El arte de evocar la vida: entrevista a Valerio Carrillo

POR IGNACIO ORTÍZ

Valerio es un artista que toca la batería en bandas de rock en Tucumán: Laruth, Niñofuego, Lasoul, entre otras. Dedica su vida a esos proyectos musicales y a uno muy personal. A medida que crece y se va profesionalizando la producción musical en Tucumán, la multiplicidad de voces van apareciendo. Con distintas idiosincrasias, pasados y formas de vincularse con el arte, la “movida” cultural en la provincia va consiguiendo terreno. Valerio Carrillo es el baterista de algunas bandas reconocidas en estos pagos, entre ellas, Laruth. Con Nuevo Trópico conversa sobre su trayectoria vital y musical para explicar su presente, sus vínculos y una profunda reflexión sobre el arte, donde habita un fantasma, su padre.

¿Cuándo comenzaste con la música?

Empecé cuando Papá me regaló mi primer tambor, a los cuatro años. Él era percusionista y tocaba en una murga, entonces era la tradición de la casa. Si mi memoria no me falla era de un verde intenso y creo que fue a propósito, porque él tenía uno igual mucho más grande.

El surdo de Papá tenía una laca con brillo y recuerdo vívidamente un sticker que por momentos me daba miedo: una boca gritando “30,000 desaparecidos presentes ahora y siempre”, abajo “Nunca más” H.I.J.O.S. por la justicia, contra el olvido y el silencio. Me aterraba porque no era un grito de alegría y tenía unos ojos que no podía dejar de mirar.

Papá fue la primera persona en la familia en seguir una carrera de músico de forma seria.

¿De qué trabajaba?

Papá, además de haber trabajado profesionalmente como actor de teatro y como músico independiente, era empleado de la Caja Popular de Ahorros. En algún momento en Caja Central. Después en Simoca, después en Graneros, después en Monteros. Honestamente no comprendo bien cuál era el funcionamiento de la organización, pero sí me acuerdo un par de cosas graciosas. Algunas veces me pidió ayuda para entender algunos textos porque no estaba pudiendo leer. En ese momento pensamos que era un burnout o algo psiquiátrico. Me tocó ver mails internos de la organización que recibía Papá y me sorprendía mucho la carencia que tenía la redacción.

¿Dónde tocaba tu papá?

Papá tocó en dos bandas hasta donde sé, pero entiendo que estuvo en otras. Me da un poco de pudor acercarme a gente y decirle, “Extraño a mi viejo, ¿me podés mandar fotos?”. Yo no respondería ese mensaje y ojalá que nunca me pase tener que mandarle fotos de alguno de mis amigos a alguno de sus hijos. 

Papá tocó primero en una banda que se llamaba “Los guayaberos”, su movida era bastante popular. Eso les ha permitido a él y a sus compañeros de proyecto disfrutar del oficio de figura pública. No eran solo artistas en el escenario, sino que lo combinaban con la vida social, cargando todo su ethos y su filosofía en la vida social.

Es una buena discusión, ¿no? La diferencia entre músico y artista.

Lo hablé mucho con mis amigos, entre ellos, Isaac Nieva. Yo le había hecho el chiste de que “el bajo no se escucha” porque él lo toca y me dice, “Pasa que yo no pienso como bajista, yo pienso como músico”. Yo me percibo más como baterista o como personaje que como persona y a veces es difícil trazar un límite entre qué parte de mí es performativa respecto a qué parte es real. No me gusta alardear, pero mi vida es bastante parecida a “Una serie de eventos desafortunados”. No soy afortunado en muchos aspectos, pero sí lo soy en varios otros. Por eso estoy muy agradecido por los vínculos artísticos que generé, no sólo porque Ruth aceptó tocar en mi cumpleaños y no mandarme a la mierda, sino porque formo parte de proyectos con gente cuyos talentos parecen excederles. No sólo ella, sino también Niñofuego, con los que siento mucha química.

También con los chicos de Lasoul, Bruno Vita, Jorge Carrizo y Alan Fernández. Con ellos siempre hemos mantenido esta formación aunque cambiaran los nombres de las bandas. Con ellos habíamos pasado por varios laburos juntos, tocando o grabando. Teníamos la idea en su momento de tocar en un crucero. Jorge es mi guitarrista de cabecera. Somos tan amigos que un tiempo vivimos juntos.

¿Cuándo comenzaste con la música? 

Desde que era chiquito mis cumpleaños se han caracterizado por tener música en vivo porque era la marca de la casa. Esto también pasó en mis cumpleaños cuando estaba viviendo con Jorge. Si bien venía gente que no me conocía, eventualmente todo terminaba decantando hacia ese lugar, a que en algún punto íbamos a terminar tocando ya fuera nosotros o alguna variación del grupo.

