FAET: un festival de y por estudiantes de cine para la comunidad

POR IGNACIO ORTIZ

Mario Carrizo es un estudiante de cine en camino a recibirse de licenciado. Especializado en producción y sonido, ha trabajado en diversos proyectos cinematográficos como Qué perforado está mi valle, Alberdi en el Espejo, y también en otros medios como en Revista Crisis. Formó parte de equipos productivos de agrupaciones como el Centro de Estudiantes de la Escuela de Cine y de eventos culturales como La Limonada Cultural y el FAET (Festival de Audiovisual de Estudiantes de Tucumán), que está por celebrar su sexta edición.

¿Qué tipo de actividades se llevan a cabo en el FAET?

Se proyectan las producciones que realizan los estudiantes de las Escuelas de Cine, no sólo de Tucumán, se dan charlas sobre la industria y hay otras actividades. Es un evento cultural multidisciplinario, donde se cruzan tanto el teatro, la feria y otro tipo de prácticas. Sin embargo, a mí me parece que lo más importante es que se genera un lugar donde juntar a la comunidad para celebrar los logros. El cine en Tucumán gradualmente va mejorando en su calidad y en sus búsquedas y es muy importante visibilizar y festejar eso.

¿Cómo es esa comunidad?

La comunidad a la que hago referencia es la del mundo del cine que hay en Tucumán, más allá de sólo los estudiantes, que son los principales protagonistas del evento. También participan en el encuentro graduados de la escuela, profesores, y otro tipo de autoridades o entidades. Estoy pensando en, por ejemplo, los estudiantes de la carrera de teatro o los de comunicación. 

A mí esto me parece muy enriquecedor porque el cine se nutre de muchas otras carreras y rubros. Siempre en los rodajes hay gente que viene de otros campos. En el teatro es mucho más visible el cruce, debido a que el cine depende en gran medida de los actores que posiblemente vengan de esa carrera. Pero el cruce con la gente de comunicación también es importante debido a que hay parecidos con ellos. De alguna manera, la gente de cine también somos comunicadores, pero en otro lenguaje: no escribimos notas, pero la práctica del documental o la del filmmaking nos atraviesan a los dos y tenemos formas diferentes de aproximarnos. 

Pienso que este tipo de apertura puede generar un intercambio que desemboque en oportunidades de laburo, de producción, entre otros, como lo es, por ejemplo, las galas del Festival Gerardo Vallejo. Me parece que una función importante que tiene el FAET, en ese sentido es generar ese espacio de intercambio entre distintos campos laborales. Por ejemplo, Nico Nougués, que está bien posicionado en el campo de la publicidad creativa va a dar una charla abierta, que puede ser interesante para la gente de comunicación como para la de cine. Por otro lado, artistas como Ezequiel Martínez Marinaro, que se volvió reconocido por sus obras y sus talleres de actuación frente a cámara, también va a tener una actividad que invita a la gente de teatro. O Fernanda Obeid, que trabaja para Rasuk y va a dar una charla sobre gestión cultural de eventos. Lo que demuestra, además, que las posibilidades fuera de la escuela son amplias y desde el centro de estudiantes y la organización del FAET pensamos en la formación del estudiantado.

¿Se podría decir entonces que el FAET está supliendo algunas faltas del plan de estudios de la facultad?

Yo creo que suplir es una palabra grande. En realidad complementamos con otro tipo de actividades lo que, al menos por el momento, no dispone tanto de la facultad. Por ejemplo, dentro de la currícula hay una materia optativa de dirección de actores, lo que nosotros generamos es un segundo espacio alternativo que invita al estudiantado a complementar lo que sabe, o también a explorar a gente que no está en el ámbito. Y es una práctica que tenemos consensuada con la escuela.

¿Y qué otros espacios están cubriendo? ¿O qué hace falta en la carrera?

Lo primero y más importante es tener como materia a la dirección de arte. Justamente en el FAET tenemos un curso que da Guy de Chazal, que estudió otras materias, pero se dedica, de forma privada, a formarse en la dirección de arte. Me parece, además, que es importante porque el mundo laboral exige a los estudiantes de cine saber de todo un poco. Hay que ser realizadores más integrales, los famosos “filmmakers” que hacen fotografía, montan y hacen la postproducción de sonido. Yo que hice producción y sonido vivo, en realidad, del montaje, de hacer videos para empresas.

Volviendo a la producción. Contame un poco más sobre tu trabajo.

