre. X.