En el ámbito de la producción local de música entré a los dieciséis años al circuito de bandas. Pero a los ocho años ya tocaba en la murga con Papá, a la que me metí de curioso a tocar mi tambor con gente más profesional.

Más adelante, también con mi papá, entré a la banda “Skaraway”. Entré a la banda en 2010 cuando ellos estaban buscando un baterista. Cuando Papá entró me dijo que querían probar conmigo también. Con el grupo viajamos bastante, estuvimos tres semanas en México y me acuerdo que para difundir el show, teníamos entrevistas en la radio local. Es una banda de larga trayectoria, yo entré en 2013 pero ellos tocaban desde el 2004. Además, lo que me gusta mucho de ellos es que tienen coherencia las cosas que profesan con su forma de actuar. Hace poco dejé la banda por algunos problemas personales que estuve atravesando.

¿Y has tenido otra experiencia de tocar con tu papá?

Nosotros en vez de jugar a tirar la pelota, como los yankees o a los pases, salíamos a improvisar con los tambores en el patio. Tocar libremente es algo que me enseñó Papá. No hemos hablado mucho de técnica porque cada quien tenía su búsqueda. La suya siempre ha sido muchísimo más centrada en la expresión cruda del instrumentista y en el sonido, sin importar realmente el método para alcanzarlo. En cambio, para mí la música ha sido siempre una cosa de “No puede ser lo que hace, yo quiero hacer lo mismo”. Quería alcanzar proezas técnicas de otros, pero me frustré rapidísimo porque no lo estaba haciendo con ningún tipo de guía. Yo cuando le decía a Papá “Che quiero una doble masa porque quiero tocar como tal”. Me respondía “Escuchá esto” y ponía el Trío de Quintino Cinalli o Goran Bregovic. Eran cosas que no tenían nada que ver con lo que buscaba, pero que tenían percusiones zarpadas o que estaban en métricas irregulares y eran folclóricas. Cosas que por estar del lado más técnico del instrumento no veía. 

Cuando era chico tuve buenos profesores y no los bancaba, luego me arrepentí porque me hubiera gustado aprovechar sus enseñanzas, pero como me salían fácil no les di importancia. Mi aprendizaje estaba en las charlas con Papá. Por ejemplo, yo le decía, “Mirá, este chavón,Virgil Donati, toca las piezas de Dream Theater, con una mano atada a la espalda”. Pero él me respondía “No siento absolutamente nada, me parece muchísimo volumen de información, no cualquiera puede conectar con eso”, que es la visión de Papá de cómo es el arte: acción social directa.

Mi apreciación primigenia de la música fue la cumbre de la capacidad humana en la ejecución del instrumento. Después me terminé juntando con gente que le gustaba más la técnica lo que bifurcó en que me termine gustando algo más que la destreza. Ahora me interesan los subgéneros musicales más extremos, el noise, el industrial, subgéneros del techno. Cosas que yo describo como “arte sonoro no musical”.

Pienso que estoy haciendo una síntesis entre cosas simples pero bellas y cosas bellas por su magnitud, un equilibrio que pienso que los artistas buscamos. La respuesta a ese dilema, a esa diferencia con Papá fue empezar a pensar la técnica como una manera de expresarse. Como cuando era más chico y me pasaba horas tocando en el patio de mi casa, hasta que venían los vecinos enojados. Era una época donde tampoco dimensionaba, por ejemplo, la situación económica familiar: mis prioridades estaban en el platillo y no en las cosas que mi casa necesitaba.

¿Cómo fue este proceso?

Mi manera de escuchar fue cambiando cuando se calló la voz que me decía: “Esto no es música, es porquería, es basura, nacimos en la década equivocada”. Ahí pude recordar la alegría con la que escuchaba Buena Vista Social Club o “Siembra” de Willie Colón y Rubén Blades o cualquier disco de Héctor Lavoe, que era lo que escuchaba Papá: música latinoamericana que me hizo pensar que el hecho de que algunos géneros estén asociados con la marginalidad no significa que sea mala música, sino que nosotros lo tiramos por una cuestión política ideológica. Entonces comencé a pensar, “¿Cómo se tocan estos géneros populares? ¿Qué técnica secreta tiene esta manera de expresarse?” 

Cada género tiene un lenguaje dentro del sistema de la música con su propio registro. Escuchar algo que me parecía de baja categoría (como si yo fuera conde de algún lado) me ha ayudado a pensar que hay muchas maneras de expandir la técnica que no tenían que ver con explotar las capacidades humanas. En otras partes del mundo  hay maneras de tocar que no obedecen al sistema o a la notación musical occidental que conocemos. Llegué a la conclusión de que no hay música buena ni mala.

¿Y en este proceso te han ayudado los músicos con los que tocaste?

