Tierra Citrus: cine producido en la anomia

POR IGNACIO ORTIZ

Martín Falci es un productor y director cinematográfico recibido en la Escuela de Cine, Video y Televisión de la Universidad Nacional de Tucumán. Conocido principalmente por dirigir la trilogía de películas sobre el campamento del Gymnasium: Zeta (2017), La Hermandad (2019) y El Campamento (postproducción); así como por producir otros proyectos como Mi mundito con monstruos (2022) y el largometraje híbrido Tierra Citrus (2025).

Preproducción

Antes de llegar a las salas de cine tucumanas, Tierra Citrus era una idea de Ayelén Agüero, una artista visual que estaba por introducirse a la producción cinematográfica: “Ella había hecho su investigación antes, conocía Alpachiri y tenía unos familiares ahí”, explicó Martín Falci, productor de rodaje de la película. Él fue la conexión con el equipo técnico y productivo tucumano, a quien llegó mediante una recomendación. La directora tenía unos pocos ahorros para la realización, por lo que rápidamente comenzó la preproducción. “Yo no tengo preferencias por ningún género particular, pero teníamos dos concepciones distintas de lo que era un documental. Ella me había presentado un guión que para mí correspondía a una ficción”. La forma de entender el cine que tenían era diferente, en gran medida, por la educación que recibieron: Martín Falci había estudiado producción en la Escuela de Cine, mientras que Ayelén Agüero estudió artes visuales en Buenos Aires. Por lo que este desplazamiento fue también, en palabras del productor, una exploración, ya que iban a hacer una ficción a partir de personajes y locaciones que eran reales. “Como era experimental también fue que nos pareció bien hacer un rodaje de guerrilla. Propuse una forma de realización que hiciera posible producir la película, que implicaba que íbamos a tener que resolver cosas sobre la marcha”. Ese mes de preproducción fue importante para poder elegir los poco más de diez miembros del equipo técnico y productivo, entre tucumanos y amigos de Ayelén. Sin embargo, en gran medida esta etapa, el scouting, el casting, se realizó sin ella, ya que estaba viajando. Su presencia fue sólo mediante videollamada hasta que el encuentro entre ella y su equipo se dio en el primer día de rodaje. 

“En ese momento todos estábamos sin filmar. Entonces tomamos el trabajo con el objetivo de hacer algo y el cine guerrilla es lo que nos dio esa posibilidad, la de hacer una película sin tener muy en claro cuál va a ser el resultado”.

Una de las decisiones de preproducción que más tiempo tomó para Martín fue la elección y recomendación de técnicos que iban a componer el equipo. “En rodaje todo queda en segundo plano, las parejas, las familias, tus otros trabajos, ni hablar de un documental donde no volvés a tu casa a dormir, donde convivís con gente que quizás nunca más vas a ver y se alinean los planetas para que eso se pueda hacer”. Eran doce personas que no se conocían teniendo que convivir en un lugar desconocido durante diez días, de forma tal que tuvieron que tener “un baño de humildad para todas las partes. La soberbia queda en un segundo plano. Sí, tenés que tener determinación para dirigir o producir, pero lo que necesitás es que todos saquen lo mejor de sí. En ese sentido, personalmente, así sea un rodaje muy cortito, me tomo mucho tiempo para pensar cada rol, pienso en cómo se van a llevar con quien dirija, si va a haber feeling o no”.

Rodaje

Alpachiri es un pueblo que está a 18 kilómetros de Concepción y fue donde el equipo de producción se instaló durante 10 días. “Nos quedamos en la casa de una familia que nos albergó y armamos en otra nuestra base de producción donde había una persona que nos cocinaba. El resto lo fuimos inventando sobre la marcha”. 

Martín Falci explicó que su experiencia de realización de “Tierra Citrus” fue diferente a la de otros proyectos anteriores como “La Hermandad” porque era un grupo de trabajo distinto. “Yo siempre intento hacer películas con la misma comunidad que fui formando con los años. Tierra Citrus no era sólo una película entre amigos, estábamos haciéndole la película a un tercero”. Aunque la paga recibida fuera simbólica.

Con unos pocos ahorros que tenía la directora, se realizó un diseño de producción que, en palabras del productor, siempre tenía la intención de dividir para todos. “Debiéramos discutir más sobre el funcionamiento de los diseños de producción, pero, para mí, si no hay, no hay para nadie y todos trabajamos Ad Honorem. Y si hay poquito, hay un poquito para todos, pero eso tiene que ser claro y tenemos que estar de acuerdo.

Sostengo que así se hace un plan coherente, si quiero hacer una película y no tengo plata, bueno, arreglamos entre amigos o se hacen pagos simbólicos, pero si después te enterás que el productor puso plata en los equipos por ejemplo, se vuelve raro”.

Esto fue posible gracias a pensar una forma de producir la película donde el enfoque sea el equipo técnico, por encima de la historia o de la técnica: “Lucrecia Martel decía que un rodaje tiene que ser como un cumpleaños”. Que hay que encarar el rodaje con entusiasmo e integridad porque eso se refleja luego en el plano y que, como bien aprendió en la Escuela de Cine de Tucumán, una vez aprehendido que el cine es sufrimiento, resta disfrutar del espacio único que es la instancia de rodaje. 