Yo ocupo específicamente el rol del productor ejecutivo. En principio, me encargo de las actividades que requieran conseguir la plata para la realización del festival, ahora bien, trabajo con la logística completa. Por ejemplo, con mi equipo, que consiste de otras tres personas: Sol Cruz, Melina Leguizamón y Martina Ibrahim, también nos encargamos de la logística del transporte de las cosas, como los tablones para las ferias. También que esté toda la comida y bebida, que es lo que vende el Centro de Estudiantes para seguir sus actividades.

Los trámites que hicimos desde la producción comenzaron a mediados de septiembre con mayor fuerza. Este año no trabajé en la Limonada Cultural, mientras que las otras chicas sí, por lo que yo estuve adelantando lo que podía hasta que me pareció el momento oportuno de encararlas a ellas. De ahí fue comenzar a buscar sponsors, presentar carpetas al equipo de dirección con fechas e ideas de cronogramas de actividades. Todo en términos hipotéticos. Incluido una actividad que, por primera vez en la historia del FAET, sucede en una segunda sede. A lo largo de los años el festival concentraba su cronograma en un sólo espacio, ya fuera la Escuela de Cine o el Museo de la UNT (MUNT). Ahora bien, por la clara lejanía que representa venir hasta el medio de Yerba Buena, fue que optamos también en hacer algunas cosas afuera, que es más propio de los festivales también.

Es importante recordar que gran parte de este trabajo es no remunerado, como las actividades del Centro de Estudiantes. Este año particularmente hubo mucha gestión por parte del grupo, ya que trabajaron en estos eventos, pero también en ayudas para los estudiantes, como lo son el boleto estudiantil. Pero lo del FAET me parece muy importante porque haberlo hecho otra vez, como los años anteriores, lo veo como una decisión política. 

¿En qué sentido es una decisión política?

Toda decisión que toma una agrupación como un centro de estudiantes es de carácter político, ya que nos movemos en relación a los intereses y en representación del estudiantado. 

Respecto al FAET, tranquilamente podría no haberse hecho este año y la realidad es que no afectaría en lo más mínimo el transcurso. Varias veces lo pensé, que este es mi último año, que ya participé tanto del festival como de la Limonada los años anteriores, desde hace cinco años que formo parte de los centros de estudiantes en la escuela entonces ¿para qué hacerlo? Pero decidimos hacerlo con todo el esfuerzo que implica, de gestión, de tiempo, de ganas, e incluso de trabajo, porque esto lo hacemos más por amor al arte porque nos parece muy importante darle ese espacio al estudiante. Que en Yerba Buena y en toda la provincia se entere de que estamos acá. En la escuela pasamos muchos años produciendo y me parece que la condición de la competitividad, aunque no sean premios millonarios, tienen como resultado el esfuerzo y la mejoría de las producciones. Eso ya de por sí es una razón para celebrar. Pero también me parece muy importante generar ese espacio para que las próximas generaciones vean el festival como un espacio para la productividad y la comunidad. Eso se debe también a que generamos equipos de trabajo que comprenden diversos años y las prácticas e ideas de cómo producirlo se pasan de una mano a la otra. Yo hago el festival para enseñarle a una siguiente generación cómo se hace, para que ellos lo tomen como guía o para que hagan otra cosa, pero vean que existe esa posibilidad.

¿Qué pensás del futuro del estudiante de cine?

Creo que el futuro de los estudiantes es un poco incierto debido a las políticas del gobierno respecto a la educación pública. Pero pensando en la formación audiovisual en Tucumán, creo que es algo que se está expandiendo ya que se están formando por fuera también de la facultad. Creo que el nuevo plan va a remediar algunos de estos problemas, pero sí es importante continuar la formación después ya que van a tener que ser completos y abarcativos en sus tareas, por el funcionamiento del mercado laboral. Creo que cualquiera si se pudiera dedicar solo a su especialidad lo haría, pero no es el caso, por ejemplo veo mucho futuro en la publicidad. También pienso que con un poco de suerte la ley de cine se puede ejecutar correctamente, así como también puede empezar a funcionar activamente el Film Commission.

Pienso que Tucumán puede ser un polo del audiovisual, donde se puede vivir de forma estable no sólo a través de la publicidad o de la edición de video, sino que también de hacer proyectos cinematográficos. Y eso depende de qué tanto los alumnos se sigan involucrando en espacios como el centro de estudiantes, Tucumán Audiovisual, que son los que empujan para generar espacios como CIAT (Cámara de la industria audiovisual de Tucumán)

Capaz es un deseo más que un futuro posible, pero sí creo que un estudiante formado, con un poco de suerte y con ciertas decisiones del gobierno, tendrá posibilidades de hacer sus proyectos cinematográficos.

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