La mayoría de los músicos con los que he compartido me han hecho crecer en más de una manera y espero que hayan sentido que han crecido junto a mí. Pienso que junto a Jorge Carrizo hemos encontrado nuestras influencias y afinado nuestro criterio para tocar. Ya de otros como Bruno Solito, Daniel Agüero, Bruno Vita o Alan Fernández aprendí la parte más académica de la música. 

Patricio García me ha enseñado mucho sobre ser artista y ser músico. Él, además de cineasta, es alguien muy performático, siempre parece el protagonista de una película que se está filmando en secreto.

Y en esto de ser artista, músico, tocar ¿dónde te encontrás?

Pienso que hay artistas que son integrales, que exploran más de una disciplina, y que hay artistas que terminan por seguir alguna disciplina particular. Pienso en, por ejemplo, Genesis P. Orridge, de Throbbing Gristle, que ha pasado de hacer performance vocal y cantar una banda industrial, a participar en un proyecto artístico biológico llamado pandroginia, en el que se ha sometido con su pareja a una serie de intervenciones quirúrgicas para ser idénticas. Luego existe Bob fucking Dylan. Cada quien cumple su rol y hay gente que pueda trascender esos roles y encontrarse en un momento en otra parte del espectro. 

Pienso en gente como GG Allin. Un chavón que se cortaba la frente con una navaja, se cagaba, le tiraba las heces a su público y se peleaba a las piñas con ellos.  Él fue un referente en algún momento de la contracultura y del anti status quo, pero en realidad no tenía ningún mensaje profundo. Me encanta la gente que abraza el hecho de que el arte no tiene ningún tipo de utilidad sino que sirve para evocar esta extraña experiencia que es la vida. Entonces, pienso que solamente tenía ganas de cagarse en todo el mundo.

Algunos terminan canalizando su demencia en arte o terminan dejándose consumir, al punto pegarle un tiro a un tranza, terminar encerrado en psiquiátrico, después salir y ser el artista que más gira porque “soy el fucking Pity”.

Él ha decidido que es el suceso artístico, él es la obra como Charly. Él decía “¿Cuál es el show? Acá estoy, man”. Él es el boxet y el disco entero, todos los discos completos. Pienso que está bien estar tan predispuesto a fundirse con el arte como para terminar usando el propio cuerpo como herramienta para eso.

Hace poco se celebró tu cumpleaños con un show.

Mis amigos me hicieron sentir muy afortunado, principalmente gracias a los chicos de La Gesta y por Laruth, sobre todo porque era mi cumpleaños y yo estaba pidiéndole que toque de onda. Me sorprendió que me haya dicho que sí después de que yo en su cumpleaños me haya tirado de panza sobre el bombo del batero de Niñofuego mientras tocaban.

Yo había terminado de trabajar y con mis compañeros nos fuimos a jugar a la pelota. El plan era luego ir a mi casa, darme una ducha, cambiarme, agarrar mis cosas e ir al show. 

Al principio nos preocupaba porque el otro equipo se veía desafiante, pero ganamos y metí cuatro goles. Antes de sentarnos en la mesa a celebrar, ya estábamos tomando Fernet y nos habíamos enfiestado.

Cuando llegué al cumpleaños de Ruth yo pensaba “Ustedes no entienden lo que acaba de pasar en mi carrera deportiva. Esta es mi copa Libertadores. Let me have this”, pero, mientras esperaba a que tocáramos, todo se empezó a poner borroso. 

En ese período, buscaba hacerme daño y hacía catarsis al exponerme en un estado vulnerable. Hice un show porque no estaba bien y no sabía cómo comunicarlo. Al día siguiente sentí una culpa tremenda. Me pregunté “¿Por qué? ¿Con qué necesidad?” Cada uno tiene sus tragedias personales y a veces eso toma control de uno, o por lo menos de mí. Honestamente, I’m working on it para ser mejor. Esta es mi entrevista ideal porque me da un espacio para pedir disculpas públicas por ser como soy y para agradecer a todos los que me quieren. 

Mi cumpleaños fue una experiencia hermosa y he visto una cosa preciosa. Estaba tocando la banda “Distorsionados” que yo no conocía personalmente. Son más chicos que yo, pero son muy profesionales y en un momento vi que a uno lo estaba cuidando la mamá afuera. Le preguntaba “¿Cómo te sentís? ¿Necesitás algo? ¿Querés que me quede?” Era una cosa que me había pasado a mí, pero porque mis papás eran del ámbito. Antes era inusual pensar que existía la posibilidad de que unos padres que no son del palo y I might be a little bit racist here, le harían el aguante al hijo, pero ahí estaban. Acto seguido, el pibe se sube y la rompe, tocó cuatro temas originales, cuatro covers de Los Redondos, uno mejor que el otro. Creo que a muchos amigos les hubiera gustado tener padres así.