El momento de filmación, no importa que tanta preproducción se haga, es un espacio donde impera el imprevisto, y más aún en el documental, y las tensiones de eso se ven en la película. En Tierra Citrus para mantener el equipo relajado y enfocado en estas condiciones de producción, fumar hierba se convirtió en un hábito indispensable. Entre planos compartieron en comunidad el armado para ir gestionando el humor y el bienestar de todos. “De esa forma distendíamos un poco las jornadas de rodaje. No porque fueran largas, sino porque a veces las condiciones, menos de estudio, lo ameritaban”. Por eso las jornadas eran de cuatro a seis horas por día, con descansos de varias horas; y si se filmaba de noche, se descansaba por la mañana, si salían de día, no se filmaba de noche.

Los problemas de la película se iban resolviendo día a día. “De hecho, hay escenas en Tierra Citrus donde había adolescentes en moto. Yo los había visto un día y le dije a la directora ‘¿Y estos actúan?’ Entonces me crucé y les ofrecí una paga para ir al rodaje una tarde con la moto”. De esa forma fueron incluyendosé los habitantes de Alpachiri dentro de la película: la gestión diaria de producción era esa, se contrataba a alguien que pasaba en la moto o en el auto.

“El rodaje de Tierra Citrus fue tan de guerrilla que era muy importante lo que comíamos y gestionar los descansos. Yo trataba de mimar al equipo si un día era muy agotador, por ejemplo, con un postre o con un vino relajante. Como el equipo casi no se conocía, cuando tuvimos un día libre a mitad del rodaje, les propuse, ‘Vamos todos al río’ y compartimos microdosis de hongos psilocibio con casi todo el equipo técnico. Yo soy muy atípico en algunas prácticas de producción: esto proponía un encuentro terapéutico que me pareció muy importante y estimulante para volver a conectar con la naturaleza y los unos con los otros”. 

Todo el equipo técnico fue al Río Chirimayo para bañarse en las aguas, se pusieron cómodos para sumergirse entre las corrientes y sintieron cómo estas los abrazaban. En ese momento, las cápsulas de fungi naturales se repartieron entre los compañeros. Se relajaron mientras sus respiraciones gradualmente se volvían más conscientes. Sintieron el oxígeno, la naturaleza, el agua recorrer sus cuerpos, hasta ir conectándose cada vez más con el espacio que los rodeaba. Ese día fue de una profunda paz y silencio. Muchos de ellos luego se entregaron a los abrazos. Estaban listos para la mitad que restaba de película. 

“Esa conexión del equipo luego se siente en el plano. Al igual que los problemas del rodaje también. Por eso priorizo el encuentro, la comunidad, la contención y el bienestar en mis equipos. Es místico y romántico, filmar es un acto de fe que yo creo”, afirmó el productor.

Postproducción y distribución

Cuando llegaron a la mesa de montaje, se dieron con la necesidad de buscar por fuera del equipo establecido que viajó al sur de Tucumán. Julia Straface y Verónica de Cata fueron las seleccionadas para ese trabajo, quienes profundizaron en los rasgos documentales que auscultaban en el interior del relato. “Se sumó material de la investigación de Ayelén, material de los scouting que había hecho previamente, también las entrevistas que hizo a algunos limoneros y cosecheros del pueblo”.

El rodaje se había realizado en 2022 y tomó hasta fines del 2025 estrenar la película y recién 2026 para llegar a Tucumán en el Espacio INCAA los 27, 28 y 29 de agosto. En ese momento, quien se encargó de la proyección fue un estudiante de cine, como lo fue Martín Falci en su momento, Leopoldo Núñez. “Yo me encargo de que los equipos estén en condiciones, de que si hay algún problema avisar con tiempo para que se arregle. Por ejemplo los equipos de sonido, las computadoras, el proyector, me fijo que la pantalla esté en condiciones, limpio la sala, me encargo de generar el ambiente de cine. Como las películas de los jueves, viernes y sábado son pagas, es para que valga el dinero invertido”, explicó el proyeccionista.

Tierra Citrus ya había tenido su estreno dos semanas antes en el Cine Gaumont de Buenos Aires, pero como era una película filmada en Tucumán, se le dio un espacio especial en la selección del espacio INCAA de nuestra provincia. Una sala con un funcionamiento que dista de las salas comerciales como el cine Atlas o Cinemacenter: “En esta sala no hay venta de comida porque no lo necesita como otras salas, así como tampoco tiene un equipo de limpieza. La idea es que haya una experiencia sin distracciones para vincularse con la película”. Esto se relaciona también, según Leopoldo, con que son películas más difíciles de encontrar, entonces quien mira la película está muy interesado en ella. “Esto, además, le da visibilidad a películas locales, porque, pese a que hay una ley del cine que insta a las salas comerciales a pasar cine tucumano, no se proyectan”. Explicó un trabajador del rubro del cine junto a la aclaración de que junto a dicha ley de proyección está, por supuesto, una de producción, que tampoco se respeta.

Aún así, Tierra Citrus logró realizarse y estrenarse, pese a la escasez, gracias al trabajo colectivo y los sacrificios: “Muchos tuvimos que sacrificar dos semanas para hacer la película: algunos hemos pedido vacaciones, otros hemos tenido que pedir permiso en el trabajo, otros rechazarlos”. Es encomiable que pese a la falta de apoyo económico por parte de ningún ente, ya sea público como privado, la película se hizo de todas formas. Llenando la sala Hynes O’Connor los tres días que se proyectó.

Tierra Citrus fue la primera película tucumana que proyectó Leopoldo en el Espacio INCAA, siendo este uno de los primeros pasos para su distribución. Es un ejemplo de cómo se saca una producción hacia adelante pese a las dificultades, pero, a su vez, un retrato de cuáles son los obstáculos a sortear generados por la anomia y el desinterés.

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