¿Y cómo se relaciona esto con tu arte?

Mi compromiso es con el concepto “Valerio”. Hoy tuve mucho trabajo, llegué a mi casa y me puse a barrer para poner un termotanque. Bueno, fuck that shit, estoy dispuesto a ir hasta las últimas consecuencias para mantener la obra que soy. La gente que me conoce lo entiende y está muy bien planteada la relación que hay entre esos episodios con el hecho de que a veces no puedo discernir cuándo la obra es nociva para mí y para los que me quieren y cuándo no. Todas las series tienen un episodio triste y el verano sólo es bello cuando uno sabe que viene el invierno. Sé que la gente con la que me rodeo tiene una sensibilidad especial y ha sabido perdonar este tipo de cosas aunque tengo una edad considerable y muchísimos privilegios como para elegir estar tan vulnerable y no hacerme cargo de mi salud mental. Mi trabajo es para solventar ese problema, así poder trabajar en los proyectos musicales donde participo, aparte de poder realizar el mío. 

Un amigo me preguntó  “¿Cómo se llama eso que querés grabar?” Y le respondí que “Valerio”, porque no hay para mí una diferencia real entre lo que pasa en el escenario y la vida real. No quiere decir que yo esté constantemente ejecutando un personaje más que cualquier otra persona, lo que trato de hacer es mantenerme abierto a vivir la realidad desde una sensibilidad artística. Tomarme las cosas las cosas que suceden y la intrascendencia de uno mismo con la posibilidad de lo fantástico, lo supersticioso y lo impredecible. Pienso que todas las cosas por las que pasé van a resultar en lo que yo voy a considerar una obra de vida bien vivida. Darle un sentido poético o artístico a las cosas que pasan en la vida la vuelven más fácil de sobrellevar. Hago arte para que me ayude a operar en la falta de causalidad real en las cosas. Pienso que percibir y construir una narrativa de la realidad es la primera obra de arte.

De alguna manera también te hace resistir al exceso de lo racional.

Uno siempre siempre busca la explicación precisa de las cosas, pero en algún momento hace falta un escape, un lugar más seguro para las cosas con las que uno no puede lidiar en una primera instancia. El pensamiento artístico también ayuda a darle perspectiva a las cosas, porque explican el pasaje de una cosa a la otra, no es todo pasajero, en definitiva, la obra continúa.

¿Cuándo empezaste a hacer esto?

Comenzó desde muy pequeño con situaciones que alimentaron mi manera de imaginar escenarios ficticios para asimilar los hechos que estaba experimentando en la vida diaria. La imaginación de niño me ha ayudado a lidiar con las situaciones duras de la infancia, como la separación de mis viejos o el ambiente estresante en la casa. Para sobrellevarlo fue muy importante imaginar cosas. Por ejemplo, yo tenía dibujos donde ciertas formas corresponden a una actitud agresiva de los personajes y otras partes tranquilas. Creo que se debe a que fui expuesto al arte y que me explicaron que si sentía algo, podía pintarlo. 

Luego eso devino en la elección consciente, por ejemplo, de tomarme esta serie de eventos que he protagonizado como parte de la evolución de un personaje. Mi bebé se trata de eso: momentos de mi vida que decanté en expresión musical, composiciones que surgieron desde que tengo quince años. Pienso que todas las cosas las voy a poder hacer arte en algún momento, que valen la pena por su potencial artístico.

Rechacé trabajos porque mi búsqueda es que la música que haga sea auténtico. No me importa que paguen doscientos millones de pesos por mes para tocar en una banda. Fuck that. Porque sé que el show business y la industria del entretenimiento no tienen nada que ver con el arte. Un amigo se me acercó y me dijo “Miralo a este, está laburando.” Yo le respondí:, “Sí, man, buenísimo que esté laburando ahí”. A mí también me ofrecieron ese laburo pero yo lo rechacé porque cuando me llamaron a la entrevista me dijeron “Lo primero que tenés que hacer es cortarte el pelo y bajar de peso y ahí te voy a llamar para que toques la batería” y le dije, “Chupame de la punta del pingo hasta el culo”. Y no sé cómo explicarle a mis amigos que pienso que eso no tiene nada que ver con el arte. El músico o artista de oficio es muy diferente al verdadero artista que uno lleva dentro. Siento que hay poca voluntad de conectar con el artista que uno lleva dentro y muchísimas ganas de pertenecer al circuito del entretenimiento. Está perfecto querer pertenecer, pero el éxito de un artista no se mide por su repercusión económica o por su alcance.

* La imagen que acompaña esta entrevista pertenece a Fiorella Estefanía

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